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Catedral de Sevilla

Foto: Diliff, CC BY-SA 3.0

Catedral gótica

Audioguía Catedral de Sevilla (Catedral de Santa María de la Sede y la Giralda)

Sevilla · 6 paradas · 40 min

La mayor catedral gótica se levantó a partir de 1401 sobre la mezquita mayor almohade, y la mezquita sigue de pie dentro de ella: su alminar es la Giralda, su patio de abluciones es el Patio de los Naranjos. Bajo un cimborrio que se hundió dos veces esperan el mayor retablo de la cristiandad y la tumba de Colón.

  • 40 min de audio
  • Mezquita almohade y gótico

La mezquita mayor de Sevilla se construyó entre 1172 y 1198 por encargo del califa Abu Yacub Yusuf, con 113 por 135 metros, 17 naves de arcos de herradura y un alminar coronado con cuatro esferas de bronce dorado. Consagrada como catedral de Santa María tras la entrada cristiana del 23 de noviembre de 1248, sirvió de templo durante más de 150 años, hasta que el 8 de julio de 1401 el cabildo acordó derribarla y levantar una obra «que no haya otra su igual». La piedra postrera se colocó en octubre de 1506.

La Giralda es tres torres apiladas: la base guarda siete aras romanas, una dedicada a un comerciante de aceite del siglo II; el fuste de ladrillo es el alminar almohade de 1184, y el cuerpo de campanas lo añadió Hernán Ruiz II entre 1558 y 1568. Arriba gira la estatua de la Fe, la veleta que al principio se llamó «Giralda» y acabó prestando su nombre a toda la torre.

Qué ver

  • Giralda — alminar almohade de 1184 sobre siete aras romanas, con campanario renacentista de 1568
  • Retablo mayor — 26 metros de nogal y castaño con más de 200 figuras, el mayor de la cristiandad
  • Tumba de Colón — cuatro heraldos de bronce con los restos llegados de La Habana en 1899
  • Cimborrio — la bóveda del crucero que se hundió en 1511 y volvió a caer en 1888
  • Patio de los Naranjos — el patio de abluciones de la mezquita, con un cocodrilo colgado sobre su puerta

La Catedral de Sevilla, Santa María de la Sede, es la mayor catedral gótica que existe, aunque el récord se formula de varias maneras: mayor edificio gótico de Europa, catedral de mayor superficie del mundo, certificada como tal en 1988, o sucesora de Santa Sofía como la mayor catedral del mundo cuando se terminó, a comienzos del siglo XVI. Lo que no admite discusión es sobre qué se levantó. Entre 1172 y 1198 el califa Abu Yacub Yusuf hizo construir aquí la mezquita mayor almohade, dirigida por Ahmad Ben Baso: 113 por 135 metros, 17 naves con arcos de herradura, un patio de abluciones y un alminar. Fernando III entró en la ciudad el 23 de noviembre de 1248 y la mezquita se consagró como catedral de Santa María; funcionó como templo cristiano durante más de 150 años, con una Capilla Real para el propio Fernando, Beatriz de Suabia y Alfonso X.

La historia de la Catedral de Sevilla cambia de rumbo el 8 de julio de 1401. El terremoto de 1356 había dañado la vieja mezquita y el cabildo acordó derribarla y levantar un templo nuevo; el acta de aquel día pedía una obra «una tal y tan buena, que no haya otra su igual». La frase que suele citarse, «hagamos una iglesia tan hermosa y tan grandiosa que los que la vieren labrada nos tengan por locos», procede de la tradición oral sevillana, no del documento. En octubre de 1506 se colocó la piedra postrera en lo alto del cimborrio, sin festejos; cinco años después, el 28 de diciembre de 1511, esa misma bóveda se vino abajo. Volvería a hacerlo en 1888.

Y sin embargo la mezquita no desapareció. Su alminar de 1184 sigue en pie convertido en la Giralda, con el remate renacentista que Hernán Ruiz II le añadió entre 1558 y 1568; su patio de abluciones es el Patio de los Naranjos, y la Puerta del Perdón sigue siendo la entrada desde la calle Alemanes. Qué ver en la Catedral de Sevilla se ordena en seis paradas, de la plaza Virgen de los Reyes al patio de la mezquita, pasando por el Giraldillo a tamaño real, la tumba de Colón, el mayor retablo de la cristiandad y las 35 rampas de la torre. La arquitectura de la Catedral de Sevilla, almohade, gótica y renacentista a la vez, se entiende del todo recorriéndola con la audioguía, parada a parada.

Al otro lado de la plaza del Triunfo se levanta el Real Alcázar de Sevilla, con el que la catedral comparte la declaración de Patrimonio Mundial, y a su espalda arranca el Barrio de Santa Cruz, la antigua judería. A unos diez minutos a pie hacia el norte, las Setas de Sevilla ponen el contrapunto de madera al gótico de 1401.

Una torre leída de abajo arriba

Plaza Virgen de los Reyes

Resumen de esta parada

Desde la plaza Virgen de los Reyes la Giralda se lee como un libro de épocas. En la primera hilada de la base, durante unas obras de la década de 1990, aparecieron siete aras romanas; una de ellas está dedicada a Marco Julio Hermesiano, comerciante de aceite de Astigi, la actual Écija, en el siglo II. Encima, el fuste de ladrillo del alminar que se empezó en otoño de 1184 con sillares sacados del palacio de Ibn Abbad. Y más arriba, de otra piedra y otro tiempo, el cuerpo de campanas renacentista de Hernán Ruiz II, levantado entre 1558 y 1568. Su altura se da como 94,69 metros hasta el Giraldillo o como 104 o 105 desde el suelo hasta la veleta, según cómo se mida.

El 10 de marzo de 1198, tras la victoria almohade de Alarcos, el alminar se coronó con el yâmûr: cuatro grandes esferas de bronce dorado, tan grandes que la mayor no cabía por la puerta de los Almuédanos. Las cuatro cayeron con el terremoto del 24 de agosto de 1356. En su lugar, el 13 de agosto de 1568, se izó la estatua de la Fe fundida por Bartolomé Morel. A esa veleta se la llamó al principio «Giralda», y el nombre acabó bajando hasta los cimientos para designar a toda la torre.

El campanario conserva además un ritual vivo. A medianoche del 28 de junio y a las 9:30 y las 12 de la mañana del 29, los músicos de la Banda de cornetas y tambores Nuestra Señora del Sol tocan desde arriba las «Lágrimas de San Pedro», una melodía que repiten tres veces en cada una de las cuatro caras de la torre, en recuerdo de las lágrimas del apóstol tras negar a Jesús tres veces. La costumbre se remonta a 1403 y se interrumpió dos veces, entre 1839 y 1865 y entre 1961 y 1986. Qué toca exactamente la Giralda esa noche y por qué estuvo a punto de callarse para siempre se cuenta en la narración, al pie de la torre.

La Fe, a tamaño real, en la acera

Puerta del Príncipe

Resumen de esta parada

Ante la Puerta del Príncipe espera una figura que casi nadie ha visto de cerca: el Giraldillo. La veleta original mide 3,5 metros y pesa unos 1300 kilos, y en 1997 se bajó de la torre para una restauración a cargo del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico que se prolongó hasta 2003 y costó 720.000 euros. La copia en bronce fundida en 1998 para sustituirla mientras tanto es la que hoy se planta a pie de calle, y permite medir con los ojos lo que desde abajo parece un adorno.

Esa misma escala sirve para entender la ambición del cabildo del 8 de julio de 1401, cuando decidió derribar la mezquita dañada por el terremoto de 1356 y pedir una obra «una tal y tan buena, que no haya otra su igual». El acta original se perdió y la recogió Ceán Bermúdez en 1801; la versión popular, la de los canónigos que querían pasar por locos, es un añadido de la tradición. Qué se perdió de la mezquita en aquella decisión y qué se decidió conservar, con la veleta de 1300 kilos como testigo, lo revela la narración en este punto.

Cuatro reinos cargan con Colón

Monumento funerario de Colón

Resumen de esta parada

En el brazo sur del crucero, frente a la Puerta del Príncipe, cuatro heraldos de bronce de 260 centímetros y rostros de alabastro llevan un féretro a hombros. Representan a Castilla, León, Aragón y Navarra, y dentro del féretro están los restos de Cristóbal Colón. Llegaron de La Habana en 1899, tras la pérdida de Cuba, como parte del equipaje de un imperio que se replegaba, y el 17 de noviembre de 1902 se instalaron en el monumento diseñado por Arturo Mélida.

Que sean de verdad los huesos de Colón se discutió durante un siglo. Santo Domingo sostiene que nunca salieron de su catedral, y otra teoría los sitúa en la Cartuja de Sevilla. En 2006 un estudio de ADN mitocondrial de la Universidad de Granada, que los comparó con los de su hermano Diego, avaló los de Sevilla, aunque el debate no se ha cerrado del todo en la otra orilla del Atlántico. Qué viaje hicieron estos restos antes de llegar a hombros de cuatro reinos, y qué dice cada heraldo con su postura, se escucha ante el monumento.

Una bóveda que cayó dos veces y un muro de oro

Cimborrio del crucero

Resumen de esta parada

En el centro del crucero, la mirada sube a la bóveda y baja al retablo. El cimborrio se terminó en octubre de 1506 con la colocación de la piedra postrera; el arzobispo Diego de Deza, demasiado viejo para subir, siguió la ceremonia desde la capilla de la Virgen de la Antigua, y no hubo festejos por la muerte reciente de Felipe el Hermoso. El 28 de diciembre de 1511 el fallo de un pilar lo hundió. Juan Gil de Hontañón diseñó el nuevo, que se desplomó otra vez el 1 de agosto de 1888 y arrastró en la caída el órgano de Jordi Bosch; Joaquín Fernández lo reconstruyó con la misma forma, que es la que hoy se ve.

Delante, tras una reja renacentista de hierro dorado, se alza el retablo mayor: 26 metros de alto, 18 de ancho y 5 de fondo, más de 200 figuras talladas en nogal y castaño con decenas de escenas de la vida de Cristo. Lo inició Pedro Dancart en 1482 y se dio por terminado en 1564, tras pasar por manos como las de Jorge Fernández, Roque Balduque y Juan Bautista Vázquez el Viejo. Es el mayor retablo de la cristiandad, y convierte en madera dorada la ambición de piedra del acta de 1401. Qué escena esconde cada calle del retablo y qué quedó bajo los escombros de 1888 se cuenta aquí, mirando arriba.

Treinta y cinco rampas y una casa dentro de la torre

La Giralda

Resumen de esta parada

La Giralda no se sube por escaleras. Son 35 rampas que giran en torno al núcleo de la torre, con ventanas que van asomando a la ciudad, y un tramo final de 17 escalones hasta el cuerpo de campanas, donde cuelgan 25 campanas. Las rampas son lo bastante anchas para un caballo, y de ahí la imagen tan repetida del almuédano que subía montado a llamar a la oración; conviene decir que no hay prueba documental de ello, y que el jinete es una interpretación más que un hecho.

Las cámaras interiores de la torre fueron vivienda. En ellas residieron el alcaide de la Giralda y los campaneros con sus familias, y según una tradición documentada en una de ellas nació la monja Bárbara de Santo Domingo, célebre por sus visiones místicas y conocida por eso como «la Hija de la Giralda». Cómo era la vida tras estos muros de ladrillo y qué se oye desde el cuerpo de campanas cuando suenan las 25 a la vez se descubre subiendo con la narración en los oídos.

El patio de la mezquita, con naranjos y un cocodrilo

Patio de los Naranjos

Resumen de esta parada

El recorrido termina donde empezó todo, dentro de la propia mezquita almohade. El Patio de los Naranjos, de 43 por 81 metros, fue el patio de abluciones del templo que Abu Yacub Yusuf mandó construir entre 1172 y 1198, y su fuente sigue en el centro, entre hileras de naranjos. Tras la entrada cristiana de 1248 el patio sirvió de cementerio, de recinto de las ferias anuales de la ciudad y de lugar de predicación. Se entra por la Puerta del Perdón, la antigua puerta de la mezquita desde la calle Alemanes, con arco de herradura, hojas de madera forradas de bronce y yeserías de Bartolomé López de 1522.

Entre el patio y la catedral se abre la Puerta del Lagarto, y en la galería cubierta cuelga del techo un cocodrilo con un colmillo de elefante, una vara de mando y un bocado de caballo. Según la leyenda, formaban parte de los regalos que el sultán de Egipto envió a Alfonso X el Sabio hacia 1260 para pedir la mano de su hija: el rey rechazó la boda pero se quedó con los presentes. El cocodrilo que se ve hoy es una talla de madera del siglo XVI, réplica del original, y una explicación más prosaica dice que servía para espantar a las aves.

Aquí se cierra la tesis del recorrido: no una catedral sobre las ruinas de una mezquita, sino una mezquita que sigue de pie dentro de una catedral, con su alminar, su patio y su agua todavía en uso. Qué fue del bocado de caballo que, se cuenta, perteneció a una jirafa domesticada, y por qué el patio pasó de los muertos a las ferias, se escucha junto a la fuente.

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