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Templo de Uluwatu

Foto: GeoffClarke, CC BY-SA 3.0

Templo del mar sobre el acantilado

Audioguía Templo de Uluwatu (Pura Luhur Uluwatu)

Uluwatu · 4 paradas · 90 min

En el extremo suroeste de Bali, al borde de un acantilado de caliza de unos setenta metros, un templo del mar vigila la isla. Cada tarde, a las seis, un coro de hombres que canta «cak» convierte el atardecer en el Ramayana.

  • 90 min de audio
  • Danza Kecak al atardecer

Pura Luhur Uluwatu se levanta en la punta suroeste de la península de Bukit, y su nombre une ulu, el extremo o el borde, con watu, la roca. Es el único templo del mar de Bali que es también uno de los templos direccionales, los Pura Kahyangan Jagat que, según la creencia hindú balinesa, mantienen la isla en equilibrio espiritual. Está dedicado a Sang Hyang Widhi Wasa en su manifestación como Rudra, y lo amplió de forma notable el sabio javanés Empu Kuturan en el siglo XI.

Al sacerdote Dang Hyang Nirartha, llegado de Java a finales del siglo XV, se le atribuye el santuario padmasana, y se dice que alcanzó aquí el moksha, la liberación del ciclo de renacimientos. Los balineses llaman a aquel ascenso ngeluhur, subir, y de ahí viene el epíteto Luhur del templo. Mientras tanto, por las barandillas patrulla una tropa de macacos que roba chanclas, gafas y móviles y los cambia por comida.

Qué ver

  • Acantilado de Uluwatu — Templo al borde de una pared de caliza de unos setenta metros sobre el mar
  • Paseo del acantilado norte — Camino pavimentado con el templo encaramado en el promontorio al sur
  • Candi bentar — Puerta partida de piedra tallada ante el patio interior y sus meru escalonados
  • Macacos de Uluwatu — Una tropa que roba objetos y ha aprendido a canjearlos por comida
  • Anfiteatro del Kecak — Gradas de piedra para 1.400 personas y danza diaria a las seis frente al atardecer

En la punta suroeste de la península de Bukit, donde Bali se acaba contra el océano, el Templo de Uluwatu (Pura Luhur Uluwatu) se asoma al borde de un acantilado de caliza de unos setenta metros. El propio nombre lo resume: ulu, el extremo, y watu, la roca. No es un templo cualquiera. Es el único templo del mar de la isla que figura también entre los templos direccionales, los Pura Kahyangan Jagat que, según la creencia hindú balinesa, sostienen Bali en equilibrio espiritual. Está consagrado a Sang Hyang Widhi Wasa en su manifestación como Rudra, y forma parte de la cadena de templos del mar que protegen la costa: según la tradición, desde cada uno se divisa el siguiente.

La historia del Templo de Uluwatu se escribe con nombres de sabios. Se dice que antes ya existía aquí un pequeño santuario, pero fue el javanés Empu Kuturan quien lo amplió de forma notable en el siglo XI. A finales del siglo XV llegó de Java el sacerdote shivaísta Dang Hyang Nirartha, a quien se atribuye la introducción del santuario padmasana y de quien la tradición sostiene que alcanzó aquí el moksha. Hoy el recinto reúne además una tropa de macacos de cola larga famosa en todo Bali y un anfiteatro donde cada tarde, a las seis, se representa la danza Kecak. Qué ver en el Templo de Uluwatu se ordena en cuatro paradas, de la puerta al anfiteatro, y la audioguía de 90 minutos acompaña el recorrido mientras el sol baja sobre el mar.

Quien visita el templo suele completar la jornada en el mismo tramo del Bukit: la ola que rompe a sus pies es la de la Playa de Suluban, los acantilados siguen hacia la Playa de Padang Padang, y el Kecak al atardecer tiene su eco en el sur de la península, en la Playa de Melasti.

Envuelto en un sarong en la entrada

Entrada del templo

Resumen de esta parada

El recorrido empieza nada más cruzar la taquilla, en la explanada previa a los caminos del acantilado. Aquí cada visitante recibe un sarong y una faja, incluidos con la entrada: sin ellos no se puede acceder al recinto del templo. Es el primer gesto que separa el exterior del espacio sagrado.

Ese umbral cobra sentido al saber dónde se está. Pura Luhur Uluwatu es un pura segara, un templo del mar, y a la vez uno de los templos direccionales de Bali, una combinación que no se repite en ningún otro lugar de la isla. Su dedicación a Rudra y el porqué de vestirse para entrar en él se desgranan en la narración, en la misma explanada.

El templo del promontorio

Mirador del acantilado

Resumen de esta parada

Desde el mirador con barandilla del paseo del acantilado norte, el templo aparece encaramado en el promontorio del sur, al filo de la caliza, con el mar setenta metros más abajo. Es la vista que explica el lugar: la isla termina aquí y el templo se planta justo en ese borde. Los templos del mar de Bali forman, según la tradición, una cadena de protección espiritual alrededor de la costa, y al de Uluwatu se le atribuye la misión de proteger la isla contra el mal.

De este punto parte también la historia de los sabios que eligieron el acantilado: Empu Kuturan, que amplió el templo en el siglo XI, y Dang Hyang Nirartha, al que se atribuye el santuario padmasana. Y junto a ellos, los habitantes más visibles del recinto: los macacos de cola larga, célebres por arrebatar chanclas, gafas de sol y móviles. Los primatólogos han documentado que los monos de Uluwatu aprenden a canjear lo robado por comida y transmiten esa habilidad a sus crías. Cómo funciona ese trueque se cuenta en el mirador, con la tropa a la vista.

La puerta partida y el bosque que la guarda

Puerta partida

Resumen de esta parada

Ante el patio exterior se alza el candi bentar, la puerta partida de piedra tallada. Más allá queda el patio interior, cerrado a quien no acude a rezar, con los meru escalonados asomando por encima. El santuario de Rudra se intuye, pero no se pisa.

Este templo vive según su propio calendario. Su piodalan, la fiesta de aniversario, llega cada 210 días, en el día Selasa Kliwon de la semana de Medangsia del calendario balinés. Y tiene un guardián vegetal: delante del templo crece un pequeño bosque, el alas kekeran, protegido por la ley consuetudinaria de la aldea de Pecatu como colchón para la santidad del lugar. Una norma provincial de 2009 que intentó prohibir la construcción en cinco kilómetros a la redonda desembocó en años de pleitos con la aldea.

Aquí entra también la tradición documentada sobre Nirartha: se cuenta que el sabio terminó su viaje terrenal en este acantilado alcanzando el moksha, la liberación del ciclo de renacimientos, y que de ese ascenso, ngeluhur, «subir», procede el nombre Luhur. Un hombre santo que, según el relato, simplemente subió desde aquí y no volvió a bajar.

Un coro de voces para el atardecer

Anfiteatro del Kecak

Resumen de esta parada

Las gradas de piedra del anfiteatro del Kecak, al aire libre sobre el mar, acogen hasta 1.400 personas. Cada tarde, a las seis, comienza allí la danza Kecak basada en el Ramayana, con el atardecer como telón de fondo: Uluwatu es el lugar más popular de Bali para verla. La función dura algo menos de una hora y las antorchas solo se encienden en el acto final.

El Kecak tomó su forma en los años treinta del siglo XX, cuando el pintor alemán Walter Spies y el bailarín balinés Wayan Limbak convirtieron el ritual de trance sanghyang y su coro masculino en un drama del Ramayana. No hay instrumentos: los sustituye un coro de hombres que canta «cak». Con el torso desnudo, los cantores forman círculos concéntricos alrededor de una lámpara de aceite de coco y encarnan al ejército de monos de Rama, en una historia que va del ciervo dorado y el rapto de Sita a la búsqueda de Hanuman y la batalla final contra Ravana.

Bajo las gradas, la roca guarda su propia leyenda: según el folclore local, el peñasco sobre el que se asienta el templo es un fragmento de la barca petrificada de la diosa Dewi Danu. Lo que esa leyenda añade al espectáculo se reserva para la narración en el anfiteatro, mientras el sol cae al mar.

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