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Real Alcázar de Sevilla

Foto: Benjamin Smith, CC BY-SA 4.0

Palacio real

Audioguía Real Alcázar de Sevilla

Sevilla · 6 paradas · 45 min

Un califa fundó aquí su casa de gobierno en 913 y un rey castellano, Pedro I, levantó encima un palacio a la manera andalusí con inscripciones árabes que lo llaman «Sultán Don Bidru». Once siglos después, el Real Alcázar de Sevilla sigue siendo residencia de la familia real: el palacio real en uso más antiguo de Europa.

  • 45 min de audio
  • Arquitectura mudéjar

El Real Alcázar de Sevilla nació en 913 como Dar al-Imara, el recinto de gobierno que Abderrahmán III ordenó levantar junto al puerto, en el flanco sur de la ciudad. Los almohades lo rehicieron por completo en el siglo XII, Alfonso X añadió un palacio Gótico entre 1252 y 1260 y Pedro I, tras el terremoto de 1356, construyó el palacio Mudéjar con artesanos de Toledo, Granada y Sevilla. Desde 1987 forma, con la Catedral y el Archivo de Indias, un conjunto declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.

La belleza más refinada convivió aquí con la sangre. En el mismo palacio donde Carlos V se casó en 1526 bajo la cúpula dorada del salón de Embajadores, Pedro I hizo matar a golpes de maza a su hermanastro don Fadrique en 1358, y la leyenda asegura que la mancha sigue en el mármol. Bajo el patio del Crucero, un estanque abovedado sobrevivió al terremoto de Lisboa de 1755 que arrasó el palacio Gótico.

Qué ver

  • Fachada de Pedro I — letras góticas castellanas y azulejos con inscripción árabe, fechada en 1364
  • Patio de las Doncellas — la alberca enterrada bajo mármol en 1580 y recuperada en 2002
  • Salón de Embajadores — cúpula dorada de 1427 y 56 retratos de reyes, de Chindasvinto a Felipe III
  • Baños de María Padilla — diez tramos de bóvedas bajo el patio del Crucero que resistieron el terremoto de 1755
  • Fuente de la Fama — la única fuente de su estilo en España, con un órgano de agua que suena cada hora en punto

El Real Alcázar de Sevilla es un recinto de gobierno que lleva once siglos en uso. En 913 el califa de Córdoba Abderrahmán III an-Násir ordenó levantar en el flanco sur de la ciudad, junto al puerto, la Dar al-Imara: un recinto casi cuadrado de unos 100 metros de lado construido donde antes se alzaba una basílica cristiana visigoda. Los almohades lo reformaron por completo en el siglo XII y lo unieron con murallas a otras fortificaciones hasta el cauce del Guadalquivir. Tras la conquista castellana de 1248, Fernando III no tocó nada y la corte vivió décadas en salas almohades; Alfonso X levantó el palacio Gótico entre 1252 y 1260, y Pedro I, tras el terremoto de 1356, el palacio Mudéjar que hoy da fama al conjunto. En 1987 la UNESCO inscribió la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias como Patrimonio Mundial.

La historia del Real Alcázar de Sevilla es también la de la Corona. Aquí crearon los Reyes Católicos en 1503 la Casa de Contratación de Indias, que regulaba el comercio y la navegación con América hasta su traslado a Cádiz en 1717; aquí, según una tradición documentada, Isabel I dio a luz el 30 de junio de 1478 al príncipe Juan, en la estancia que desde entonces se llama cuarto del Príncipe; y aquí se casó Carlos V con Isabel de Portugal en 1526. La familia real sigue alojándose en el Palacio Alto cuando visita Sevilla, lo que convierte el edificio en el palacio real en uso más antiguo de Europa. El cine también lo ha habitado: «Lawrence de Arabia» rodó aquí en 1962 y «Juego de Tronos» lo convirtió en el reino de Dorne en 2015 y 2016.

La arquitectura del Real Alcázar de Sevilla se lee como capas superpuestas: cada rey, musulmán o cristiano, construyó encima del anterior sin borrarlo. Arcos almohades de herradura convertidos en medio punto, yeserías de artesanos de Toledo, Granada y Sevilla, un piso renacentista de Carlos V sobre el patio de las Doncellas, un entresuelo neomudéjar de 1847-1855 en el patio de las Muñecas, donde, según la creencia popular, dar con las nueve caritas talladas en el arranque de un arco trae suerte, y una muralla del siglo XII disfrazada de gruta en 1612. Qué ver en el Real Alcázar de Sevilla se ordena en seis paradas, de la Puerta del León a la Fuente de la Fama, pasando por la fachada de Pedro I, el patio de las Doncellas, la cúpula del salón de Embajadores y los baños de María Padilla; cada una guarda un detalle que solo se entiende del todo recorriéndola con la audioguía.

La Catedral de Sevilla queda a un paso, en la misma plaza del Triunfo. Hacia el sur, a unos diez minutos a pie, se abre la Plaza de España, y hacia el río, a una distancia parecida, la Plaza de Toros de la Maestranza.

Una puerta con león para mil años de poder

Puerta del León

Resumen de esta parada

Desde la plaza del Triunfo, la Puerta del León abre la muralla exterior del recinto. El nombre parece del siglo XIX: antes se llamó de la Montería, y el motivo se discute. Ortiz de Zúñiga, en el siglo XVII, lo explicaba por la salida del rey con sus monteros de caza; José Gestoso, por unos relieves de cacería. Lo que no se discute es lo que protege: no un castillo cualquiera, sino el corazón del gobierno de Sevilla desde el califato de Córdoba.

En 913 Abderrahmán III an-Násir ordenó levantar aquí la Dar al-Imara, un recinto casi cuadrado de unos 100 metros de lado, junto al puerto y sobre el solar de una basílica cristiana visigoda. Los almohades lo rehicieron por completo en el siglo XII y lo enlazaron con un sistema de murallas que llegaba hasta el Guadalquivir. Al fondo del patio del León queda un lienzo de aquella muralla con tres pórticos; sus arcos nacieron de herradura y se transformaron en medio punto en época cristiana.

Ese doble origen, califal y almohade, es el que la UNESCO reconoció en 1987 al inscribir el conjunto de la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias como Patrimonio Mundial, testimonio de la civilización almohade y de la Sevilla cristiana. Qué fue de la basílica sobre la que se levantó el recinto y qué queda de ella bajo el patio es lo que la narración desvela frente a la puerta.

Letras góticas y árabes para un rey que firmaba como sultán

Patio de la Montería

Resumen de esta parada

La fachada del palacio de Pedro I preside el patio de la Montería: un gran alero de madera sobre mocárabes dorados, un mural de azulejos con inscripción en árabe y, debajo, una cenefa en letra gótica castellana que proclama que don Pedro «mandó fazer estos alcázares et estos palacios et estas portadas», fechada en la era de 1402, es decir, 1364. Dentro, otras inscripciones árabes llaman al rey castellano «Sultán Don Bidru». Una sola portada resume la paradoja de un monarca cristiano que encargó un palacio a la manera andalusí y se hizo nombrar como un sultán.

La tradición popular añade al patio un episodio oscuro. Se cuenta que en 1362 el rey nazarí Muhammed VI de Granada vino a Sevilla a pedir a Pedro I el fin de la guerra, que el rey lo hizo apresar durante un banquete junto a cincuenta caballeros de su séquito y que, a los pocos días, lo mató personalmente de una lanzada en Tablada. Al registrar el cadáver habría aparecido una gran espinela roja que pasó a manos del rey, y que años después reclamó el Príncipe Negro como pago por su ayuda en la batalla de Nájera: según esa tradición, es el llamado Rubí del Príncipe Negro, que hoy luce en el frente de la Corona Imperial del Estado británico.

Siglo y medio más tarde, este mismo patio controlaba el comercio de un continente. En 1503 los Reyes Católicos crearon en el Alcázar la Casa de Contratación de Indias, que regulaba el comercio y la navegación con América y revisaba las mercancías; ocupaba desde la actual plaza de la Contratación hasta el patio de la Montería, en las estancias del lado occidental donde hoy se visita el cuarto del Almirante, y no se trasladó a Cádiz hasta 1717. Qué dicen exactamente las inscripciones árabes del interior y por qué un rey castellano quiso leerlas sobre su cabeza se escucha frente a la fachada.

La alberca que pasó cuatro siglos bajo el mármol

Patio de las Doncellas

Resumen de esta parada

El patio de las Doncellas, de 21 por 15 metros, es el corazón del palacio Mudéjar. Pedro I lo mandó construir tras el terremoto de 1356, derribando tres edificios palatinos almohades para adosar su nuevo palacio al Gótico de Alfonso X. Las obras empezaron ese año y concluyeron en 1364, aunque otra lectura de las inscripciones sitúa el inicio en 1364 y el final en 1366; en cualquier caso, en 1366 estalló la guerra civil con su hermanastro Enrique II, que terminó con la muerte de Pedro en 1369. En la obra colaboraron artesanos de Toledo, Granada y Sevilla, y todo apunta a que su aliado nazarí, Muhammad V de Granada, envió a los suyos para ayudar en la construcción y la decoración. El piso alto renacentista es una adición de Carlos V, de entre 1540 y 1572.

El patio que hoy se contempla, con su alberca central y sus arriates hundidos un metro, estuvo oculto durante más de cuatro siglos. Entre 1580 y 1584 todo se enterró bajo una solería de mármol, y no volvió a ver la luz hasta las excavaciones arqueológicas iniciadas en 2002, dirigidas por Miguel Ángel Tabales. El nombre del patio, por cierto, se asocia a la historia apócrifa de un tributo anual de cien doncellas exigido por los gobernantes musulmanes a los reinos cristianos, un relato sin base histórica.

Entre arcos lobulados y yeserías, el palacio guarda también un fratricidio. En mayo de 1358 Pedro I atrajo al Alcázar a su hermanastro don Fadrique, maestre de Santiago, y unos ballesteros del rey lo mataron a golpes de maza. De aquel crimen nació la leyenda de que la sangre del maestre quedó indeleble en el mármol del suelo; las versiones populares no coinciden ni en la sala, que unos sitúan en la de la Justicia y otros en la de los Azulejos, ni en el arma, que en algunas se convierte en una daga empuñada por el propio rey. Todavía hay visitantes que recorren estas salas mirando al suelo. Dónde señala cada versión y qué hay de cierto en la mancha es lo que la narración cuenta bajo la galería.

Un cielo de oro para una boda imperial

Cúpula del salón de Embajadores

Resumen de esta parada

El salón de Embajadores se cubre con una cúpula semiesférica dorada, de las llamadas «media naranja», realizada por Diego Ruiz en 1427. Bajo ella corre un friso con 56 tablas pintadas por Diego de Esquivel entre 1599 y 1600 que retratan a los reyes desde Chindasvinto hasta Felipe III: una galería de poder que pone a monarcas godos, castellanos y Habsburgo en una misma fila. Completan la sala las puertas de madera del siglo XIV con inscripciones árabes y los balcones de madera del siglo XVI.

Aquí el poder se hacía espectáculo. En 1526 el emperador Carlos V, Carlos I de España, se casó bajo esta cúpula con su prima Isabel de Portugal, y para la ocasión se trazó ese mismo año el jardín de las Damas, que todavía se recorre entre setos de mirto. Lo que celebraba aquel enlace, y por qué un emperador eligió un palacio mudéjar para casarse, se revela bajo el oro de la cúpula con la narración en los oídos.

Lo que quedó bajo el palacio que se cayó

Baños de Doña María de Padilla

Resumen de esta parada

Tras la conquista castellana de 1248, Fernando III no reformó el Alcázar y la corte cristiana se instaló durante décadas en los espacios almohades. Fue Alfonso X quien, entre 1252 y 1260, construyó el palacio Gótico aprovechando el edificio principal, junto al actual patio del Crucero. De aquel palacio queda hoy mucho menos de lo que hubo.

El terremoto de Lisboa de 1755 destruyó buena parte del palacio Gótico. Tras la catástrofe, el jardín inferior del patio del Crucero, situado 4,7 metros por debajo, se rellenó de tierra, y desde el patio actual aún se distinguen los vestigios de aquel nivel. Solo sobrevivió el sótano abovedado conocido como baños de María Padilla, al que se accede desde el jardín de la Danza: una nave de diez tramos con bóvedas de crucería sobre un largo estanque de agua.

El nombre viene de la amante de Pedro I, aunque la estructura no guarda relación con ella: una fuente la data en el siglo XII almohade y otra la vincula al palacio Gótico de Alfonso X. Cuenta la leyenda que María de Padilla se bañaba en este estanque, las malas lenguas añaden que desnuda, y que los cortesanos, para ganarse el favor del rey, llegaban a beber del agua en la que ella se había bañado. En la penumbra húmeda del aljibe, la narración separa lo que dicen las piedras de lo que imagina la leyenda.

Una muralla disfrazada de gruta y una fuente que suena a órgano

Fuente de la Fama

Resumen de esta parada

En 1612 el arquitecto milanés Vermondo Resta transformó un lienzo de muralla almohade del siglo XII, que defendía también de las crecidas del arroyo Tagarete, en la Galería de Grutescos: piedras irregulares, imitaciones de mármol y frescos mitológicos de Diego de Esquivel convirtieron la vieja defensa en teatro de jardín. Su galería superior es visitable y se abre sobre los jardines.

Adosada a ella, en el jardín de las Damas, la Fuente de la Fama es la única fuente de su estilo que queda en España. Su mecanismo hidráulico, restaurado, hace sonar los tubos de un órgano cada hora en punto con el paso del agua, frente al jardín trazado en 1526, dividido en compartimentos de setos de mirto en torno a una fuente central con un Neptuno de bronce. No lejos, la Puerta de Marchena, una portada gótica del siglo XV traída en 1913 desde un palacio de los duques de Arcos, da paso al jardín de la China.

El Alcázar sigue vivo. Es la residencia de la familia real española cuando visita Sevilla, el palacio real en uso más antiguo de Europa: el Palacio Alto, sobre el palacio Mudéjar, está adscrito a Patrimonio Nacional, y el resto lo gestiona el Patronato del Real Alcázar. También ha sido escenario de cine, de «Lawrence de Arabia» en 1962 a «Juego de Tronos», que en sus temporadas quinta y sexta, en 2015 y 2016, lo convirtió en el reino de Dorne. Cómo funciona el órgano de agua y por qué una muralla acabó disfrazada de gruta es lo que se escucha frente a la fuente.

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