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El canal de Brosundet
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Puerto Histórico

El canal de Brosundet

El verdadero centro de Ålesund no es una plaza: es un brazo de mar entre dos islas. Almacenes de bacalao convertidos en hoteles, un museo de la pesca anterior al incendio de 1904 y un faro rojo de 1858 que todavía funciona. Esto es qué ver en Brosundet.

7 min de audioHistoria marítima

Brosundet es el estrecho que separa las dos islas centrales de Ålesund, Aspøya y Nørvøya, hoy cruzado por el puente de Hellebroa. Cuando el viejo puesto comercial medieval de Borgund se fue apagando hacia el año 1500, el caserío pesquero se concentró en torno a este canal abrigado, y de ahí nació la ciudad actual. El ascenso fue después administrativo: derechos de puerto de carga limitados en 1793, plenos en 1824, y categoría de ciudad mercado (kjøpstad) en 1848, siempre con este puerto natural como eje.

La palabra que hay que aprender aquí es klippfisk, literalmente 'pescado de roca': bacalao salado y luego secado al aire libre sobre las piedras desnudas de la costa. En la segunda mitad del siglo XIX, con el crecimiento de la flota, el klippfisk se convirtió en el principal producto de exportación de Ålesund y abrió un comercio intenso con el sur de Europa y Sudamérica. Los almacenes de madera —los sjøbuer— que flanqueaban este canal ardieron con casi toda la ciudad en enero de 1904 y se reconstruyeron después; hoy albergan hoteles, restaurantes y tiendas, con los muros naciendo todavía directamente del agua.

Qué ver

  • Los sjøbuer del canal — Antiguos almacenes de pescado reconvertidos, con los muros levantados hasta el filo del agua
  • Hotel Brosundet — El pakhus de 1904 de Peder Devold, obra de J. Z. M. Kielland, reconvertido por Snøhetta en 2007
  • Fiskerimuseet (Holm-bua) — Almacén de mar de hacia 1858, el conjunto mejor conservado de antes del incendio
  • Aceite de hígado de bacalao — La industria de Oluf Holm AS que exportó a gran escala desde Molovegen
  • Faro de Molja — La torre roja de 1858 en la bocana, automatizada desde 1889 y aún encendida

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Ålesund se visita por sus fachadas, pero se entiende por su agua. Brosundet es el estrecho que parte el centro en dos, un brazo de mar quieto entre las islas de Aspøya y Nørvøya en el que la ciudad tiene su origen literal: cuando el puesto comercial medieval de Borgund se apagó hacia 1500, la gente del pescado fue juntándose en esta ensenada resguardada donde las barcas podían entrar y quedarse quietas. La historia secreta de Brosundet es la de un centro urbano que nunca fue una plaza sino un muelle, y que sigue funcionando como tal.

Los hitos administrativos llegaron tarde y confirmaron lo obvio: puerto de carga limitado en 1793, pleno en 1824, ciudad mercado en 1848. Lo que sostuvo todo aquello fue el bacalao seco y salado, el klippfisk que se exportaba al sur de Europa y a Sudamérica. Para saber qué ver en Brosundet conviene recorrer el canal de dentro hacia fuera, del muelle interior a la bocana, que es el orden en que la audioguía de EarGuide lo va contando: cuatro paradas, del pescado a la luz.

El corazón de Ålesund es agua

Brosundet

La primera parada se sitúa en el muelle interior del canal, donde las dos orillas casi se tocan. Lo que el visitante tiene delante no es un elemento decorativo de la ciudad sino su centro real: un estrecho, un brazo de mar que separa las dos islas sobre las que se apoya el casco antiguo. En la Edad Media el comercio de la zona se hacía más al este, en Borgund; hacia 1500 aquel puesto se fue apagando y la actividad se trasladó aquí, a este fondeadero abrigado. Ålesund empezó siendo exactamente eso: un buen sitio donde amarrar.

Lo que se amarraba era, casi siempre, bacalao. El klippfisk —“pescado de roca”— es bacalao abierto, salado y puesto a secar al aire libre sobre las piedras desnudas de la costa hasta quedar duro como una tabla y capaz de aguantar meses de viaje. No es un detalle gastronómico: es el motor económico del que salió buena parte de lo que hoy se contempla alrededor.

Mirado con esa idea encima, el canal cambia de significado. El agua no acompaña a la ciudad, la explica; cada muro que se mete en Brosundet está ahí por el pescado. Cómo funcionaba ese ciclo del secado, y qué tenía que pasar para que un bacalao sacado de este mar terminara en una mesa de Lisboa o de Río, es de lo que se ocupa la narración en el arranque del recorrido.

Los almacenes que ardieron y volvieron

Hotel Brosundet

La segunda parada se toma ante el Hotel Brosundet, en Apotekergata 5, con el agua lamiendo directamente la base del edificio. La casa se levantó en 1904 como pakhus —almacén— para la empresa de comercio de pescado de Peder Devold, según proyecto del arquitecto Jens Zetlitz Monrad Kielland, y sirvió como depósito de pescado hasta los años ochenta. En 2007 el estudio Snøhetta lo transformó en hotel sin borrar su condición de almacén.

Toda la hilera comparte la misma biografía. Los sjøbuer de madera que flanqueaban el canal ardieron con casi toda la ciudad en el gran incendio de enero de 1904 y se reconstruyeron en los años siguientes; hoy esos almacenes de pescado y mercancías albergan hoteles, restaurantes, tiendas y apartamentos, y siguen levantando sus muros desde el filo mismo del agua. Es la razón por la que Brosundet se considera el verdadero centro de Ålesund: no ha cambiado de sitio, solo de oficio.

Y el giro tiene gracia. En el antiguo pakhus del Hotel Brosundet se resume diciendo que el viejo almacén vuelve a recibir marisco fresco, igual que hace cien años, solo que ahora sale a la mesa en lugar de a la exportación. El mismo gesto —el pescado entrando desde el agua— repetido un siglo después con otro sentido dice bastante sobre lo que le ha ocurrido a esta ciudad, y la audioguía lo desarrolla justo frente a la fachada.

El pescado que hizo la ciudad, y su precio

Fiskerimuseet

La tercera parada se detiene en Molovegen 10, ante el Fiskerimuseet, el Museo de la Pesca. Ocupa el llamado Holm-bua, un almacén de mar levantado por el cónsul Frederik Hanssen hacia 1858, y su importancia va más allá de la colección: es el conjunto de edificios mejor conservado de Ålesund de antes del incendio de 1904. En una ciudad donde prácticamente todo tiene la misma edad, estos muros son una excepción.

La calle cuenta además otra industria. Cuando la firma Oluf Holm AS se hizo con el almacén de Molovegen y con buena parte de los edificios vecinos, se dedicó a la producción y exportación a gran escala de aceite de hígado de bacalao medicinal, otro de los negocios que crecieron directamente del mar. Del pescado no se desaprovechaba nada, y cada subproducto abría una línea de exportación nueva.

Debajo de esa prosperidad hay una historia más dura que la postal no enseña. La riqueza que se apiló aquí salía del mar en invierno, y ese mar se cobraba su parte: en la costa de Sunnmøre, como en toda Noruega, la pesca fue tan importante como peligrosa, y durante generaciones la ciudad dependió de hombres que se jugaban la vida en cada salida. Detrás de cada fardo de klippfisk exportado hubo barcas que no volvieron. Cómo se vivía ese riesgo desde tierra, y qué queda de él en el museo, es la parte que la narración reserva para el interior.

Dormir dentro de un faro encendido

Molja fyr

La última parada camina hasta el extremo del rompeolas, donde se levanta el faro de Molja. La torre se construyó en 1858 como una pequeña luz en la punta del molo para señalar la bocana de Brosundet —molje es la palabra del dialecto de Sunnmøre para rompeolas— y el Estado, a través del Fyrvesenet, asumió el faro del puerto de Ålesund en 1877, lo automatizó y lo desatendió en 1889. Está pintado de rojo y es el lugar del milenio, el tusenårssted, del municipio.

Más de 150 años después de su construcción sigue haciendo su trabajo: la baliza automatizada desde 1889 continúa encendida en la bocana, guiando a los barcos hacia el puerto interior. Eso, en un canal donde casi todo ha cambiado de uso, lo convierte en el elemento más continuista del recorrido.

Y en el más insólito. La torre, apenas un cuartito en el extremo del molo, es hoy la habitación número 47 del Hotel Brosundet, redecorada por Snøhetta; a diferencia de casi todos los faros convertidos en alojamiento, este sigue siendo un faro en activo, con la luz funcionando mientras el huésped duerme y el desayuno llegando a pie por el rompeolas desde el edificio principal, unos cuatrocientos metros atrás. Cómo es pasar una noche dentro de una luz de navegación encendida, frente al Atlántico abierto, es el cierre que la audioguía de EarGuide guarda para el final del molo.

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