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Plaza de España

Foto: Benjamin Smith, CC BY-SA 4.0

Exposición Iberoamericana de 1929

Audioguía Plaza de España

Sevilla · 5 paradas · 35 min

Un hemiciclo de ladrillo y azulejo de 230 metros que abraza simbólicamente a América, con una ría navegable, dos torres que inquietaron a la Academia y 48 bancos que cuentan la historia de cada provincia. La mayor obra de la Exposición de 1929 esconde un banco fuera de su letra, unos sótanos convertidos en cárcel y a un arquitecto que murió arruinado tres semanas después de inaugurarla.

  • 35 min de audio
  • Regionalismo sevillano

Aníbal González proyectó la Plaza de España como Palacio de Actos y Fiestas de la Exposición Iberoamericana, y la levantó entre 1914 y 1929 en el solar donde iba a construirse un estadio. Es la construcción más grande de aquella muestra: una curva de edificios de ladrillo visto con logias de arcos de medio punto, un edificio central de arquerías superpuestas y dos torres en los extremos, todo ello abierto hacia el Guadalquivir, entendido como camino hacia América.

Cada tarde, cientos de personas recorren la curva leyendo nombres de provincias como quien busca su casa: por tradición, el visitante se sienta en el banco de la suya y se fotografía ante su escena histórica, y en las librerías de azulejo que lo flanquean suele esperar un libro que otro viajero dejó para el siguiente. Pero el mapa cerámico se congeló en el momento de su diseño: Canarias comparte un único azulejo, Ceuta y Melilla no tienen banco, y hay uno que rompe el orden alfabético por culpa de una escena que nadie llegó a ver.

Qué ver

  • Hemiciclo — 230 metros de diámetro entre dos torres, el abrazo de España a América
  • Bancos de las provincias — 48 escenas de azulejo en orden alfabético, con un banco fuera de su letra
  • Ría y cuatro puentes — Castilla, León, Aragón y Navarra, con barcas de remo recuperadas en 2010
  • Torres Norte y Sur — crecieron pese a la Academia, que temía que rivalizaran con la Giralda
  • Estatua de Aníbal González — el bronce del arquitecto que murió pobre tres semanas después de la inauguración

La Plaza de España de Sevilla nació de un cambio de planes. El 16 de mayo de 1913 el Comité Ejecutivo de la Exposición Iberoamericana trasladó el estadio previsto en este solar a la huerta del Carmen y encargó en su lugar un Palacio de Actos y Fiestas. Aníbal González presentó el primer diseño el 14 de julio de 1914, con una ría semielíptica cruzada por ocho puentes, y lo cerró en 1918 con cuatro. Las obras se alargaron entre 1914 y 1929, con los trabajos de decoración aún en marcha en 1928, y el resultado fue la construcción más grande de toda la muestra: un hemiciclo de ladrillo visto y azulejo de 230 metros de diámetro interior, según el decreto que lo protege, aunque otras fuentes dan medidas algo distintas.

La historia de la Plaza de España es también la de un presupuesto desbocado y de una visita real. En 1915 Alfonso XIII sugirió que el conjunto fuera permanente y sirviera a la ciudad una vez cerrada la Exposición; el coste previsto en 1914, unas 628.500 pesetas, superó los 17 millones en 1929, y Aníbal González dimitió en 1926. Después vinieron oficinas del Estado, una Capitanía General, sótanos usados como prisión durante la Guerra Civil, rodajes de Hollywood, una restauración de ocho años que devolvió el agua a la ría y una declaración de Bien de Interés Cultural que tardó más de cuarenta años en llegar, hasta el Real Decreto 599/2023.

La arquitectura de la Plaza de España se lee mejor desde dentro: la logia de arcos de medio punto, los medallones cerámicos de españoles ilustres en blanco sobre azul, la galería porticada con columnas de mármol y artesonados neomudéjares, las puertas de Aragón y Navarra con sus escaleras monumentales y la fuente central de Vicente Traver. Qué ver en la Plaza de España se ordena en cinco paradas, de la estatua de bronce del arquitecto a la galería del edificio central, pasando por la fuente, el puente sur de la ría y los bancos de las provincias, y la experiencia completa, con los episodios que las postales no cuentan, se disfruta recorriéndola con la audioguía.

La visita encaja con el Real Alcázar de Sevilla, a poco más de diez minutos a pie hacia el centro, y con el Barrio de Santa Cruz, a menos de un kilómetro.

El bronce de un arquitecto que murió arruinado

Monumento a Aníbal González

Resumen de esta parada

Frente a la plaza, sobre un basamento de granito, una estatua de bronce colocada en 2011 recibe al visitante: es Aníbal González, el arquitecto que proyectó el hemiciclo y lo levantó entre 1914 y 1929 como pieza mayor de la Exposición Iberoamericana. Desde este punto se abre la primera vista completa de la curva de ladrillo, las dos torres y el edificio central.

La cifra que acompaña a esa vista es la de un presupuesto que se multiplicó. En 1914 se calcularon unas 628.500 pesetas; en 1929 el gasto superaba los 17 millones. En 1926 González dimitió y Pedro Sánchez Núñez se hizo cargo de las obras pendientes. Aun así, el 9 de mayo de 1929 la plaza acogió la ceremonia de inauguración de la Exposición, con Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia presidiendo el acto.

Según una tradición documentada, el final del arquitecto fue muy distinto al de su obra. Aníbal González murió en Sevilla el 31 de mayo de 1929, apenas tres semanas después de aquella ceremonia y unos días antes de cumplir 53 años, pobre y con facturas sin pagar. A su funeral acudió una multitud en la que abundaba la gente de la construcción, y el diario El Liberal abrió una colecta para su familia que el 20 de octubre de 1929 sumaba 150.000 pesetas, con las que después se levantó una casa para su viuda. Qué ocurrió entre la gloria de mayo y aquella colecta de otoño es lo que la narración desgrana a los pies del bronce.

Una curva de 230 metros que abraza América

Fuente de la Plaza de España

Resumen de esta parada

Desde la fuente monumental de Vicente Traver, en el centro de la explanada, el gesto entero de la plaza se entiende de una vez. El hemiciclo mide 230 metros de diámetro interior entre las dos torres y su forma simboliza el abrazo de España a sus antiguos territorios americanos; la abertura mira al Guadalquivir, el río por el que se salía hacia América. Alrededor, la logia de arcos de medio punto lleva en sus enjutas los medallones cerámicos de españoles ilustres, retratos en blanco sobre fondo azul de Séneca, Colón, Cervantes, Velázquez, Goya o Sorolla.

Que todo esto siga en pie se debe en parte a una visita. El 14 de diciembre de 1915 Alfonso XIII, de paso por Sevilla, sugirió que la Plaza de España fuera una edificación permanente, utilizable una vez terminada la Exposición. Las torres Norte y Sur, que rematan los extremos y hoy albergan la Delegación y la Subdelegación del Gobierno, crecieron en altura entre 1923 y 1926 pese a la oposición de la Academia de Bellas Artes, que temía que rivalizaran con la Giralda. Su altura exacta varía según la fuente, entre 70 y 74 metros.

Cuenta la anécdota que el propio rey, al contemplar la plaza terminada, dijo: «Señores, yo sabía que esto era bonito… pero no tanto». Si la frase es cierta o no, la reacción se repite a diario en quien entra por primera vez en el hemiciclo. Lo que aquel asombro deja fuera, y lo que las torres le disputaron realmente a la Giralda, se cuenta junto a la fuente.

Cuatro reinos sobre una ría que estuvo seca

Puente sobre la ría

Resumen de esta parada

El canal curvo que rodea la explanada se cruza por cuatro puentes dedicados a los reinos de Castilla, León, Aragón y Navarra. No siempre iban a ser cuatro: el primer diseño, de julio de 1914, preveía una ría semielíptica con ocho, y el proyecto definitivo de 1918 los redujo a la mitad. Desde el puente sur, las balaustradas y las farolas de cerámica parecen de 1929, pero en gran medida no lo son.

La restauración de 2002 a 2010 sustituyó por réplicas casi el 25 % de los azulejos de los bancos de provincias y el 90 % de las librerías y balaustradas cerámicas, y recreó 20 farolas desaparecidas a partir de fotografías y postales de la hemeroteca municipal. Durante aquellos años la ría estuvo seca; un estudio de 2009 de dos profesores de Ingeniería del Terreno llegó a atribuir a ese secado una ligera inclinación de las torres, un asunto que sigue discutido.

El agua volvió el 17 de octubre de 2010, con una reinauguración que costó unos 9 millones de euros y devolvió al canal las barcas de remo, desaparecidas desde hacía veinte años. Qué sucede bajo el agua y por qué una ría puede mover una torre es lo que la narración desvela desde el puente.

El banco de Pamplona, fuera de su letra

Bancos de las provincias

Resumen de esta parada

Adosados al muro del hemiciclo, 48 bancos de azulejo forman un museo cerámico al aire libre. Están ordenados alfabéticamente en cuatro tramos de doce; cada uno muestra un episodio histórico de su provincia, el mapa provincial en el suelo, el escudo encima y dos librerías de cerámica a los lados. Sevilla, como anfitriona, no tiene banco propio: la representan ocho paneles costumbristas al principio y al final de cada tramo.

Y entre León y Pontevedra hay un banco que rompe la secuencia. Según una tradición documentada, su encabezado no dice Navarra sino Pamplona: el azulejo previsto, «La muerte de García IV», se retiró por considerarse demasiado violento y se sustituyó por el «Reparto del reino de Navarra», y con el cambio de escena el rótulo pasó de Navarra a Pamplona, desplazando el banco de su sitio en el orden alfabético.

En una plaza ordenada letra a letra, un solo banco fuera de lugar delata la pieza censurada del conjunto. Qué muerte iba a mostrar aquel azulejo y quién decidió retirarlo se cuenta frente al rótulo de Pamplona.

De Capitanía y cárcel a palacio de Naboo

Galería del edificio central

Resumen de esta parada

La galería porticada del edificio central ofrece la sombra más fresca de la plaza: un paseo cubierto sobre columnas de mármol, con artesonados de madera neomudéjares y escudos heráldicos. El cine la conoce bien. Fue el cuartel general británico de El Cairo en Lawrence de Arabia (1962) y el palacio real de Naboo en Star Wars: Episodio II (2002); en marzo de 2017 la Academia de Cine Europeo la eligió Tesoro de la Cultura Cinematográfica Europea.

Antes de los rodajes, este edificio tuvo otra vida. En 1936 Gonzalo Queipo de Llano destinó la plaza a oficinas del Estado; en 1937 el mando militar de la región se trasladó al edificio central, llamado desde entonces Capitanía General, y durante la Guerra Civil sus sótanos se usaron como prisión. Hoy sigue siendo sede militar: la Fuerza Terrestre del Ejército de Tierra se constituyó aquí el 5 de mayo de 2005, con su Cuartel General en el edificio central.

La protección patrimonial llegó tarde. El expediente se abrió el 3 de noviembre de 1981, pero los edificios no fueron declarados Bien de Interés Cultural hasta el Real Decreto 599/2023, de 4 de julio de 2023, y desde entonces se discute cómo compatibilizar los eventos y el uso turístico con su conservación. Qué pasó en esos sótanos y por qué un decorado de Hollywood tardó cuarenta años en ser monumento se revela bajo las arcadas.

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