Arquitectura contemporánea
Audioguía Setas de Sevilla (Metropol Parasol)
Seis parasoles de madera de 26 metros de alto cubren la plaza de la Encarnación como un bosque sin hojas: debajo, un mercado de abastos y casas romanas y almohades a pocos metros de la calle; encima, una pasarela que serpentea sobre los tejados hasta plantarse frente a la Giralda. Lo que parece una nave posada en el casco antiguo es la última capa de un solar que fue convento, mercado y aparcamiento, y que estuvo a punto de no existir.
- 30 min de audio
- Mirador sobre el casco antiguo
El proyecto Metropol Parasol nació en 2004, cuando el arquitecto berlinés Jürgen Mayer ganó el concurso internacional de ideas para rehabilitar la plaza de la Encarnación entre 65 propuestas. Las obras arrancaron el 26 de junio de 2005 con 50 millones de euros de presupuesto y la promesa de terminar en 2007; se inauguraron el 27 de marzo de 2011, tras unos hallazgos arqueológicos que congelaron la excavación y un informe de la ingeniería Arup que declaró inviable la estructura tal como estaba diseñada. El coste final rondó los 100 millones. El resultado es una retícula de madera microlaminada de 150 metros de largo y 70 de ancho, apoyada en seis pilares y protegida del sol sevillano por una piel de poliuretano de dos o tres milímetros.
El solar tiene cuatro niveles y cada uno es una época. Bajo tierra, el Antiquarium conserva más de 4.500 m² de casas romanas del siglo I y restos islámicos del siglo XII, con el mosaico de los amores de Neptuno como pieza mayor. A pie de calle sigue el mercado de abastos, heredero del que ocupó la plaza desde el siglo XIX hasta su demolición en 1973. Y encima, dos niveles de terrazas y una pasarela ondulada. Hasta el nombre tiene historia: la ciudad llamó «Setas» al proyecto desde el primer día y, según se cuenta, en 2013 el apodo pasó al rótulo oficial porque el nombre serio estaba registrado como marca.
Qué ver
- Seis parasoles — 150 x 70 metros de madera microlaminada sobre seis pilares, a 26 metros de alto
- Antiquarium — Casas romanas del siglo I y restos almohades bajo la plaza: más de 4.500 m² visitables
- Mosaico de Neptuno — Los amores del dios del mar, la pieza que detuvo una obra de 50 millones
- Más de 3.000 nudos — Barras de acero encoladas que un informe de 2007 puso en duda
- Pasarela y mirador — El paseo ondulado sobre las copas, con la Giralda enfrente
Las Setas de Sevilla, nombre oficial del proyecto Metropol Parasol, cubren la plaza de la Encarnación con seis parasoles de madera microlaminada de unos 26 metros de alto, 150 de largo y 70 de ancho, apoyados en seis pilares que se ensanchan hacia arriba como troncos. El proyecto lo firmó el arquitecto berlinés Jürgen Mayer, ganador en 2004 de un concurso internacional de ideas al que se presentaron 65 propuestas. Las obras comenzaron el 26 de junio de 2005, con un coste estimado de 50 millones de euros y final previsto para junio de 2007; la inauguración oficial llegó el 27 de marzo de 2011, aunque algunas referencias dan la obra por terminada en abril, y la factura se había triplicado hasta unos 100 millones. En medio quedaron una excavación que destapó casas romanas y un informe de la ingeniería Arup, de mayo de 2007, que declaró técnicamente inviable la estructura tal como estaba diseñada.
La historia de las Setas de Sevilla empieza mucho antes del hormigón y la madera. La plaza toma su nombre del convento de la Encarnación, de la Orden de San Agustín, derribado durante la invasión francesa a comienzos del siglo XIX para abrir el espacio. En su centro se levantó en el siglo XIX un mercado de abastos, mutilado en 1948 y demolido en 1973 por su estado ruinoso; durante más de tres décadas el solar fue un aparcamiento en superficie y cochera de autobuses. Lo que hoy se ve es la última capa de ese palimpsesto, con cuatro niveles que son cuatro épocas: el Antiquarium bajo tierra, el mercado a pie de calle y dos plantas de terrazas panorámicas arriba.
La arquitectura de las Setas de Sevilla es una retícula ortogonal de piezas de madera Kerto-Q de 1,50 por 1,50 metros, unidas en más de 3.000 nudos mediante barras de acero encoladas y protegidas por un revestimiento de poliuretano de dos a tres milímetros. Se promociona como la estructura de madera más grande del mundo, una etiqueta más comercial que récord homologado. Qué ver en las Setas de Sevilla se ordena en cuatro paradas, de la escalinata sur al balcón frente a la Giralda pasando por el yacimiento y la pasarela, en un recorrido que baja al sótano y sube hasta el mirador sin desandar camino, y que cobra todo su sentido escuchado allí con la audioguía. De abril a octubre, además, la madera cambia de piel al anochecer con el espectáculo de luces «Aurora», desde las 21:30 hasta la una de la madrugada.
A unos diez minutos a pie hacia el sur espera la Catedral de Sevilla, cuyo gótico dialoga con esta madera del siglo XXI. El otro gran mirador de la ciudad, el medieval, es la Torre del Oro, junto al río.
Un solar con cuatro vidas antes de las setas
Plaza de la Encarnación
Resumen de esta parada
Al pie de la escalinata sur, la primera mirada se va hacia arriba, a la malla de madera y a los pilares que se abren como troncos de seta. Pero el suelo que pisa el visitante tiene una biografía más larga que la estructura que lo cubre. Aquí estuvo el convento de la Encarnación, de la Orden de San Agustín, hasta que la invasión francesa lo derribó a comienzos del siglo XIX para abrir la plaza que hoy lleva su nombre. En el hueco se construyó un mercado de abastos decimonónico, al que en 1948 se le amputó el tercio meridional y que en 1973 se demolió entero por ruina.
Lo que vino después fue nada: más de treinta años de aparcamiento en superficie y cochera de autobuses en pleno casco antiguo, el solar vacío más célebre de Sevilla. El edificio que lo rellenó se organiza en cuatro niveles, como estratos de una excavación al revés: el Antiquarium bajo tierra (nivel 0), el mercado a pie de calle (nivel 1) y, sobre él, dos niveles de terrazas panorámicas.
La plaza recién estrenada tuvo también una vida política fulminante. En mayo de 2011, apenas dos meses después de la inauguración, la acampada sevillana del movimiento 15-M se instaló bajo las copas y rebautizó el lugar como «Plaza 15 de mayo»: desde aquí salieron marchas de más de 20.000 personas a finales de ese mes, y en junio otra terminó en este mismo punto, a 36 grados, con paraguas cargados de lemas a modo de sombra. Cómo un icono turístico recién inaugurado se convirtió en semanas en la casa de los indignados es el episodio que abre la narración bajo las copas.
Casas del siglo I bajo el puesto de pescado
Antiquarium
Resumen de esta parada
Unos metros por debajo del mercado, el Antiquarium conserva lo que detuvo la obra. Cuando las máquinas empezaron a excavar el solar en 2005, con 50 millones de presupuesto y la entrega prevista para junio de 2007, aparecieron ruinas romanas y andalusíes, y el proyecto quedó congelado. El hallazgo, en lugar de borrarse, se convirtió en el corazón del edificio: un yacimiento de más de 4.500 m², el mayor visitable de Sevilla, que se recorre por pasarelas elevadas sobre muros, pavimentos y restos de casas.
El arco temporal es enorme para un solo sótano. Las casas más antiguas son romanas, del siglo I d. C., con sus suelos de mosaico; los restos más tardíos son islámicos, del siglo XII, de la Sevilla almohade. Doce siglos de vida doméstica superpuestos, a pocos metros por debajo de los puestos del mercado.
La pieza que concentra las miradas es el mosaico de los amores de Neptuno, el principal reclamo del museo. Qué escenas componen ese pavimento y qué historia guarda la casa a la que pertenecía es lo que desgrana la narración frente a él.
La madera que un informe declaró imposible
Pasarela sobre los parasoles
Resumen de esta parada
Sobre los parasoles, la pasarela permite pisar la propia estructura: una retícula ortogonal de piezas de madera microlaminada Kerto-Q de 1,50 por 1,50 metros, unidas en más de 3.000 nudos mediante barras de acero encoladas, un sistema diseñado por Arup y Finnforest Merk. Como la madera queda a la intemperie bajo el sol sevillano, toda la superficie va recubierta de un poliuretano de dos a tres milímetros que impide la entrada de agua pero deja respirar el vapor: esa piel clara y continua es lo que el visitante toca.
Este bosque estuvo a punto de no sostenerse. En mayo de 2007 la ingeniería Arup comunicó al Ayuntamiento que la estructura, tal como estaba diseñada, era técnicamente inviable; la solución con refuerzo encolado no se desarrolló hasta principios de 2009. Según se ha documentado, el gobierno municipal de Alfredo Sánchez Monteseirín no hizo público aquel informe hasta dos años después. Y en 2010, con la obra avanzada en torno a un 80 %, el entonces candidato a la alcaldía Juan Ignacio Zoido propuso prescindir de la cubierta de madera y de cuatro de las seis setas para ahorrar 20 millones de euros y abrir antes.
Al final fueron seis, pero con retraso y a un precio que triplicó lo previsto: unos 100 millones de euros en el momento de la inauguración, el 27 de marzo de 2011, una cifra que alimentó una larga polémica en la ciudad. Qué fallaba exactamente en el diseño original y cómo se resolvió nudo a nudo es la parte que la narración cuenta sobre la propia madera.
Un apodo de calle que acabó en el rótulo
Balcón panorámico de la pasarela
Resumen de esta parada
La pasarela serpentea hasta un balcón panorámico con la Giralda enfrente y los tejados del casco antiguo alrededor. Desde aquí se entiende la escala del conjunto, 150 metros de largo por 70 de ancho y unos 26 de alto, y también su lógica: la forma que ideó Jürgen Mayer en 2004, ganadora entre 65 proyectos, tiene dos modelos sevillanos muy cercanos. Uno son las bóvedas de la catedral que se ve al fondo; el otro, los enormes ficus macrophylla de la plaza del Cristo de Burgos, a la vuelta de la esquina, cuya sombra funciona igual que la de estas copas.
Lo que parecía una nave espacial aterrizada en el centro resulta ser, mirado desde arriba, un homenaje a la ciudad que la rodea. Y la ciudad respondió a su manera: el nombre oficial era Metropol Parasol, pero los sevillanos lo rebautizaron enseguida como «Las Setas». Según se cuenta, el arquitecto había registrado el nombre del proyecto como marca y cobraría por su uso, así que en 2013 el Ayuntamiento optó por oficializar el apodo popular y rotular la obra como «Setas de Sevilla».
Es raro que un nombre nacido en la calle acabe en el cartel oficial de un monumento. Por qué pasó aquí, y qué tienen que ver unas bóvedas góticas y unos ficus centenarios con la silueta más fotografiada de la Sevilla moderna, es lo que remata la narración frente a la Giralda.