
Desde la Ciudad de las Artes y las Ciencias hasta el Barrio del Carmen. Descubre 2.000 años de historia valenciana con audioguías.
Explorar ValenciaRecorre la ciudad amurallada del Papa Luna con 30 paradas de audio narradas por expertos. Del castillo templario a la Sierra de Irta, cada rincón del peñón guarda una historia que merece escucharse.
Peñíscola concentra ocho siglos de historia en un peñón de apenas cinco hectáreas: el Castillo del Papa Luna, levantado por los templarios entre 1294 y 1307 y convertido en 1411 en la tercera sede pontificia de la historia junto a Roma y Aviñón; las murallas renacentistas que Felipe II encargó a Vespasiano Gonzaga y al ingeniero Antonelli entre 1576 y 1578; el casco antiguo, Conjunto Histórico desde 1972, con la grieta del Bufador por la que respira el mar; el Santuario de la Virgen de la Ermitana, de 1708-1714, con cañones tallados en la portada; el puerto pesquero levantado en 1922 tras el temporal que mató a 34 marineros del pueblo; la Playa Norte, cinco kilómetros de arena donde se rodó la batalla de Valencia de 'El Cid'; y el Parque Natural de la Sierra de Irta, con la Torre Badum de 1554 sobre el acantilado.
Con la audioguía de Peñíscola de EarGuide, cada lugar revela su historia mediante narración profesional preparada por guías que conocen la ciudad a fondo. A diferencia de un free tour o una visita guiada convencional, tú decides el ritmo, el orden y las paradas. Sin grupos, sin horarios, sin conexión a internet.
La fortaleza que unos monjes guerreros levantaron sobre un peñón dentro del mar acabó siendo, junto a Roma y Aviñón, el tercer lugar del mundo que ha sido sede de un papa. Esto es lo que hay que ver en el Castillo del Papa Luna.
El Castillo del Papa Luna corona el peñón de Peñíscola a 64 metros sobre el Mediterráneo, con un perímetro de unos 230 metros y muros de una altura media de 20. Lo construyeron los templarios entre 1294 y 1307, sobre el solar de una alcazaba árabe de la que no se han encontrado trazas, bajo el impulso del maestre Berenguer de Cardona y del comendador Arnaldo de Banyuls: piedra dorada, bóvedas de cañón apuntadas y ni un gramo de ornamento sobrante.
Un siglo después, el 21 de julio de 1411, Benedicto XIII —Pedro Martínez de Luna, el Papa Luna— instaló aquí su sede pontificia y convirtió aquel cuartel de monjes soldados en palacio, capilla y biblioteca papal. El contraste sigue intacto: en estas salas sin mármoles ni frescos vivió, gobernó y murió un papa que nunca aceptó dejar de serlo, y aquí se celebró el cónclave más pequeño del que se tenga noticia.
01 Tres puertas, tres siglos y un mismo anillo de piedra: la que un papa abrió al mar en 1414, la que Felipe II blindó contra el corsario en 1578 y la que las guerras acabaron tapiando. Esto es lo que hay que ver en las murallas de Peñíscola.
Las murallas de Peñíscola encierran unas cinco hectáreas y medio millar de casas sobre el peñón, pero no son una obra única: conviven lienzos medievales de los siglos XIII al XV en las caras sur y este, la llamada Muralla de la Fuente de los siglos XIV y XV rematada en la Batería de Santa Ana, y un frente de tierra renacentista concebido ya para la artillería. Ese frente moderno, ejecutado en lo esencial entre 1576 y 1578 bajo Felipe II, es obra conjunta de Vespasiano Gonzaga, príncipe de Sabbioneta y virrey de Valencia, y del ingeniero Juan Bautista Antonelli.
La puerta que lo resume todo es el Portal Fosc, fechado en 1578: un arco de medio punto de inspiración italiana en piedra blanca, con las jambas almohadilladas ornamentadas con bolas y el escudo del rey sobre la clave. Su nombre no es poético sino descriptivo —«fosc» significa «oscuro» en valenciano— porque cruzarlo obliga a atravesar un túnel en penumbra. Fue la entrada principal de la ciudad hasta el siglo XVIII y hoy sigue siendo la manera correcta de entrar en el casco antiguo.
02 Un laberinto encalado apretado sobre una roca que el mar estuvo a punto de dejar convertida en isla, con una grieta por la que el Mediterráneo respira bajo las casas. Esto es lo que hay que ver en el casco antiguo de Peñíscola.
El casco antiguo de Peñíscola se levanta sobre un tómbolo: una península rocosa unida a tierra firme solo por un istmo de arena que los temporales llegaban a cubrir, dejando el peñón aislado. De ahí viene su nombre, del griego «Quersónesos» traducido al latín como «paene insula», casi isla. Dentro de sus murallas caben unas cinco hectáreas de calles en cuesta, fachadas de cal deslumbrante y un puñado de edificios que resumen ocho siglos de historia. Está declarado Bien de Interés Cultural, en la categoría de Conjunto Histórico, desde el 26 de octubre de 1972.
Lo que hace distinto a este laberinto no es su postal sino su acústica. Bajo el caserío, una grieta natural de unos siete metros abierta por la erosión marina conecta las calles con el agua: el Bufador. En días de temporal el mar embiste por la boca inferior y el aire comprimido sale bufando por la abertura superior, en plena calle. Un pueblo que se oye por dentro y que, además, tiene manantiales de agua dulce dentro de la roca.
03 Una iglesia barroca soldada al castillo del Papa Luna, con cañones y tambores de guerra tallados en la portada en vez de santos. Esto es lo que hay que ver en el Santuario de la Virgen de la Ermitana de Peñíscola.
El Santuario de la Virgen de la Ermitana se edificó entre 1708 y 1714 en estilo barroco valenciano, adosado directamente al castillo, en lo alto del peñón de Peñíscola. No es una capilla exenta: sus rasgos defensivos la integran en el conjunto fortificado, y el muro del castillo templario y papal le sirve literalmente de apoyo. Lo mandó construir Sancho de Echevarría, gobernador militar de la plaza, como recompensa a la fidelidad de la población a la causa borbónica durante la Guerra de Sucesión española.
El detalle que lo delata está a ras de calle. Contra la costumbre de decorar las portadas religiosas con motivos sagrados, en los sillares a ambos lados de la puerta principal hay tallados cañones y tambores de guerra, y sobre la cornisa mixtilínea con pináculos que remata la fachada campea el escudo de Felipe V. Pocas iglesias españolas exhiben con tanta franqueza que son, en realidad, un premio de guerra en piedra.
04 Peñíscola tardó once años en construir su puerto, y lo hizo después de la noche en que el mar se llevó a 34 de sus marineros. Esto es lo que hay que ver en el puerto pesquero de Peñíscola.
El puerto pesquero de Peñíscola se extiende a los pies del peñón, con el castillo del Papa Luna y el caserío blanco como telón de fondo permanente. Su primera piedra se colocó en 1922, y ese mismo año Joan Feliu fundó el Pòsit de Peñíscola, la organización de los pescadores locales cuya heredera, la Cofradía de Pescadores San Pedro, tiene hoy la concesión administrativa de la lonja. En 2010 la flota con base aquí sumaba 30 barcos de arrastre y 19 de artes menores.
Antes de 1922 no había nada de esto. Las barcas de vela se abrigaban en calas naturales como la raconada de la Porteta, al pie de las murallas, y del castillo bajaba una escalera parcialmente labrada en la roca que servía de embarcadero de urgencia. En la noche del 31 de enero al 1 de febrero de 1911, el temporal de la Candelera mató a unos 140 pescadores entre Barcelona y el golfo de Valencia; Peñíscola fue la localidad más castigada de toda la costa, con 34 marineros muertos. El puerto es la respuesta a aquella noche.
05 Cinco kilómetros de arena dorada con una ciudad fortificada saliendo del mar al fondo, y un arenal donde Hollywood rodó las batallas de 'El Cid'. Esto es lo que hay que ver en la Playa Norte de Peñíscola.
La Playa Norte —Platja Nord— es un arenal de unos cinco kilómetros de arena fina y dorada que arranca a los pies del casco antiguo de Peñíscola y se extiende hacia el norte hasta casi alcanzar el término de Benicarló, con una anchura que llega a los setenta metros. Ondea la Bandera Azul, la Q de Calidad Turística del Instituto para la Calidad Turística Española, la Bandera Verde de AENOR y la bandera Qualitur de la agencia valenciana de turismo, y dispone de paseo, duchas, zona infantil, área deportiva y oficina de turismo.
Lo que la distingue de cualquier otra playa mediterránea está al sur: el casco antiguo amurallado coronado por el Castillo del Papa Luna, encaramado sobre un peñón de calizas del Jurásico que en origen era un islote. La barra de arena que lo unía a la costa desaparecía con los temporales y volvía a formarse en verano, de modo que la ciudad quedaba convertida en isla. Esa dinámica costera, descrita ya en el siglo XVIII por el naturalista Cavanilles, está catalogada por el Instituto Geológico y Minero de España como Lugar de Interés Geológico con el código IB223.
06 Doce kilómetros de acantilados, palmito y calas sin urbanizar al sur de Peñíscola, coronados por una torre maciza de 1554 que encendía hogueras cuando aparecían velas corsarias. Esto es lo que hay que ver en la Sierra de Irta y la Torre Badum.
El Parc Natural de la Serra d'Irta y su Reserva Natural Marina fueron declarados por el Decreto 108/2002, de 16 de julio, del Gobierno valenciano, y protegen 7.743 hectáreas terrestres y 2.448 marinas repartidas entre Peñíscola, Alcalà de Xivert y Santa Magdalena de Pulpis. Dentro quedan alrededor de doce kilómetros de costa sin urbanizar, considerados uno de los últimos tramos de litoral virgen del Mediterráneo valenciano. La sierra se organiza en dos alineaciones montañosas separadas por el valle del Estopet y culmina en el pico Campanilles, de 572 metros, desde donde cae al mar en acantilados.
Su pieza construida más elocuente es la Torre Badum, atalaya de planta circular levantada en 1554 según la inscripción con el escudo del Reino de Valencia de época de Carlos I. Mide unos once metros de altura, con 5,75 de diámetro en la base y 5,25 en la parte alta, y es maciza hasta unos seis metros, sobre los que se abre una única sala circular abovedada. No tiene puerta a ras de suelo: se accedía por un vano elevado al que se subía con una escala que después se retiraba, precisamente para protegerse de los corsarios a los que vigilaba.
07 La app de EarGuide es gratuita. La audioguía de Peñíscola incluye 7 rutas a pie con 30 paradas de audio por el castillo, las murallas, el casco antiguo, el santuario de la Ermitana, el puerto, la Playa Norte y la Sierra de Irta. Está disponible dentro de la app de EarGuide.
No. EarGuide funciona completamente en modo offline. Descarga las rutas con WiFi antes de salir y podrás usar la audioguía sin conexión ni consumo de datos durante todo el recorrido por Peñíscola. El mapa muestra tu posición GPS en tiempo real aunque no tengas cobertura.
La narración de la audioguía de Peñíscola está disponible en español e inglés, preparada por guías y expertos en la historia del Maestrazgo y del Cisma de Occidente.
La audioguía reúne 7 rutas independientes con unos 58 minutos de narración en español —alrededor de una hora— repartidos en 30 paradas de audio. Recorrerlas a pie lleva bastante más tiempo: cada ruta se disfruta entre 30 y 90 minutos según lo que se camine y se mire. Puedes hacerlas por separado o encadenar varias en un mismo día.
Son experiencias distintas. La audioguía de EarGuide te permite recorrer Peñíscola sin horarios ni grupos, pausar y retomar cuando quieras, y volver a escuchar cualquier explicación tantas veces como necesites. Es ideal para viajeros independientes, familias y quienes prefieren un recorrido más flexible y profundo que un free tour convencional.
La audioguía de Peñíscola cubre 7 lugares principales: el Castillo del Papa Luna, las murallas renacentistas y el Portal Fosc, el casco antiguo, el Santuario de la Virgen de la Ermitana, el puerto pesquero, la Playa Norte y la Sierra de Irta con la Torre Badum.
Sí para los recintos que se visitan por dentro. El Castillo del Papa Luna lo gestiona la Diputación de Castellón y tiene entrada propia, igual que algunos espacios museísticos del recinto amurallado. Las calles del casco antiguo, las murallas por fuera, el puerto, la Playa Norte y el Parque Natural de la Sierra de Irta son de acceso libre.
La app de EarGuide es gratuita y lleva todas las audioguías de Peñíscola en tu bolsillo. Sin conexión, a tu ritmo.

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