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Monasterio de Wenshu

Foto: Daderot, CC0

Monasterio budista

Audioguía Monasterio de Wenshu (Wenshu Yuan)

Chengdu · 5 paradas · 60 min

Un monasterio budista chan en activo en pleno Chengdu que ardió hasta los cimientos y renació alrededor de la choza de un solo monje: hoy sus 80 monjes rezan con un canto en dialecto sichuanés y la entrada es gratuita todo el año.

  • 60 min de audio
  • Budismo chan

El Monasterio de Wenshu se fundó en la era Daye de la dinastía Sui (605–617) con el nombre de templo de Xinxiang. A finales de los Ming la guerra lo arrasó y solo quedaron diez estatuas de hierro y dos abetos milenarios; en 1697 el monje Cidu lo reconstruyó y le dio el nombre que conserva, Wenshu Yuan, por Manjushri. La ampliación de la era Daoguang (1821–1850) fijó su arquitectura actual: un eje de salas de madera en estilo de la llanura occidental de Sichuan, reforzado con 82 columnas de piedra y poblado de imágenes fundidas en bronce.

El contraste está en la vida que sigue dentro. La misma comunidad que guarda un fragmento de hueso del monje Xuanzang, salvado durante la Revolución Cultural, y cuatro sutras que según la tradición se copiaron con sangre, mantiene la recitación de mañana y tarde con un canto en dialecto sichuanés transmitido durante más de 300 años, y desde 2017 sirve té gratis al público los domingos y en las fiestas budistas: más de 1.100 servicios por jornada de media.

Qué ver

  • Puerta principal — La inscripción de 1830 que aún recuerda el nombre antiguo, templo de Xinxiang
  • Sala Mahavira — 10,56 m de alto, budas de bronce de 1829 y dos budas de jade traídos de Birmania
  • Abetos de Cidu — El rincón donde un monje meditó entre ruinas y renació el monasterio en el siglo XVII
  • Pagoda de la Paz de los Mil Budas — Hierro, unas mil figuras de Buda y el ritual de las tres vueltas
  • Casa de té de Xiangyuan — Mesas bajo los árboles, comedor vegetariano y té gratis los domingos

En pleno centro de Chengdu, una portada de madera con tres vanos da paso al Monasterio de Wenshu (文殊院, Wenshu Yuan), un monasterio budista chan que no es museo sino casa: unos 80 monjes residentes bajo el abad Zongxing, recitación de mañana y tarde, comida ritual en el refectorio y confesión cada quince días. No cobra entrada en ningún día del año, y entre sus patios conviven el humo del incienso, las salas de madera y las mesas de té bajo los árboles.

La historia del Monasterio de Wenshu tiene dos nacimientos. El primero, en la era Daye de la dinastía Sui (605–617), como templo de Xinxiang; alguna guía turística lo sitúa ya en tiempos Tang, pero las fuentes oficiales y enciclopédicas mantienen la fecha Sui. El segundo llegó tras la guerra que a finales de los Ming quemó todos sus edificios: en 1681 (1682 según otras fuentes) el monje Cidu se instaló a meditar entre las ruinas, en 1697 lo reconstruyó y le dio el nombre de Wenshu, el de Manjushri en chino. El emperador Kangxi lo llamó tres veces a la corte y tres veces recibió un no; en 1702 (1701 para la Asociación Budista de Chengdu) regaló al monasterio una tabla con los caracteres «Konglin», «bosque vacío», de donde viene su otro nombre, Konglin Tang.

El recinto guarda además piezas que la tradición rodea de relatos: un kasaya bordado con 248 figuras de Buda que se atribuye a la consorte Tian, favorita de Chongzhen, el último emperador Ming; una Guanyin bordada con cabello humano por la hija de un virrey de Shaanxi y Gansu; y una pagoda de siete pisos dibujada con el Sutra del Diamante entero en caracteres de 4 mm. Para saber qué ver en el Monasterio de Wenshu y leer su arquitectura, de la puerta que aún lleva escrito el nombre antiguo a las mesas de té de Xiangyuan, la audioguía recorre el recinto en cinco paradas y una hora de narración, siguiendo el hilo de un monje que dijo no a un emperador y de una comunidad que sigue sirviendo té a quien llega.

Las mesas de té al aire libre tienen su réplica en la tetería Heming del Parque del Pueblo, y el contrapunto taoísta del monasterio está en el Palacio de la Cabra Verde. Hacia el norte, a unos diez kilómetros, queda la Base del Panda Gigante de Chengdu.

Un nombre de hace catorce siglos sobre la puerta

Wenshu Monastery (文殊院)

Resumen de esta parada

La portada de entrada, que forma una sola pieza con la sala de los Reyes Celestiales, se abre en tres vanos que simbolizan las tres puertas de la liberación. En lo alto se leen los caracteres 文殊院, el nombre de hoy; pero sobre la puerta central aparece otra inscripción, «古信相寺», «antiguo templo de Xinxiang». La escribió el abad Guochao en 1830, al terminar una ampliación del monasterio, en memoria del templo que ocupó este lugar desde la era Daye de los Sui, mucho antes de que en 1697 pasara a llamarse Wenshu Yuan.

Ese nombre antiguo arrastra una leyenda. Según la tradición, el templo de Xinxiang nació por voluntad de la concubina favorita de Yang Xiu, príncipe de Shu e hijo del emperador Wen de Sui. Una versión cuenta que lo hizo levantar para una monja llamada Xinxiang; otra, que la propia favorita dejó la corte, tomó los hábitos con el nombre de «maestra Xinxiang» y fundó el santuario. Si fuera así, los cuatro caracteres de la portada no recordarían a un santo ni a un emperador, sino a una mujer de palacio. Delante de la puerta, la audioguía cuenta las dos versiones de quién fue Xinxiang.

Lo que quedó del fuego y lo que vino después

Sala Mahavira

Resumen de esta parada

Las salas de madera del eje principal, orientadas al sur desde la sala de los Reyes Celestiales hasta la biblioteca de sutras, con el campanario y la torre del tambor a cada lado, dan la impresión de haber estado ahí siempre. No es así: a finales de la dinastía Ming la guerra quemó todos los edificios del templo de Xinxiang, y de él solo quedaron diez estatuas de hierro fundido de dioses guardianes de los preceptos y dos abetos chinos milenarios.

La reconstrucción de la era Daoguang (1821–1850) buscó materiales que duraran: las imágenes de las salas del eje se fundieron por completo en bronce y se añadieron 82 columnas de piedra como refuerzo, entre ventanas de madera calada con motivos variados. En la sala Mahavira, de 10,56 metros de alto, el Buda Sakyamuni aparece flanqueado por Ananda y Kasyapa, fundidos en 1829.

En el altar descansan además dos budas de jade birmano que llegaron en dos viajes distintos: el de la izquierda en abril de 1923, traído por el monje Xinglin, y el de la derecha en 1938, traído por el monje Dengyun desde la gran pagoda dorada de Birmania. La narración en el patio sigue el viaje de esas dos figuras hasta Chengdu.

Dos abetos donde empezó todo

Abetos tras la sala Mahavira

Resumen de esta parada

Tras la sala Mahavira, junto a su alero trasero, se alzan dos abetos chinos de unos 15 metros. Ocupan el sitio de la pareja de árboles que flanqueaba la puerta del antiguo templo de Xinxiang, los que sobrevivieron al incendio de finales de los Ming. Entre ellos levantó su cabaña el monje Cidu cuando se instaló a meditar entre las ruinas.

Se cuenta que los vecinos veían de noche una gran luz en el lugar donde meditaba y que por eso lo tomaron por encarnación de Wenshu, Manjushri; otras fuentes sitúan el prodigio más tarde, en una imagen del bodhisattva aparecida entre las llamas de su cremación. Con el apoyo de funcionarios y notables, Cidu reconstruyó el templo en 1697. El emperador Kangxi lo llamó tres veces a la corte de Pekín y el monje rehusó las tres; aun así, el emperador acabó regalando al monasterio la tabla caligrafiada «Konglin».

Los árboles originales murieron en 1963 y los que se ven hoy son replantados: lo que este rincón muestra es, en parte, una ausencia. La audioguía la llena con la historia del monje de la choza que no quiso ir a Pekín.

La pagoda del abad que salvó un hueso

Pagoda de la Paz de los Mil Budas

Resumen de esta parada

La Pagoda de la Paz de los Mil Budas es una pagoda hexagonal de hierro con unas mil figuras de Buda, dragones y campanillas en lo alto, rodeada en tres de sus lados por galerías de estelas con inscripciones. La levantó el abad Kuanlin (1905–1999), el mismo que, tras la reapertura del monasterio en la Fiesta de la Primavera de 1977, añadió la casa de té, el comedor vegetariano y el pabellón de Wenshu.

Antes de construir, Kuanlin tuvo que proteger. Wenshu conserva un fragmento del hueso parietal del monje Xuanzang, hallado en Nanjing en 1942; durante la Revolución Cultural el abad lo llevó a diario enrollado en la cintura y lo salvó intacto pese a la persecución. Cuándo y cómo llegó la reliquia a Chengdu sigue siendo asunto discutido: las fuentes no coinciden en la fecha ni en si se trató de un reparto entre varias ciudades o de un depósito provisional.

Alrededor de la pagoda se repite un gesto mínimo: dar tres vueltas en el sentido de las agujas del reloj, algo que, se dice, disipa las preocupaciones y trae paz. Ante la sala Mahavira, la creencia popular añade otro: acariciar con suavidad una placa de bronce centenaria con el carácter 福, «fortuna», para recoger toda la buena fortuna del mundo. Al pie de la pagoda, la audioguía cuenta cómo una reliquia atravesó aquellos años escondida en un cinturón.

Té gratis bajo los árboles del monasterio

Casa de té de Xiangyuan

Resumen de esta parada

Xiangyuan es la zona ajardinada del recinto, abierta al público, con comedor vegetariano, tienda y mesas de té al aire libre bajo los árboles. Aquí el monasterio deja de parecer monumento y se ve como lo que es: una comunidad de 80 monjes residentes que mantiene la recitación de mañana y tarde, la comida ritual en el refectorio y la confesión quincenal, sin cobrar entrada en todo el año.

Desde 2017, un grupo del monasterio sirve té gratis al público los domingos y en las fiestas budistas, con una media de más de 1.100 servicios por jornada. Y en las salas sigue sonando el fanbai, el canto litúrgico de Wenshu en estilo sichuanés: se basa en el dialecto de Sichuan, lo han transmitido 18 generaciones de abades desde Cidu durante más de 300 años y en abril de 2023 entró en la sexta lista provincial de patrimonio inmaterial de Sichuan. La última parada de la audioguía cuenta, con la taza delante, cómo ese canto ha pasado de abad en abad hasta hoy.

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