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Templo Puguang

Foto: Doctoroftcm, CC BY-SA 3.0

Monasterio budista Ming

Audioguía Templo Puguang (Puguang Chansi)

Zhangjiajie · 5 paradas · 45 min

Tras una portada roja en plena calle Jiefang sigue en pie, con monjes e incienso, el monasterio que un comandante de la guarnición Ming fundó en 1413. Es el último gran conjunto antiguo del casco urbano de Zhangjiajie, superviviente del corazón ceremonial de la vieja plaza militar de Dayong.

  • 45 min de audio
  • Monasterio budista desde 1413

El Templo Puguang es un monasterio budista de la escuela Linji del chan, rama de Nanyue, levantado en 1413, año 11 de la era Yongle, bajo la dirección de Yong Jian, comandante de la guarnición de Yongding. Orientado al sur sobre más de 8.000 metros cuadrados, abre su puerta a la calle Jiefang y escalona sus salas hacia el norte, de la Sala Mahavira a la de los Arhats y al pabellón del Emperador de Jade. La gran restauración de 1733 fijó buena parte de lo que se ve hoy, y en 2013 el conjunto fue declarado monumento nacional.

El recorrido guarda dos rarezas muy concretas. Entre la Sala Mahavira y la segunda sala de Buda, un estanque permanece seco en todas las estaciones mientras su gemelo nunca se vacía. Más arriba, las 16 columnas de madera de la Sala de los Arhats están todas inclinadas y la sala sigue en pie, como presume un refrán local: «columnas torcidas, vigas ladeadas, pero la casa no se tuerce».

Qué ver

  • Gran Puerta — Portada lacada en rojo sobre la calle Jiefang, con leones de piedra y los guardianes Heng y Ha
  • Sala Mahavira — Doble alero, dragones dorados tallados en calado y un cartel caligrafiado por Zhao Puchu
  • Estanques de agua y de fuego — Dos pilas gemelas: una seca en todas las estaciones, otra que nunca se vacía
  • Sala de los Arhats — 16 columnas de madera inclinadas y 18 arhats, cada uno con un gesto distinto
  • Pabellón del Emperador de Jade — Tres plantas en el punto más alto del templo, frente a la montaña Tianmen

En el casco urbano de Zhangjiajie, sobre la calle Jiefang, una portada roja guarda el Templo Puguang, cuyo nombre oficial es Puguang Chansi (普光禅寺). Mucho antes de llamarse como hoy, esta ciudad fue una plaza militar de la dinastía Ming: aquí se instaló la guarnición de Dayong, rebautizada después Yongding, tras una muralla de algo más de dos li de perímetro. En 1413, año 11 de la era Yongle, el comandante de esa guarnición, Yong Jian, dirigió la construcción del monasterio. Más de seis siglos después sigue siendo un templo activo, con monjes, incienso y un eje de patios y salas que trepa por la colina.

La historia del Templo Puguang se lee en capas: la fundación militar de 1413; la Sala de los Arhats, levantada en 1456 y rehecha en 1776; la gran restauración de 1733 a cargo del oficial Shi Cheng; las asambleas de ordenación que entre 1919 y 1943 atrajeron a fieles de cuatro provincias, y la declaración como monumento nacional en 2013. La datación de su estilo sigue abierta: hay fuentes que le atribuyen rasgos Song y Yuan, mientras que la declaración nacional lo sitúa en época Ming-Qing. Su arquitectura sigue un eje orientado al sur que sube desde la calle hacia el norte, sala tras sala, hasta el pabellón del Emperador de Jade, el punto más alto del conjunto, de cara a la montaña Tianmen. En el mismo recinto conviven el budismo chan de la escuela Linji, una sala dedicada a la bodhisattva Guanyin y un edificio de culto taoísta, el Gaozhen Guan. Qué ver en el Templo Puguang se ordena en cinco paradas, de la puerta roja a lo alto de la colina, y cobra todo su sentido recorriéndolo con la audioguía.

Su pabellón más alto mira a la Montaña Tianmen, a la que sube un teleférico desde el centro, y a unos dos kilómetros y medio, también en el casco urbano, el Parque de Costumbres Populares Tujia reúne la memoria de la minoría tujia.

Una portada roja en la ciudad de los soldados

Gran Puerta del Templo Puguang

Resumen de esta parada

La Gran Puerta, o Da Shanmen, da directamente a la calle Jiefang: una portada roja con los cuatro caracteres dorados «普光禅寺», dos hojas de madera gruesa lacadas en rojo y una pareja de leones de piedra, flanqueada por las figuras guardianas Heng y Ha. El emplazamiento no es casual. El templo se levantó en el lado norte del tramo este de la actual calle Jiefang, dentro de la ciudad que la dinastía Ming había convertido en guarnición: primero Dayong, después Yongding, encerrada en una muralla de algo más de dos li.

Que el fundador fuera un militar dice mucho del lugar. Yong Jian, comandante de la guarnición de Yongding, dirigió la obra en 1413, en tiempos del emperador Yongle, y el monasterio quedó integrado en un núcleo ceremonial mucho mayor: templo confuciano, templo militar o Wumiao, templo del Dios de la Ciudad y academia Songliang. De todo aquello solo sobreviven Puguang, el Wumiao y el santuario de Wenchang; el resto desapareció por la guerra, el fuego o la destrucción.

Al este de la puerta, el arco conmemorativo Jiexiao, de piedra, y el santuario de Wenchang son los restos visibles de ese antiguo barrio. Lo que falta pesa tanto como lo que queda, y cómo era aquel corazón ceremonial de la ciudad militar se reconstruye con la narración, frente a la puerta.

Dragones de oro y un patio de horquillas brillantes

Sala Mahavira

Resumen de esta parada

Pasada la entrada, las salas suben escalonadas hacia el norte, como corresponde a un monasterio de la escuela Linji del budismo chan, rama de Nanyue, orientado al sur. La primera gran parada es la Sala Mahavira, o Daxiong Baodian, la mayor del templo: cinco crujías de fachada, doble alero y cubierta a cuatro aguas con piñones, sobre una plataforma de tierra. Ante ella, dos columnas llevan enroscados dragones dorados tallados en calado, y bajo el alero cuelga el cartel con los caracteres «Sala Mahavira», caligrafiado por Zhao Puchu, antiguo dirigente de la Asociación Budista de China.

Este patio fue escenario de multitudes. Entre 1919 y 1943 el templo acogió las asambleas Longhua, a las que acudieron casi mil budistas de Hunan, Hubei, Sichuan y Guizhou para recibir la ordenación, y de ahí le viene la fama de «templo célebre del sur del Yangtsé». Las cifras varían según la fuente: una fuente turística habla de seis asambleas y de miles de fieles, mientras que la crónica más reciente se queda en casi mil.

Mucho antes, la ciudad ya llenaba el templo en primavera. Según una tradición documentada, la fiesta de Huazhao, el «cumpleaños de las flores», atraía en masa a mujeres engalanadas que venían a rezar ante Buda. Unas coplas populares de Yongding, del género zhuzhici o «canciones de rama de bambú», pintan el viejo templo de nubes blancas abierto junto a la montaña, la gran estela de Yongle cubierta de musgo verde y, cada año por Huazhao, destellos de horquillas y sienes peinadas que llegan como nubes. Cómo vivía la ciudad aquel patio en fiesta lo devuelve la narración, ante la sala.

Dos estanques gemelos y una sala diez veces rehecha

Estanques de agua y de fuego

Resumen de esta parada

Detrás de la Sala Mahavira, un pasillo en planta de «工» la une con la segunda sala de Buda. Junto a ese pasillo aparecen dos pilas: el «estanque de fuego», seco en todas las estaciones, y el «estanque de agua», que nunca se vacía. Dos estanques gemelos que se comportan de forma opuesta, y el dato se sostiene solo, sin necesidad de simbolismos añadidos.

La sala principal que se alza a su lado ha pasado por muchas manos. Se ha reconstruido más de diez veces, y su último mantenimiento de entidad data de 1989. La gran intervención llegó en 1733, año 11 de la era Yongzheng, cuando el oficial Shi Cheng, con rango de xiezhen, restauró el templo; la mayor parte de lo que hoy se ve responde a esa fábrica de época Ming-Qing.

Entre dos estanques que no cambian con las estaciones y una sala rehecha una y otra vez, este pasillo condensa la historia material del Templo Puguang. Qué pertenece a cada época se desgrana en la narración, junto a los estanques.

Columnas torcidas, casa derecha

Sala de los Arhats

Resumen de esta parada

La Sala de los Arhats es la que más desconcierta. Se levantó en 1456, año 7 de la era Jingtai, y se rehízo en 1776, año 41 de la era Qianlong. Sus 16 grandes columnas de madera están todas inclinadas, a la vista de cualquiera, y sin embargo la sala sigue en pie.

De esa paradoja nació un dicho local que resume el orgullo de la ciudad por su templo: «columnas torcidas, vigas ladeadas, pero la casa no se tuerce». Entre esas columnas aguardan 18 arhats, cada uno con un gesto distinto, de modo que la sala se mira dos veces: una hacia las figuras y otra hacia la estructura que las cobija.

La sensación de desequilibrio al cruzar el umbral forma parte de la visita. Lo que ese refrán cuenta de la ciudad y de su monasterio se revela al escuchar la narración en el interior de la sala.

Una cabra blanca, oro y 108 estrellas perdidas

Pabellón del Emperador de Jade

Resumen de esta parada

El eje termina en lo alto. Al este de la sala de Guanyin y por encima del Gaozhen Guan, el edificio taoísta del recinto, se levanta el pabellón del Emperador de Jade, o Yuhuang Ge: tres plantas con barandillas, ménsulas y cubierta de piñones, el punto más alto del templo, de cara a la montaña Tianmen. El pabellón albergaba 108 imágenes de las estrellas Tiangang y Disha, hoy destruidas; en su tercera planta siguen recibiendo incienso el Emperador de Jade y sus dos pajes.

Desde aquí cobra sentido el otro nombre del lugar. Cuenta la leyenda que, cuando iba a levantarse el templo, la ladera estaba cubierta de cabras blancas. El comandante Yong Jian salió tras una de ellas, el animal se hundió en la tierra y desapareció, y al cavar en ese punto aparecieron piedras y, debajo, un depósito de oro. Con ese oro se habría pagado la obra, y la corte, informada al terminarla, le concedió el nombre de «Puguang», «luz que todo lo alcanza». La colina se llama Baiyang, «cabra blanca», y el monasterio se conoce también como el antiguo templo de la Cabra Blanca.

La historia reciente es menos legendaria. En 1983 el conjunto entró en el quinto lote de bienes protegidos de la provincia de Hunan, y el 5 de marzo de 2013 fue declarado monumento nacional, en el séptimo lote, como «conjunto de arquitectura antigua del monasterio Puguang». En 2018 seguía en obras de restauración, a cargo de los maestros Shi Yifei y Shi Xinyi, sin dejar de ser un monasterio activo. Cómo encaja una cabra blanca con seis siglos de monjes e incienso se cuenta en la narración, en lo alto de la colina.

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