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Templo Azul

Foto: Chainwit., CC BY-SA 4.0

Templo contemporáneo

Audioguía Templo Azul (Wat Rong Suea Ten)

Chiang Rai · 5 paradas · 40 min

Un templo de aldea abandonado junto al río Kok, devuelto a la vida por sus vecinos y vestido de azul celeste y oro por Sala Nok, el discípulo del creador del Templo Blanco que quiso hablar con voz propia.

  • 40 min de audio
  • Arte budista contemporáneo

Templo budista de Chiang Rai nacido del empeño de los vecinos de Ban Rong Suea Ten, que en 1996 decidieron recuperar un solar abandonado con restos de ladrillo antiguo. Su vihara azul, de 13 por 48 metros, se levantó entre 2005 y 2016 con la firma de Phuttha Kabkaew, Sala Nok, formado junto a Chalermchai Kositpipat en Wat Rong Khun. Dentro aguarda un Buda sedente blanco perla de 6,5 metros; detrás, un Buda de pie tan alto como el propio vihara y una estupa de 20 metros con reliquias en su remate.

Sala Nok tomó de su maestro las volutas ondulantes, pero cambió el blanco y los espejos del Templo Blanco por el azul celeste, el color del dhamma. Tampoco se creyó capaz de igualar el ornamento finísimo de Chalermchai, así que resolvió los relieves con trazos incisos rayados a mano para que las líneas parezcan ondear. Hasta los colmillos de las nagas de la escalera son un préstamo: derivan de los cuernos y colmillos de Thawan Duchanee, el artista de la Casa Negra, aunque aquí son todavía más afilados.

Qué ver

  • Vihara azul y oro — Nave de 13 por 48 metros levantada por Sala Nok entre 2005 y 2016
  • Buda principal — Sedente, blanco perla, de 6,5 metros, con reliquias del Buda en la cabeza
  • Escalinata de las nagas — Colmillos curvos heredados de Thawan Duchanee, el artista de la Casa Negra
  • Buda blanco de pie — En postura Pang Ham Yat, tan alto como el propio vihara
  • Estupa Phra That Ket Kaew Chulamani — 20 metros con reliquias del Buda en su remate

Junto al río Kok, en Chiang Rai, el Templo Azul (วัดร่องเสือเต้น, Wat Rong Suea Ten) levanta un vihara de azul celeste y relieves dorados que parece recién salido del taller. En buena medida lo está: la nave se empezó el 27 de octubre de 2005 y se terminó el 22 de enero de 2016. Pero el lugar es más antiguo que su color. En el solar había un templo de aldea abandonado, del que solo quedaban restos de ladrillo antiguo y cuya fundación no tiene fecha documentada.

La historia del Templo Azul arranca en 1996, cuando los vecinos de Ban Rong Suea Ten se reunieron para recuperar aquel solar: no tenían dónde hacer mérito y cada familia acudía a un templo distinto. Unas fuentes hablan de la restauración del templo abandonado y otras de la construcción de un templo nuevo, y las dos lecturas conviven. El permiso oficial de fundación llegó el 21 de agosto de 2015, cinco meses antes de que se terminara el vihara, y la ceremonia de mérito del edificio nuevo se celebró del 19 al 22 de enero de 2016.

La arquitectura del Templo Azul lleva la firma de Phuttha Kabkaew, conocido como Sala Nok, que se formó junto a Chalermchai Kositpipat en Wat Rong Khun, el Templo Blanco. Del maestro tomó las volutas ondulantes; el blanco y los espejos los sustituyó por el azul y el celeste, que aquí representan el dhamma, la enseñanza del Buda, frente al oro de los relieves. Dentro aguarda un Buda sedente blanco perla de 6,5 metros; detrás, un Buda de pie tan alto como el propio vihara y una estupa de 20 metros con reliquias en su remate. La mayoría de las fuentes llaman vihara al edificio azul, aunque alguna lo describe como ubosot, la sala de ordenación.

Para saber qué ver en Wat Rong Suea Ten, la audioguía lo recorre en cinco paradas y 40 minutos, desde la fuente del patio de entrada hasta el gran Buda de pie que se alza tras el vihara. El hilo que las une es uno solo: este azul no es un capricho decorativo, sino la voz propia que una aldea sin templo y un discípulo humilde encontraron a la sombra de sus maestros.

El maestro de Sala Nok sigue rehaciendo el Templo Blanco, al sur de la ciudad, y los colmillos de las nagas remiten a la Casa Negra de Thawan Duchanee. A unos 5 km, Wat Huay Pla Kang alza su Guanyin blanca de 69 metros.

Peces azules en el patio de los tigres

Wat Rong Suea Ten

Resumen de esta parada

El recorrido arranca en el patio de entrada, ante la fuente de Phra Upakhut: una figura blanco perla sentada en medio del agua bajo un loto, rodeada de peces azules del bosque mítico de Himmaphan. Es el primer anuncio del color que domina todo el conjunto y, también, la puerta a la historia del nombre del lugar.

Rong Suea Ten significa «la acequia donde baila el tigre». Según la tradición que conservan los ancianos de la aldea, cuando la zona era bosque con pocas casas los tigres cruzaban la acequia de un salto; el nombre pasó del lugar a la aldea, Ban Rong Suea Ten, y de la aldea al templo. Fueron esos mismos vecinos quienes en 1996 se juntaron para recuperar el solar abandonado, porque cada familia acudía a un templo distinto, y el 21 de agosto de 2015 el templo recibió su permiso oficial de fundación.

El patio acabó cumpliendo aquella vocación de punto de encuentro. Hacia 2023 el templo lo había convertido en un kad mua khrua laeng, el mercado lanna de última hora de la tarde: los vecinos de Rong Suea Ten vendían artesanía, productos OTOP de la comarca y comida local, mientras en el escenario se sucedían danzas lanna, tambores klong sabat chai y un espectáculo de luz y sonido titulado «La naga ofrece flores de loto al Buda». Junto a la fuente, la narración cuenta cómo un templo nacido de la falta de un sitio común terminó siendo la plaza de la aldea.

Un azul para no ser el Templo Blanco

Fachada azul y oro del vihara

Resumen de esta parada

Frente a la fachada, la nave de 13 por 48 metros despliega su azul celeste bajo frontones y tejados escalonados, con relieves de estuco dorados y blancos de líneas ondulantes. Las volutas tienen un aire de familia con Wat Rong Khun, y no por casualidad: su autor, Phuttha Kabkaew, Sala Nok, se formó en educación artística en la Universidad Rajabhat de Chiang Rai, y Chalermchai Kositpipat lo llamó a trabajar en el Templo Blanco antes de que se graduara. En 2001 seguía allí; en 2003 se estableció por su cuenta.

Según la historia que se cuenta de aquel encuentro, todo empezó con una escultura de estudiante que Sala Nok llevó a la exposición del 25.º aniversario de la universidad. Chalermchai, el creador del Templo Blanco, se fijó en ella, y esa mirada le abrió la puerta de Wat Rong Khun. Del maestro se trajo una máxima que repetía: para trabajar para el budismo hay que ser más diligente, más cuidadoso y tener más imaginación que los demás.

La fachada es a la vez herencia y emancipación. Sala Nok conservó las volutas ondulantes, pero cambió el blanco y los espejos por el azul y el celeste para dar al templo una identidad propia: el azul celeste representa el dhamma, contrastado con el oro de los relieves. Concibió el vihara junto al abad, Phra Thanongsak Katasaro, como alabanza al Buda y como homenaje a Chalermchai. Ante la fachada, la audioguía cuenta cómo un discípulo convirtió el homenaje a su maestro en una voz propia.

Colmillos prestados y surcos a mano

Escalinata de las dos nagas

Resumen de esta parada

Al pie de la escalinata esperan las dos grandes nagas, pareadas a ambos lados, con escamas azules de destellos verdes y colmillos curvos y afilados. Esos colmillos tienen genealogía: derivan de los cuernos y colmillos de Thawan Duchanee, el artista de la Casa Negra (Baan Dam), otra de las grandes firmas de Chiang Rai. Sala Nok los hizo todavía más afilados.

De cerca, los relieves revelan otra decisión. Sala Nok no se creía capaz de igualar a Chalermchai, que en Wat Rong Khun lograba ornamentos finísimos sobre volúmenes enormes, y resolvió el estuco del vihara a base de trazos incisos, rayados a mano para que las líneas parezcan ondear. Fue un trabajo largo: la obra empezó el 27 de octubre de 2005 y terminó el 22 de enero de 2016, tras unos once años, con el equipo trabajando a contrarreloj a finales de 2015 para tenerlo todo listo para la ceremonia de mérito de enero.

Ese estuco también ha pasado por el agua. En 2024, la mayor inundación de Chiang Rai en 50 años metió más de un metro de agua en el templo; en noviembre de ese mismo año los relieves ya no conservaban ni la marca del nivel del agua ni el barro rojo. Junto a las nagas, la narración enseña a leer en esos surcos la solución de un discípulo, no la copia de un maestro.

Un Buda blanco sobre 88.000 amuletos

Buda principal blanco perla

Resumen de esta parada

Dentro del vihara, el interior azul se ordena en torno a un golpe de luz: Phra Phuttha Ratchamongkhon Bodi Trilokanat, un Buda sedente de estilo Phra Singh 1, blanco perla, de 6,5 metros de alto y 5 de ancho de regazo. En las paredes, pinturas murales de colores intensos narran episodios de la vida del Buda bajo un techo profusamente ornamentado.

El nombre de la imagen lo concedió el Patriarca Supremo Somdet Phra Yanasangwon y significa «el Buda auspicioso, señor con dignidad de rey, refugio de los tres mundos». Del mismo patriarca proceden las reliquias del Buda que guarda la cabeza de la estatua.

Lo más llamativo no está a la vista. Bajo el Buda principal hay enterrados amuletos Phra Rod Lamphun junto con anillos de plata y oro y otros objetos de valor. La mayoría de las fuentes cifran los amuletos en 88.000; alguna habla de 84.000, un número con resonancia simbólica en el budismo, el de sus 84.000 enseñanzas. Ante la imagen, la audioguía completa el retrato de lo que esta figura guarda por dentro y por debajo.

El gigante que calma tras el templo

Buda blanco de pie

Resumen de esta parada

El recorrido sale del vihara y lo rodea. Detrás, Sala Nok levantó un gran Buda blanco de pie, tan alto como el propio vihara, en la postura Pang Ham Yat, la de calmar a los parientes: la mano alzada en un gesto de apaciguar que se recorta contra el azul y el oro de los tejados.

A pocos pasos se alza la estupa Phra That Ket Kaew Chulamani Ha Phra Ong, de 20 metros, que guarda en su remate reliquias del Buda donadas por el Patriarca Supremo Somdet Phra Yanasangwon. Las dos figuras verticales rematan un conjunto que empezó en un solar de ladrillos viejos y en unos vecinos sin templo propio. Tras el vihara, la última parada de la audioguía vuelve sobre el gesto de calma del gigante blanco para cerrar la historia de una aldea y de un discípulo.

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