Gótico francés
Audioguía Catedral de León (Santa María de León)
La «Pulchra Leonina» cambió la pared por casi mil ochocientos metros cuadrados de vidrieras. Su interior es luz de color sostenida por un esqueleto de piedra.
- 45 min de audio
- Arquitectura gótica
La catedral gótica de León, dedicada a Santa María, se empezó a levantar hacia mediados del siglo XIII, en torno a 1255, siguiendo modelos del gótico francés clásico. Se la conoce como la «Pulchra Leonina», la Bella Leonesa, por la elegancia y la armonía de su arquitectura. Está declarada Monumento Nacional desde 1844, uno de los primeros monumentos reconocidos así en España.
Su rasgo más célebre es el conjunto de vidrieras: cerca de 1.800 metros cuadrados de cristal repartidos en torno a 130 ventanales y rosetones. Para abrir tanto hueco a la luz, los muros se redujeron al mínimo y el peso pasó a contrafuertes y arbotantes exteriores, de modo que la piedra funciona casi como un esqueleto que solo sostiene el cristal.
Qué ver
- Vidrieras — cerca de 1.800 m² de cristal en torno a 130 ventanales y rosetones
- Fachada oeste — tres portadas góticas y la Virgen Blanca
- Rosetones — la gran rosa occidental y los del crucero
- Arbotantes y contrafuertes — el esqueleto de piedra que libera los muros
- Vidrieras del siglo XIII a época moderna — un muestrario del arte vidriero
La Catedral de León es una de las grandes catedrales góticas de España, y su historia empieza antes que la piedra gótica. El templo se levantó sobre solares que habían acogido unas termas romanas y, más tarde, un palacio real y una catedral románica previa. Las obras del edificio actual comenzaron hacia 1255, con la mirada puesta en el gótico francés clásico, y de ellas salió la «Pulchra Leonina».
Quien se pregunte qué ver en la Catedral de León encuentra una fachada oeste con tres portadas esculpidas, un interior recorrido por vidrieras de varios siglos y un exterior erizado de arbotantes. La historia y la arquitectura de la catedral de León se entienden mejor sobre el terreno, y la experiencia completa se disfruta recorriéndola con la audioguía, parada a parada. Con el románico de la Real Basílica de San Isidoro, forma el par de grandes obras medievales de León, y a pocos pasos quedan la Casa Botines de Gaudí y las tabernas del Barrio Húmedo.
La Bella Leonesa
Catedral de León
Resumen de esta parada
El recorrido arranca en la plaza, ante la fachada oeste. Allí se organizan tres grandes portadas góticas con abundante escultura, y en la central destaca la Virgen Blanca, una de las imágenes más conocidas del templo.
Este punto sirve para presentar el nombre con que los leoneses conocen a su catedral. «Pulchra Leonina» significa la Bella Leonesa, un apodo que alude a la elegancia y la armonía de su arquitectura, y que explica por qué el edificio se mira con calma antes de cruzar la puerta.
Cómo una obra empezada hacia 1255 acabó convertida en símbolo de la ciudad es algo que la narración revela allí mismo, con la fachada delante.
Entrar en la luz
Nave de la Catedral de León
Resumen de esta parada
Ya en el centro de la nave, el protagonismo pasa de la piedra al cristal. El gran conjunto de ventanales de colores recorre todo el interior y suma cerca de 1.800 metros cuadrados de vidrieras.
Las vidrieras abarcan desde el siglo XIII hasta época moderna, de modo que la catedral funciona como un muestrario de la evolución del arte vidriero a lo largo de los siglos. Cada ventanal pertenece a su época, y juntos componen una sola atmósfera de luz de color.
La tradición local, documentada, añade una forma de mirar: los leoneses suelen decir que la catedral se «escucha» a la luz. Según gire el sol, las vidrieras encienden unas zonas y apagan otras, y por eso hay quien recomienda volver a distintas horas, porque el templo nunca se ve dos veces igual.
Una pared que no está
Cabecera de la Catedral de León
Resumen de esta parada
La tercera parada se sitúa ante la cabecera y los rosetones. La gran rosa de la fachada oeste y los rosetones del crucero figuran entre los elementos de vidriera más admirados del conjunto.
Aquí se plantea la pregunta de fondo del edificio: dónde está la pared. Para abrir tanto hueco a la luz, los muros se redujeron al mínimo y el peso se trasladó a los contrafuertes y arbotantes exteriores. La piedra queda así como un esqueleto que solo sostiene el cristal.
La narración in situ explica cómo se reparte ese peso y por qué el interior parece una caja de luz más que un edificio de muros.
El esqueleto de piedra
Arbotantes de la Catedral de León
Resumen de esta parada
El cierre del recorrido sale al exterior, ante los arbotantes. El bosque de soportes que rodea la catedral es la otra cara de las vidrieras: lo que permite que el interior sea luz es lo que aquí se ve como piedra.
La audacia tuvo un precio. Entre finales del siglo XIX y el siglo XX la catedral pasó por una profunda restauración, porque construir con tan poca pared había puesto en peligro la estabilidad del edificio. Declarada Monumento Nacional en 1844, una de las primeras así reconocidas en España, la catedral se asienta además sobre un pasado de termas romanas, palacio real y catedral románica.
Cuenta la leyenda leonesa, por último, que un topo salía de noche a deshacer lo que los obreros levantaban de día, de modo que la catedral nunca terminaba de alzarse. Según esa tradición popular, cuando lo cazaron colgaron su piel o una efigie suya en el templo. Es una leyenda, no un dato comprobado, y encaja con lo difícil que debió de ser construir un edificio tan atrevido.