El Sunnmøre Museum se fundó en 1931 en Borgundgavlen, a las afueras de Ålesund, por iniciativa de la asociación juvenil Sunnmøre frilynde Ungdomssamlag, con Rasmus Buset y Anders Vassbotn entre sus impulsores. No lo levantó ningún noble ni ningún ministerio: nació del empeño de gente joven que quiso salvar una forma de vida que se les escapaba entre los dedos. Hoy reúne más de cincuenta casas antiguas trasladadas hasta aquí —unas 55 hacia 2009—, desde granjas y molinos hasta casetas de barcos y cabañas de pesca, repartidas por un recinto de unas 120 hectáreas.
Lo que convierte este museo en algo más que un poblado reconstruido es el suelo que pisa. El recinto se levanta sobre Borgundkaupangen, un mercado medieval cuyo poblamiento se remonta a la primera mitad del siglo XI y que en el siglo XIII era la mayor población de la costa noruega entre Trondheim y Bergen. Las excavaciones iniciadas en los años cincuenta han sacado a la luz unos 45.000 objetos, uno de los mayores conjuntos arqueológicos medievales de Noruega. Ålesund no empezó con el incendio de 1904: empezó aquí, y aquí se apagó una vez.
Qué ver
- Más de cincuenta casas — Granjas, molinos, cabañas de pesca y casetas de barcos remontadas sobre 120 hectáreas
- El único sunnmørsåttring original — Pieza mayor de una colección de más de cuarenta botes tradicionales
- Réplicas de Fjørtoft y Kvalsund — Barcos de la Edad del Hierro y de la era vikinga reconstruidos a tamaño real
- Borgundkaupangen — El mercado medieval enterrado del que han salido unos 45.000 objetos
- MK Heland — El pesquero de 1937 que cruzó el mar del Norte en el 'Shetland bus'
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Ålesund se presenta al mundo como una ciudad de 1904, nacida entera de un incendio. El Museo de Sunnmøre, a las afueras, le lleva la contraria en cuanto se pone un pie dentro. Aquí hay paredes de troncos ennegrecidos, tejados de césped vivo y umbrales tan bajos que obligan a agachar la cabeza; y debajo, literalmente debajo, los restos de Borgundkaupangen, un emporio comercial medieval que fue una de las pocas ciudades de la Noruega de su tiempo. La historia secreta del Museo de Sunnmøre es esa doble planta: un pueblo traído de fuera montado sobre una ciudad que desapareció.
El museo se fundó en 1931 y ha ido acumulando capas: más de cincuenta casas remontadas, más de cuarenta botes tradicionales, un museo medieval sobre la excavación y una flota de barcos amarrada al fiordo. Entender qué ver en el Museo de Sunnmøre exige recorrerlo en orden, del poblado a la sala de barcos, de la hierba excavada a la iglesia de piedra y finalmente al muelle, que es el itinerario de cinco paradas que acompaña la audioguía de EarGuide.
Un pueblo de Sunnmøre montado otra vez
Sunnmøre Museum
La primera parada se toma entre las casas de tejado de turba, y lo primero que sorprende es que ninguna nació en este sitio. Son más de cincuenta construcciones antiguas —unas 55 hacia 2009— traídas pieza a pieza desde granjas, pesquerías y aldeas de toda la comarca y vueltas a montar sobre esta ladera junto al fiordo, en un recinto de unas 120 hectáreas. Hay granjas, molinos, casetas de barcos y cabañas de pesca, y el conjunto documenta las tradiciones constructivas y la vida de Sunnmøre desde la Edad Media hasta comienzos del siglo XX.
El origen del museo explica su carácter. Se fundó en 1931 en Borgundgavlen por iniciativa de la asociación juvenil Sunnmøre frilynde Ungdomssamlag, con Rasmus Buset y Anders Vassbotn entre sus promotores: no fue un proyecto de Estado sino de jóvenes de la comarca decididos a conservar lo que estaba desapareciendo. Por eso lo que se recorre no es una fila de monumentos, sino un pueblo de trabajo, con su establo, su molino y la caseta donde dormía el bote.
Queda flotando una pregunta que tira del resto de la visita: por qué montar aquí, precisamente aquí, un pueblo entero traído de fuera. El terreno elegido no fue casual, y la respuesta —que no está a la vista— es la que la narración empieza a desplegar al bajar hacia el edificio grande.
El último åttring y los barcos vikingos
Båthallen, Sunnmøre Museum
La segunda parada entra en la sala de barcos, donde el olor a alquitrán y madera vieja llega antes que las piezas. La colección supera los cuarenta ejemplares, en su mayoría botes de trabajo tradicionales de los tipos sunnmørsbåt y møringsbåt, y su joya es el único sunnmørsåttring original que se conserva: un bote de ocho remos propio de la región, el modelo con el que se salía a faenar a un mar que no perdonaba errores.
Junto a ellos se exhiben réplicas a tamaño real de embarcaciones de la Edad del Hierro y de la era vikinga, reconstruidas a partir de hallazgos de la propia comarca, como los barcos de Fjørtoft y de Kvalsund. El de Kvalsund tiene una historia especialmente inquietante: aquel remero de unos 18 metros apareció en 1920 hundido en una turbera de Herøy, cerca de Ålesund, fechado por dendrocronología hacia el 780-800 d.C., justo en el umbral de la era vikinga, y se considera un eslabón entre los barcos previkingos y los grandes navíos de vela posteriores.
El detalle que lo cambia todo es cómo apareció: desmontado a propósito y sin restos humanos, lo que apunta a que fue arrojado al agua como ofrenda. Una embarcación deliberadamente rota y entregada a una ciénaga deja de ser una maqueta para convertirse en la sombra de un rito, y qué se sabe y qué se supone de aquel gesto es material que la audioguía despliega bajo los cascos suspendidos.
Bajo tus pies, una ciudad medieval
Borgundkaupangen
La tercera parada sale al terreno de Borgundkaupangen, y aquí el protagonista es el suelo. Este prado tranquilo fue un kaupang, un mercado medieval cuyo poblamiento se remonta a la primera mitad del siglo XI y que llegó a ser, en el siglo XIII, la mayor población de la costa noruega entre Trondheim y Bergen. Borgund fue una de las pocas ciudades de la Noruega medieval en sentido estricto.
Hay incluso un documento que lo prueba. Un decreto del rey Olav Håkonsson, de 1384, ordenó a los habitantes de Sunnmøre comerciar en Borgund, y esa carta es la fuente escrita más antigua que la nombra como by, como ciudad. Que un rey tuviera que obligar a su gente a acudir aquí dice bastante de la importancia del sitio y también, leído al revés, de que algo empezaba a torcerse.
Porque el kaupang decayó. A lo largo de los siglos XIV y XV el comercio del pescado se desplazó hacia Bergen y hacia los mercaderes de la Hansa, y hacia el final de la Edad Media el núcleo urbano se había extinguido; solo la iglesia parroquial siguió en uso. Caminar sobre hierba sabiendo que debajo hubo calles, casas y muelles es una experiencia distinta a visitar una ruina visible, y es justo donde la narración se detiene más tiempo.
Las iglesias de piedra y 45.000 restos
Borgund kyrkje
La cuarta parada se sitúa ante la iglesia de Borgund, el único edificio del viejo núcleo que nunca dejó de estar en pie. Conserva muros de la Peterskyrkja —la iglesia de San Pedro, de hacia 1130— y en 1632-33 se reaprovecharon piedras de la arruinada Margaretakyrkja, la de Santa Margarita, para levantar su crucero. En la Borgund medieval hubo tres iglesias de piedra, y quizá cuatro; el número exacto sigue siendo objeto de discusión, porque solo se han excavado parte del asentamiento, dos camposantos y una de las iglesias, con otra localizada, de modo que la topografía de la ciudad se sigue reconstruyendo.
Lo que sí está cuantificado es lo que ha salido de la tierra. Las excavaciones arqueológicas iniciadas en los años cincuenta —la primera gran campaña en 1954, seguida de decenas de temporadas— han recuperado unos 45.000 objetos, uno de los mayores conjuntos medievales de Noruega, hoy repartidos entre el Museo Medieval del propio recinto y el Museo Universitario de Bergen.
Y está la causa del final. La peste negra llegó a Noruega en 1349 y golpeó de lleno a Borgund: según la memoria histórica local se llevó a más de la mitad de sus habitantes. Sumada al enfriamiento del clima, al desplome de la pesca y a la fuerza creciente de la Hansa en Bergen, dejó al kaupang sin gente y sin comercio. Cómo se apaga una ciudad, y qué queda de ella cuando solo sobrevive su iglesia, es lo que la audioguía cuenta frente a estos muros.
Del knarr medieval al barco de la guerra
Museumsbrygga
La última parada baja al muelle del museo, donde el hilo del mar une épocas que parecían inconexas. Amarrado al agua del Borgundfjord está el Borgundknarren, una copia navegante de un barco mercante del siglo XI hallado en el fiordo de Roskilde, en Dinamarca: el tipo de nave con la que se comerciaba en la Borgund medieval, devuelta al mismo fiordo que la vio trabajar.
A pocos metros descansa el MK Heland, un pesquero de madera construido en 1937 y donado al museo en 1971. Desde noviembre de 1941 cruzó una y otra vez el mar del Norte en el llamado Shetland bus, la línea clandestina que unía la Noruega ocupada con las islas Shetland: sacaba refugiados de la zona de Ålesund —el 27 de febrero de 1942 llegó a Lunna con 23 personas a bordo— y volvía cargado de armas y agentes de la resistencia. Muchos de aquellos barcos se perdieron en las tormentas de invierno; el Heland aguantó como reserva hasta 1943 y es hoy uno de los pocos que se conservan.
Un casco de 18 metros con 23 fugitivos a bordo, de noche, con temporal, entre minas y patrullas, llena de golpe de peligro un muelle que parece apacible. Mil años separan al knarr del Heland y, sin embargo, los dos hacen lo mismo: cruzar este mar porque no había otra manera. Ese es el arco que la audioguía de EarGuide cierra en el agua, con los dos barcos a la vista.