Patrimonio UNESCO
Audioguía Canales de agua de Hongcun
Un arroyo de montaña desviado hace seis siglos corre ante cada puerta de Hongcun y se cuela bajo sus salones: no se trazaron las calles y luego se les puso agua, fue el agua la que dibujó la aldea.
- 20 min de audio
- Ingeniería hidráulica
La red de canales de piedra de Hongcun nació hacia 1405, cuando el clan Wang, castigado durante generaciones por incendios y sequías, siguió el consejo de los geomantes y desvió parte de un arroyo de montaña hacia el interior de la aldea. Una presa de piedra en la cabecera y un canal de mampostería que avanza solo por la pendiente del terreno bastaron para llevar agua fresca a cada casa. El trazado, de «nueve recodos y diez curvas», marcó el curso de calles y callejones, y unos doscientos años después el sistema se completó con el Lago del Sur. Al inscribir Hongcun como Patrimonio Mundial en 2000, la UNESCO destacó esa integración de las casas con un sistema de agua completo como un ejemplo único superviviente.
En el plano simbólico de la aldea, dibujada como un buey, este canal sinuoso es el intestino del animal. Y sigue funcionando como el primer día: una vieja regla del clan, según la tradición, reservaba el agua para beber hasta las ocho de la mañana; hoy los vecinos aún lavan ropa y verdura en sus piedras-escalón, y durante el diluvio de junio de 2024 la calle anegada se secó, según el jefe del comité de aldea, en menos de media hora.
Qué ver
- Presa de cabecera — el origen del canal, hacia 1405
- Canal principal — nueve recodos y diez curvas ante cada puerta
- Piedras-escalón — el lavadero cotidiano de la aldea
- Deyi Tang — estanque de 1815 alimentado por el canal
- Calle del canal — el agua siempre a la misma altura
Quien planifica qué ver en Hongcun suele pensar en sus salones de clan y en el Estanque de la Luna, pero el hilo que lo une todo corre a ras de suelo. La aldea fue fundada en 1131 por el clan Wang y, durante sus primeros siglos, lejos del arroyo, los incendios arrasaron muchas casas y hubo años de sequía sin cosecha. En la era Yongle (1403–1424), el jefe del clan hizo estudiar el terreno a un maestro de fengshui, reordenó los edificios e introdujo el agua: hacia 1405 se excavó el canal que hoy sigue corriendo junto a las fachadas. La historia de los canales de agua de Hongcun es también la de su arquitectura, porque la retícula de calles se levantó siguiendo el curso del agua, y algunas familias llegaron a meterla dentro de casa. Hay discrepancias sobre su longitud, que unas fuentes cifran en algo más de cuatrocientos metros y otras en unos 1.200, probablemente porque miden el tramo principal o toda la red. El recorrido completo, de la presa al lugar por donde el agua abandona la aldea, cobra sentido al seguir la corriente con la audioguía, parada a parada.
El canal desemboca en el Estanque de la Luna y de allí el agua sigue hasta el Lago del Sur; su origen, el arroyo Xixi, pasa junto a los árboles antiguos de la entrada.
La presa que nació del fuego
Presa del arroyo Xixi
Resumen de esta parada
En la cabecera de la aldea, un muro de piedra cruza el arroyo de orilla a orilla y desvía parte de su caudal hacia un canal de mampostería. No hay bombas ni ruedas: el agua avanza aprovechando solo el desnivel del terreno. Las fuentes no se ponen de acuerdo en el nombre del arroyo, que una versión llama arroyo del Oeste y otras designan de formas distintas, pero sí en el motivo de la obra. Junto a la presa se alza la réplica de una estela cuyo original se erigió en la primavera de 1434 para explicar por qué el clan Wang construyó el sistema hidráulico: dos siglos de incendios y de años de gran sequía.
La autoría del trazado sigue en discusión. Una versión lo atribuye a Wang Siqi, que contrató tres veces al geomante He Keda, de Haiyang (la actual Xiuning); otra se lo adjudica a una mujer, Hu Zhong, que habría fijado el plan hidráulico de la aldea en época Ming. Hasta esta misma presa subió en febrero de 2000, bajo una llovizna intermitente, el experto de ICOMOS enviado a evaluar la candidatura a Patrimonio Mundial. Lo que concluyó tras recorrer el canal se guarda para la narración, en el punto donde el agua empieza su viaje.
El intestino del buey y la regla de las ocho
Acequia del callejón
Resumen de esta parada
En los callejones, la acequia corre pegada a las fachadas, con agua clara y siempre en movimiento. Delante de las puertas, unas losas descienden hasta el agua: son las piedras-escalón, usadas durante siglos para lavar ropa y verdura, sacar agua o regar los huertos. El canal era el agua corriente de la aldea antigua, y un dístico lo resume: para lavar y sacar agua no hacía falta ir lejos al arroyo, porque en cada puerta y callejón corría un manantial claro.
Según la tradición, la regla de los antepasados del clan Wang establecía que el agua del canal servía para beber hasta las ocho de la mañana y que solo a partir de esa hora podía usarse para lavar; otra versión habla de agua para cocinar, y el texto original del reglamento no se conserva en lo consultado. Este tramo también desvela la lectura simbólica de la aldea: Hongcun se concibe como un buey, con la cabeza en el cerro Leigang, los cuernos en los dos árboles de la entrada, el cuerpo en las casas y las patas en cuatro puentes antiguos. El canal sinuoso es su intestino.
Cuando el arroyo entra en casa
Tramo cubierto del canal
Resumen de esta parada
En algunos puntos, el canal desaparece bajo un muro o un umbral, atraviesa salones y patios y reaparece en la calle. Ciertas familias fueron más allá y desviaron el agua hasta el interior de sus casas para crear patios de agua con estanques de peces, como Biyuan o Deyi Tang. Este último, de 1815, tiene ante el salón un estanque comunicado con el canal por una conducción oculta y rodeado de jardines: agua en el jardín y jardín en el agua.
Ese lujo tiene un precio, porque en la oscuridad de los tramos cubiertos el lodo se asienta. Cuando Hongcun se inscribió en 2000, la erosión del entorno había hecho bajar el nivel del agua y encenagado los cauces, aunque la mayor parte del sistema seguía en un estado razonable. Por eso, cada año, en el primer mes y normalmente antes del Año Nuevo chino, la aldea entera limpia el barro con palas, cada vecino en el tramo junto a su casa, sin maquinaria para no dañar los materiales antiguos. En los puntos más difíciles alguien tiene que meterse dentro a cavar. Cuenta la leyenda que, cuando no existían herramientas para desatascarlos, en estos tramos se criaban tortugas que, con su ir y venir constante, impedían que el lodo se asentara.
La aldea que no se inunda
Calle del canal
Resumen de esta parada
Aguas abajo, la corriente funciona como una brújula: remontarla lleva hacia el interior de la aldea y seguirla, hacia la salida y el Lago del Sur. El agua pasa por el Estanque de la Luna, continúa hasta el Lago del Sur, riega campos y frutales y regresa al río. Llueva o no, su nivel se mantiene a una altura fija, algo por debajo de los puentecillos de losa que dan acceso a las puertas, y ese diseño de agua viva todo el año explica que la aldea haya superado repetidas crecidas.
La prueba más reciente llegó en 2024, cuando cayeron en Huangshan de media 590 mm de lluvia entre el 18 y el 28 de junio, y muchos lugares turísticos cerraron. Hongcun siguió abierto: se cerraron las compuertas de la presa para que los canales solo tuvieran que evacuar la lluvia y, según el jefe del comité de aldea, el agua que rebosó a la calle no llegó a 20 cm y se retiró en menos de media hora. Es la integración de casas y agua que la UNESCO consideró única en 2000, y que los vecinos siguen usando para lavar a diario. La comparación con dos grandes ciudades europeas que dejó la visita de evaluación de aquel año queda para el final del recorrido.