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Templo Luohan

Foto: void

Templo budista

Audioguía Templo Luohan (Luohan Si)

Chongqing · 5 paradas · 40 min

Un monasterio budista casi milenario encajado entre los rascacielos de Yuzhong: ardió bajo las bombas japonesas, lo destrozaron los Guardias Rojos y volvió a levantarse dos veces junto a la misma peña de budas tallados en la roca.

  • 40 min de audio
  • Budismo chino

El Templo Luohan nació en la era Zhiping (1064–1067) de la dinastía Song, fundado por el monje Zuyue junto a una pared de roca con más de 400 figuras talladas, y durante siglos se llamó Templo Zhiping. En 1885 el monje Longfa lo restauró, le añadió una sala con quinientos arhats de barro copiada de la del monasterio Baoguang de Xindu y le dio el nombre que conserva: Luohan Si, el Templo de los Arhats. Hoy es un recinto pequeño, apretado por las torres del centro de Chongqing, que guarda estelas de época Ming, la peña Guofoyan y una sala de 524 arhats.

El contraste lo define todo: tejados curvos rodeados de rascacielos y una historia de destrucciones en serie. Las bombas japonesas lo redujeron a cenizas y solo dejaron en pie la gran puerta y la peña tallada; en 1966 los Guardias Rojos hicieron añicos las quinientas figuras de la sala de los arhats. Cada vez, monjes y fieles volvieron a levantarlo, y hoy los devotos cuentan los arhats en silencio para leer su suerte.

Qué ver

  • Gran puerta (shanmen) — La puerta-arco de cinco tejadillos que quedó en pie tras los bombardeos japoneses
  • Pabellón de las Estelas Ming — La lápida Xihu Guji de 1623 y los tres poemas de Wu Gao sobre Chongqing
  • Peña Guofoyan — Más de 400 figuras talladas en la roca, con el Buda dormido y una Guanyin
  • Sala de los arhats — 524 figuras de laca que los fieles cuentan para leer su suerte
  • Sala Mahavira — Shakyamuni con Ananda y Kashyapa, bronces de época Ming y un Buda de jade birmano

En pleno distrito de Yuzhong, donde las torres de oficinas asoman por encima de cada tejado, una puerta de piedra con cinco tejadillos superpuestos da paso a un monasterio budista casi milenario. El Templo Luohan (罗汉寺, Luohan Si) ocupa un recinto diminuto para todo lo que ha vivido: nació junto a una pared de budas tallados en la roca, cambió de nombre, ardió en la guerra, fue destrozado en la Revolución Cultural y se rehízo cada vez sobre las mismas piedras.

La historia del Templo Luohan arranca, según la versión más aceptada, en la era Zhiping (1064–1067) de la dinastía Song, cuando el monje Zuyue lo fundó con el nombre de Templo Zhiping; una inscripción con su nombre respalda esa fecha, aunque un texto de época Qing habla de pabellones «desde la dinastía Tang» y el propio templo llegó a presentarse como fundado en tiempos Tang. En 1885 el monje Longfa lo restauró, levantó una sala de quinientos arhats de barro y lo rebautizó como Templo de los Arhats. Las bombas japonesas de la Segunda Guerra Sino-japonesa lo redujeron a cenizas; los monjes lo reconstruyeron hacia 1947, los Guardias Rojos destrozaron sus arhats en 1966 y la sala reabrió en 1986. En 2009 llegaron unos arhats nuevos, de laca, y en 2006 la comedia negra «Crazy Stone», de Ning Hao, rodada en parte aquí, lo convirtió en parada obligada de quien visita Chongqing.

Para saber qué ver en el Templo Luohan y leer su arquitectura y sus capas de memoria, de la gran puerta a la Sala Mahavira, la audioguía recorre el recinto en cinco paradas y sigue el hilo de un templo que vuelve una y otra vez gracias a una roca tallada y a la terquedad de sus monjes y sus fieles.

A un paseo, el Monumento de la Liberación marca el corazón moderno de la ciudad, y en la punta de la península Chaotianmen mira la confluencia del Jialing y el Yangtsé.

La puerta que sobrevivió a las bombas

Templo Luohan (罗汉寺)

Resumen de esta parada

La gran puerta, o shanmen, es una puerta-arco de cuatro pilares, tres vanos y cinco tejadillos con aleros superpuestos. En lo alto, una tablilla vertical con los caracteres 罗汉寺 lleva la caligrafía de Ji Yingxiong, prefecto de Chengdu en época del emperador Kangxi; debajo, otra horizontal dice 洞天福地 y un pareado recorre las columnas. Cuando los bombardeos japoneses dejaron el templo en cenizas, esta puerta y la peña de relieves fueron lo único que siguió en pie.

Al otro lado espera un pabellón abierto de piedra tallada, la Sala de los Reyes Celestiales, con un Maitreya en pie también de piedra, y desde el primer paso se nota que la ciudad aprieta el recinto por todos lados. El contraste tiene también un ritmo diario: hacia 2010 la jornada empezaba a las 5:30 con la primera campanada, con Chongqing aún a oscuras, y a las 21:00 dos monjes empujaban a mano las dos hojas del portón mientras fuera seguía el tráfico del centro. La película «Crazy Stone» hizo el resto y llenó de visitantes este umbral; la narración en el lugar cuenta qué tiene que ver una comedia negra con un monasterio budista.

Una lápida para un lago desaparecido

Lápida «Xihu Guji» del Pabellón de las Estelas Ming

Resumen de esta parada

En el pequeño Pabellón de las Estelas Ming se conserva el templo de antes del templo. Una lápida de trazos ya gastados lleva las palabras «Xihu Guji», «Vestigio del Lago del Oeste», grabadas en 1623 por Yu Xinmin, prefecto de Chongqing: es lo único que queda del estanque-jardín del templo primitivo, el que fundó Zuyue en tiempos de los Song cuando todavía se llamaba Templo Zhiping.

A su lado, la Estela de los Tres Poemas, erigida en 1552, graba los versos de Wu Gao, un funcionario Ming que llegó a viceministro de Hacienda en Nanjing; uno de ellos se titula, sin más, «Chongqing». Y entre estas piedras se cuenta una costumbre documentada por la tradición local: en la era Xuande de la dinastía Ming (1426–1435), un monje llamado Xi’an se instaló en el terreno abandonado de la Peña del Buda del Oeste, levantó celdas y un estanque de lotos para recibir a los visitantes y plantó detrás de su celda una sola mata de kui, una malva tan limpia y elegante que la gente acabó llamándolo «el monje del Kui Blanco». La audioguía explica por qué una flor bastó para que la ciudad lo recordara.

El Buda dormido que vio arder la ciudad

Peña Guofoyan

Resumen de esta parada

Bajo los corredores laterales corre la peña Guofoyan, la Peña de los Budas Antiguos, antes conocida como Cueva de los Luohan: una pared de más de 20 metros con más de 400 figuras talladas en la roca. Entre ellas destacan un Buda yacente al que llaman «Buda dormido», una Guanyin y figuras de donantes, en un estilo próximo al de las tallas de Baodingshan, en Dazu. Junto a esta peña nació el templo, y por eso se la tiene por su raíz. Su datación, eso sí, sigue discutida: hay quien habla de relieves Song, quien los sitúa «desde los Song del Sur», quien fecha la construcción del Guofoyan en 1522 y hasta un visitante extranjero que los describió como grutas de imitación.

La peña es también el testigo del episodio más oscuro del templo. Según el relato más repetido, la noche del 4 de mayo de 1939, cuando las bombas incendiarias japonesas prendieron una ciudad de casas de bambú y madera, el templo se vino abajo entre las llamas; las fuentes, de hecho, no coinciden en la fecha y hablan también de 1940 o 1942. El periodista estadounidense Theodore H. White dejó escrita la imagen de aquella noche, con el templo derrumbado y un gran Buda de piedra que relucía a la luz del incendio. La narración junto a la roca recupera lo que White vio en esa cara de piedra mientras la ciudad ardía.

Quinientos arhats que en realidad son 524

Sala de los arhats

Resumen de esta parada

La sala de los arhats nació en 1885 como copia de la del monasterio Baoguang de Xindu, con quinientas figuras de barro. En 1966 los Guardias Rojos irrumpieron en ella, hicieron añicos todas las estatuas y arrancaron hasta los pedestales. La sala se rehízo y reabrió el 1 de mayo de 1986 con una consagración presidida por Kuanlin, abad del monasterio Wenshu de Chengdu, aunque las fechas de esa reconstrucción varían según la fuente. Y la cifra del nombre engaña: las dos galerías albergan 524 arhats, todos distintos en gesto y cuerpo.

Los actuales son de una tradición documentada que tiene mucho de hazaña artesanal. En septiembre de 2009, tras año y medio de obra, el templo estrenó arhats hechos con laca cruda según la técnica casi perdida del «cuerpo de laca desprendido», para resistir la humedad de Chongqing y los insectos; la obra gastó un año entero de la laca cruda de la provincia de Shaanxi y más de mil piezas de ramio tejidas en Jiangxi. Cada figura mide cerca de metro y medio, pesa entre 35 y 40 kilos y está hueca, con sutras, hierbas medicinales y pequeños objetos preciosos dentro. Repartidas según los nueve palacios y los ocho trigramas, en las columnas y sobre la cabeza del visitante, convierten la sala en un laberinto.

Entre ellas, la tradición reconoce a Jidian, el monje loco, de ojos ebrios, con una jarra de vino y un abanico de hoja, y a un arhat que sostiene un espejo mientras se abre la piel de un rostro anciano para dejar ver una cara joven. En el suelo y en los pedestales brillan las monedas de los devotos, que cuentan las figuras en silencio para pedir protección o leer su suerte; según la creencia popular, contar siguiendo una regla lleva hasta el propio «arhat del destino», y a la puerta un maestro ayuda a interpretarlo. Dentro no se pueden hacer fotos, así que la audioguía se encarga de contar qué esconden estas figuras.

La escalera rota ante la Sala Mahavira

Sala Mahavira

Resumen de esta parada

La Sala Mahavira, la sala principal, se alza sobre un zócalo de piedra con forma de monte Sumeru, con siete vanos de fachada y tejado de doble alero. Dentro preside Shakyamuni entre Ananda y Kashyapa, con los dieciséis arhats pintados a los lados, un trío de los Tres Sabios de Occidente en bronce de época Ming, un Buda de jade birmano y la copia de un mural indio sobre la partida de Siddhartha. Es fruto de la reconstrucción de posguerra: más de veinte monjes empezaron a levantar el templo entre las ruinas en plena guerra, y hacia 1947, bajo el maestro Zongxian, volvían a estar en pie esta sala, la biblioteca de sutras, la sala de los arhats y la puerta-arco.

Ante esta fachada se sitúa la historia que los fieles cuentan como un pequeño prodigio: según la tradición del templo, cuando en 1966 los Guardias Rojos apoyaron una escalera para destrozar también la Sala Mahavira, la escalera se partió y alguien llegó a tiempo de impedir una destrucción mayor, algo que los devotos tienen por una manifestación del bodhisattva. El fuego dejó también otra herencia: en 2011 el templo expuso por primera vez pinturas que sobrevivieron al gran bombardeo, entre ellas el rollo inferior de una «Pintura de los 500 arhats» que los muestra cruzando montes y ríos camino del Pico del Buitre; de la decena larga de rollos hallados solo se mostraron dos, y el resto quedó guardado en cajas de madera por su deterioro. La narración final reúne estas historias y cierra el retrato de un templo que nunca termina de desaparecer.

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