La Ålesund kirke es la iglesia parroquial luterana de la ciudad: una langkirke de tres naves construida en piedra según proyecto del arquitecto Sverre Knudsen y consagrada el 15 de septiembre de 1909. Sustituyó al primer templo de Ålesund, levantado en 1853-1854 y consagrado el 25 de enero de 1855, que desapareció en el gran incendio del 23 de enero de 1904 junto con casi todo lo demás. Knudsen ganó el concurso convocado tras la catástrofe con un proyecto presentado bajo el lema latino Ave Maria, y la primera piedra la colocó el 13 de julio de 1906 el recién coronado rey Haakon VII.
El edificio se levantó en fábrica de piedra —la llamada ålesundsmur— y se revistió por fuera con unos 2.000 metros cuadrados de mármol blanco, amarillo y rojo de las canteras de Eide, en Nordmøre: la misma piedra regional con la que la ciudad se rehízo a prueba de incendios. Y ahí está la trampa que sorprende a casi todos: los historiadores de la arquitectura no lo clasifican como Jugendstil, sino como una obra del romanticismo de piedra natural, de raíz neorrománica y neonormanda e inspiración alemana. El modernismo que el visitante espera no está en los muros; está guardado dentro, en el color de los frescos y las vidrieras.
Qué ver
- Revestimiento de mármol — Unos 2.000 m² de piedra blanca, amarilla y roja de las canteras de Eide, en Nordmøre
- Frescos de Enevold Thømt — Paredes y bóveda del coro pintadas entre 1918 y 1928, entre el Art Nouveau y el Arts and Crafts
- Vidriera de la Crucifixión — Colocada por Thømt en 1920 sobre el altar mayor
- Regalo de Guillermo II — Los ventanales sobre la entrada, con San Olav entre el escudo de Ålesund y el del emperador
- Órgano de 1945 — Uno de los mayores de Noruega, construido por la fábrica J. H. Jørgensen
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Quien llega a la Iglesia de Ålesund después de recorrer las calles Jugendstil del centro suele detenerse con cara de extrañeza. Nada de líneas onduladas ni flores de hierro: lo que se alza aquí es una masa seria de piedra clara revestida de mármol, con una torre plantada a un lado en vez de en el centro y una cúpula de perfil quebrado rematada en cobre. La arquitectura de la Iglesia de Ålesund pertenece al romanticismo de piedra natural, de raíz neorrománica y aire alemán, y es deliberadamente pesada. La ciudad que acababa de arder no quería volver a arder.
La historia secreta de la Iglesia de Ålesund es, precisamente, esa distancia entre el envoltorio y el contenido. Consagrada el 15 de septiembre de 1909 con unas 800 plazas —808 según el registro parroquial—, es uno de los grandes templos de Sunnmøre, y su decoración interior se fue desplegando durante casi medio siglo: frescos entre 1918 y 1928, vidrieras en 1920, en 1946 y en los años cincuenta, un órgano nuevo en 1945. Saber qué ver en la Iglesia de Ålesund consiste en cruzar el umbral y recorrer el templo de este a oeste, del coro a la galería del órgano, que es exactamente el orden en que la audioguía de EarGuide lo va abriendo.
La iglesia que resurgió de las cenizas
Ålesund kirke
La primera parada se toma desde fuera, frente a la torre. El visitante encuentra un edificio que se resiste a encajar con la ciudad que lo rodea: fábrica de piedra local revestida con unos 2.000 metros cuadrados de mármol blanco, amarillo y rojo traído de las canteras de Eide, en Nordmøre, y una techumbre de cobre en bruto, el llamado råkopp, que con los años ha ido virando de color. La torre no ocupa el eje sino un costado, y su cúpula amansardada de perfil quebrado remata un conjunto de planta longitudinal, una langkirke de tres naves.
Bajo esa piedra hay una historia de sustitución. En este mismo lugar se alzó la primera iglesia de la ciudad, levantada en 1853-1854 y consagrada el 25 de enero de 1855; la madrugada del 23 de enero de 1904 el gran incendio se la llevó por delante. La respuesta fue un concurso de arquitectura que ganó un joven Sverre Knudsen con un proyecto titulado en latín Ave Maria, uno de sus primeros grandes encargos como profesional independiente. El rey Haakon VII, primer monarca de la Noruega moderna y recién coronado, colocó la primera piedra el 13 de julio de 1906.
Conviene saberlo antes de entrar: aunque las guías presentan a menudo este templo como una joya modernista, los historiadores de la arquitectura lo sitúan en otra familia, la del romanticismo pétreo de inspiración alemana y neonormanda. El Jugendstil de esta iglesia existe, pero está escondido. Dónde exactamente, y por qué la ciudad eligió esconderlo ahí, es lo que la narración plantea justo antes de subir los escalones.
El coro pintado: del paraíso perdido al recobrado
Presbiterio
La segunda parada sitúa al visitante ante el coro, junto al altar, y el contraste con la fachada es inmediato. Las paredes y la bóveda del presbiterio están cubiertas por los frescos que el pintor Enevold Thømt (1878-1958) fue ejecutando entre 1918 y 1928, después de terminar en 1918 el friso minuciosamente detallado del arco del coro. El estilo cruza el Art Nouveau con el Arts and Crafts, y el conjunto se considera una de las obras mayores de su autor.
Leídos en orden, los motivos no son una decoración suelta sino un relato. Aparecen la expulsión del paraíso, escenas de la vida de Cristo —el nacimiento, la crucifixión, la ascensión— y, al final del recorrido, el paraíso celestial. El presbiterio entero pinta el arco completo de la caída y la redención: del paraíso perdido al paraíso recobrado.
Para una comunidad que había visto arder su ciudad entera en una sola noche de invierno, ese programa deja de ser teología abstracta. Ceniza y renacimiento, pérdida y reconstrucción, están pintados sobre el altar de la parroquia que el fuego obligó a levantar de nuevo. Hasta dónde llega esa coincidencia y en qué medida fue buscada es una de las lecturas que la audioguía propone frente a la bóveda.
La luz de colores sobre el mármol
Nave
La tercera parada se toma en la nave, bajo los altos ventanales. Aquí el material dominante vuelve a ser la piedra clara, pero la luz que la baña llega filtrada y coloreada, y el efecto cambia por completo según la hora y el cielo del Atlántico. El foco del extremo oriental lo marca la vidriera de la Crucifixión que Thømt colocó en 1920 sobre el altar mayor: el punto de color más intenso del templo.
Las grandes vidrieras de la nave llegaron mucho más tarde y con una historia de paciencia detrás. Thømt empezó a trabajar en ellas en 1938 y no se instalaron hasta 1946, con una guerra mundial de por medio. En los años cincuenta el artista Oddvar Straume aportó nuevas vidrieras, completando un programa decorativo que se fue desplegando a lo largo de casi medio siglo desde la consagración de 1909.
Esa cronología explica bastante bien el carácter del interior. La iglesia no se terminó de una vez: se fue llenando de color por capas, a medida que la ciudad reconstruida podía permitírselo. Qué se instaló primero, qué se dejó para después y qué revela ese orden sobre las prioridades de la parroquia es material que la narración despliega mientras la luz recorre el mármol.
El águila del káiser sobre la entrada
Galería del órgano
La última parada mira hacia el oeste, a la galería del órgano y a los ventanales sobre la puerta principal. Con motivo de la consagración de 1909, el emperador alemán Guillermo II —el mismo que había enviado cuatro buques de ayuda tras el incendio— regaló esas vidrieras, que representan a San Olav flanqueado por el escudo de la ciudad de Ålesund y por el escudo del propio donante. Un águila imperial alemana compartiendo ventana con el santo patrón de Noruega es una imagen que resume medio siglo de relaciones entre esta costa y el Báltico.
Debajo domina el órgano. El instrumento actual, mucho mayor que el anterior y uno de los mayores de Noruega, lo construyó la fábrica J. H. Jørgensen y se instaló en 1945 en la galería sobre la entrada principal. Con sus 800 plazas, la nave sigue llenándose para los oficios y para los conciertos de órgano, y el visitante que acierta con el horario puede escuchar cómo suena de verdad este cajón de piedra y mármol.
Ese es el detalle que cierra el recorrido: la Ålesund kirke no es una pieza de museo. Desde 1909, la ciudad que lo perdió todo ha bautizado, casado y despedido a los suyos bajo esta bóveda, bajo los frescos de Thømt y la luz de sus vidrieras. Cómo suena el conjunto —piedra, color y órgano a la vez— es lo que la audioguía de EarGuide deja para el final, ya frente a la galería.