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Barrio de Santa Cruz

Foto: Anual, CC BY-SA 4.0

Antigua judería

Audioguía Barrio de Santa Cruz

Sevilla · 6 paradas · 35 min

El barrio más fotografiado de Sevilla es su antigua judería: asaltada en 1391, vaciada tras 1492 y rehecha a comienzos del siglo XX como un laberinto de plazas andaluzas pensado para el visitante. Bajo sus naranjos hay una iglesia que fue sinagoga, un pintor enterrado bajo una plaza y una calle que ya no existe.

  • 35 min de audio
  • Antigua judería de Sevilla

La judería de Sevilla se organizó en este sector del casco histórico tras la conquista de la ciudad por Fernando III de Castilla en 1248, cerrada por una muralla que la separaba del resto de la ciudad hasta la actual Puerta de la Carne. El 6 de junio de 1391 una multitud instigada por el arcediano de Écija Ferrand Martínez la asaltó y murieron unos 4000 judíos; las sinagogas pasaron a uso cristiano y el recinto se dividió en tres barrios con sus iglesias: San Bartolomé, Santa María la Blanca y Santa Cruz. Tras la expulsión de 1492 el barrio entró en una larga decadencia.

El aire «andaluz» que hoy lo define es casi un decorado. Entre 1912 y 1920 el marqués de la Vega-Inclán, comisario regio de Turismo, impulsó una reforma que creó plazas de estilo andaluz para dar color local al visitante, y hasta la cruz de forja de la plaza de Santa Cruz es una recién llegada: la hizo Sebastián Conde en 1692 para el cruce de Sierpes con Rioja y no se instaló aquí hasta 1921, sobre el solar de la iglesia derribada que da nombre al barrio.

Qué ver

  • Santa María la Blanca — Sinagoga del siglo XIII con portada gótica y nave barroca de 1662-1665
  • Plaza de Santa Cruz — El solar de la iglesia derribada en 1814 bajo el que yace Murillo
  • Callejón del Agua — El pasaje pegado a la muralla por donde corría el agua hacia el Alcázar
  • Calle Susona — La calavera de azulejo de la calle de la Muerte y la conspiración de 1480
  • Hospital de los Venerables — Asilo barroco de 1676 que hoy guarda la Santa Rufina de Velázquez

El Barrio de Santa Cruz es la antigua judería de Sevilla. Tras la conquista de la ciudad por Fernando III de Castilla en 1248, la comunidad judía se organizó en este sector del casco histórico, junto al Alcázar, y una muralla la separó del resto de la ciudad; el recinto terminaba en la actual Puerta de la Carne, llamada antes Bab Chauar o Puerta de las Perlas y después de Minjoar. El 6 de junio de 1391 una multitud instigada por el arcediano de Écija Ferrand Martínez asaltó la judería y mató a unos 4000 judíos, gran parte de la comunidad sevillana. Las sinagogas pasaron a uso cristiano y el recinto se dividió en tres barrios con sus iglesias: San Bartolomé, Santa María la Blanca y Santa Cruz. El Decreto de la Alhambra de 1492, que expulsó a los judíos de España, cerró el ciclo con una larga decadencia.

La historia del Barrio de Santa Cruz que hoy se pasea es, en buena medida, del siglo XX. En 1810, durante la ocupación francesa, se decretó la demolición de la iglesia parroquial de Santa Cruz para abrir una plaza; el templo cayó en 1814 y su solar es la plaza actual. Un siglo después, entre 1912 y 1920, el marqués de la Vega-Inclán, comisario regio de Turismo, impulsó una reforma que creó plazas de «estilo andaluz» para dar «color local» con fines turísticos. El propio marqués fue comprando casas en la calle Pimienta entre 1911 y 1912, la última el número 10 en marzo de 1912; en esa casa se alojó Joaquín Sorolla mientras pintaba un panel para la Hispanic Society, y en 1925 otra casa del barrio se dedicó a Washington Irving en recuerdo de su estancia en Sevilla. Las capas van mucho más atrás: según una tradición documentada, en la Edad Media aún quedaban en pie seis columnas de un templo romano en esta zona; en el siglo XIV Pedro I quiso llevarse una al Alcázar, se quebró durante el traslado y sus restos quedaron un tiempo donde hoy corre la calle Mateos Gago, mientras tres columnas del pórtico sobreviven en la calle Mármoles.

La arquitectura del Barrio de Santa Cruz se lee así por estratos: la portada gótica añadida a una sinagoga, el barroco del canónigo Justino de Neve en Santa María la Blanca y en el Hospital de los Venerables, la muralla del Alcázar que acompaña al Callejón del Agua, pasajes quebrados como el Callejón de la Judería, que enlaza la calle Vida con el Patio de Banderas, y las plazas con naranjos de la reforma de Vega-Inclán. En la calle Santa Teresa, el convento de San José del Carmen, el de las Teresas, que Teresa de Jesús instaló a finales de abril de 1576 en el antiguo palacio del banquero Pedro Morga, guarda en la vitrina de reliquias de su sacristía el manuscrito autógrafo de Las Moradas, escrito por la santa en 1577. Qué ver en el Barrio de Santa Cruz se ordena en seis paradas, de la iglesia que fue sinagoga al asilo barroco que hoy custodia un Velázquez, y cada una esconde algo que ya no está: una iglesia, un teatro, una calle entera. Lo que falta en cada plaza se entiende mejor recorriéndolas con la audioguía.

El barrio nace a la espalda de la Catedral de Sevilla y linda con el Real Alcázar de Sevilla, a unos doscientos metros. Hacia el sur, la Plaza de España queda a menos de un kilómetro.

Una sinagoga que se lee en una portada de iglesia

Iglesia de Santa María la Blanca

Resumen de esta parada

Al borde del barrio, Santa María la Blanca presenta una fachada gótica añadida a los pies de un edificio que no nació como iglesia: fue una sinagoga del siglo XIII, convertida al culto cristiano tras el asalto de 1391. Dentro, el templo cambia de siglo: entre 1662 y 1665 se reconstruyeron su nave y sus bóvedas en una obra promovida por el canónigo Justino de Neve, y la nave barroca descansa sobre columnas de mármol rojo.

Aquí empezaba la judería que Fernando III de Castilla dejó organizarse tras tomar Sevilla en 1248. Una muralla la separaba del resto de la ciudad y su recinto terminaba en la actual Puerta de la Carne, que antes se llamó Bab Chauar o Puerta de las Perlas y después de Minjoar. El barrio que hoy parece abierto a todas partes fue durante siglo y medio un recinto cerrado.

Qué queda del templo del siglo XIII bajo la nave barroca, y cómo una comunidad entera cabía detrás de aquella muralla, se revela al escuchar la narración frente a la portada.

Murillo bajo una plaza sin iglesia

Plaza de Santa Cruz

Resumen de esta parada

El barrio lleva el nombre de una iglesia que ya no existe. Santa Cruz fue una de las tres parroquias en que se dividió la antigua judería tras 1391, junto a San Bartolomé y Santa María la Blanca. En 1810, durante la ocupación francesa, se decretó su demolición para abrir una plaza; el templo fue derribado en 1814 y la plaza de Santa Cruz es, literalmente, su solar vacío.

Bajo ese suelo descansa Bartolomé Esteban Murillo. El pintor fue enterrado en 1682 en la iglesia de Santa Cruz y, al desaparecer el templo, su sepultura quedó bajo la plaza actual. Una lápida en la fachada oeste lo recuerda.

En el centro se alza una cruz de forja que tampoco es de aquí. La hizo en 1692 el rejero Sebastián Conde, de Almonte, para el cruce de las calles Sierpes y Rioja, y llegó a la plaza en 1921, dentro de la urbanización proyectada por Juan Talavera y Heredia en 1918. Popularmente se la conoce como Cruz de la Cerrajería, aunque se trata de la Cruz de la Sierpes; la de Cerrajería era otra cruz, de madera, hoy desaparecida. Por qué una plaza nueva necesitaba una cruz antigua lo cuenta la narración junto a la reja.

Agua para el rey junto a la muralla

Callejón del Agua

Resumen de esta parada

El Callejón del Agua corre adosado a la muralla y paralelo a los jardines del Real Alcázar, en el límite mismo del barrio. Es un pasaje estrecho, de sombra y eco, que no nació para pasear: su nombre viene de la conducción que llevaba el agua de los Caños de Carmona hasta los Reales Alcázares.

Del lado de la calle, el callejón se recorre como una frontera; del otro lado del muro quedan los jardines del palacio real. Por dónde corría exactamente el agua y qué separa este pasaje de los jardines del Alcázar se cuenta con la narración entre sus muros.

La calavera de la calle de la Muerte

Calle Susona

Resumen de esta parada

En el número 10 de la calle Susona, llamada popularmente calle de la Muerte, dos azulejos recuerdan a Susona Ben Susón, hija de Diego Susón; uno de ellos lleva una calavera. Diego Susón fue uno de los cabecillas de una conspiración de hacia 1480, un episodio que figura como hecho histórico. Lo que la tradición añade sobre su hija pertenece a la leyenda.

La calavera es también la herida más profunda del barrio. El 6 de junio de 1391 la multitud instigada por el arcediano de Écija Ferrand Martínez asaltó la judería y murieron unos 4000 judíos, gran parte de la comunidad sevillana. Un siglo más tarde, el Decreto de la Alhambra de 1492 expulsó a los judíos de España y el barrio entró en decadencia.

Qué cuenta la leyenda sobre la hija de Susón, y por qué una calavera señala precisamente esta puerta, se revela al escuchar la narración ante el azulejo.

Naranjos sobre un teatro perdido

Plaza de Doña Elvira

Resumen de esta parada

La plaza de Doña Elvira, pequeña y con naranjos, ocupa la parcela que Enrique III adjudicó a Pedro López de Ayala y que heredó Elvira López de Ayala. Allí estuvo el corral de comedias de Doña Elvira, uno de los teatros de la Sevilla antigua, hasta que en 1826 el asistente José Manuel de Arjona abrió la plaza actual.

Bajo los naranjos se esconde también una calle que ya no existe. Según una tradición documentada, el aristócrata Miguel Mañara paseaba de noche por el barrio con su paje Alonso Pérez de Velasco cuando, cerca de la iglesia de Santa Cruz, oyó cánticos fúnebres sin ver a nadie. Al llegar a la calle Ataúd, un callejón estrecho que desembocaba en la calle Vida, recibió un golpe que lo tiró al suelo, y ambos oyeron una voz: «traigan el ataúd que ya está muerto». La calle desapareció en el siglo XIX al ampliarse la plaza de Doña Elvira; su rótulo se conserva en un patio del Hospital de la Caridad, la institución que Mañara fundaría después.

Por qué aquel golpe, según la leyenda, le salvó la vida a Mañara, y qué le aguardaba esa noche en su casa, se cuenta con la narración en el centro de la plaza.

Don Juan y Velázquez en la misma plaza

Hospital de los Venerables

Resumen de esta parada

En la plaza de los Venerables se levanta el Hospital de los Venerables, residencia para sacerdotes ancianos impulsada por el canónigo Justino de Neve. Las obras empezaron el 13 de abril de 1676 y su iglesia se inauguró en 1699 con pinturas murales de Juan de Valdés Leal y su hijo Lucas Valdés. El edificio barroco se organiza en torno a un patio central de galerías sobre columnas de mármol.

Desde el 5 de noviembre de 1991 el hospital es sede de la Fundación Focus, que en 2007 compró la «Santa Rufina» de Velázquez y creó aquí el Centro Velázquez. El asilo de sacerdotes guarda hoy a uno de los grandes pintores sevillanos.

La plaza presume además de otro inquilino. Cuenta la leyenda que el escritor vallisoletano José Zorrilla se alojó en la Hostería del Laurel cuando creó a Don Juan Tenorio, y el barrio lo cree lo bastante como para haberle levantado una estatua a pocos pasos, en la plaza de los Refinadores. Es un cierre coherente para un barrio que se cuenta a sí mismo desde que, entre 1912 y 1920, el marqués de la Vega-Inclán lo convirtió en un decorado andaluz para el visitante. Qué hay de cierto en la posada de Zorrilla y qué queda de la judería bajo tanta postal se revela al escuchar la narración frente al hospital.

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