Idioma

Ciudades

Torres del Tambor y de la Campana

Foto: Jan Bockaert, CC BY-SA 2.0

Patrimonio UNESCO

Audioguía Torres del Tambor y de la Campana (Gulou y Zhonglou)

Pekín · 4 paradas · 45 min

Durante más de seis siglos, un tambor y una campana decidieron cuándo se cerraban las puertas de Pekín y se vaciaban sus calles. Las dos torres siguen frente a frente al final del eje central, entre hutongs: una de madera sobre muros rojos, otra de piedra gris, y en lo alto una campana gigante que ya no se golpea.

  • 45 min de audio
  • Eje Central de Pekín

Las Torres del Tambor y de la Campana cierran por el norte el Eje Central de Pekín, Patrimonio Mundial desde 2024. Se levantaron por primera vez en 1272, en la Dadu de los Yuan; la del Tambor que se ve hoy es de época Ming, rehecha en 1420 más al este, y la de la Campana se reconstruyó desde 1745, por orden de Qianlong, enteramente en ladrillo y piedra para que no volviera a arder. De ahí el contraste que salta a la vista desde la plaza: un pabellón de madera sobre basamento de ladrillo frente a una torre gris y pétrea.

Cada toque sumaba 108 golpes, y el primero de la noche cerraba las puertas de la ciudad y vaciaba las calles. En 1924 las torres dejaron de dar la hora. Los tambores volvieron en 2001 y suenan a cada hora en punto, pero la gran campana Yongle, la mayor campana antigua de bronce que se conserva en China, sigue inmóvil: en Año Nuevo su voz se simula con sonido digital.

Qué ver

  • Torre del Tambor — Pabellón Ming de madera sobre basamento de ladrillo y 69 peldaños hasta la planta alta
  • Sala de los tambores — 25 tambores de hora y el único original, con el parche desgarrado
  • Toques a cada hora en punto — Tamborileros con traje tradicional y una partitura de los 24 periodos solares
  • Plaza entre las torres — Unos 100 m sobre el eje central entre la torre de madera y la de piedra
  • Campana Yongle — El rey de las campanas, la mayor campana antigua de bronce que se conserva en China

En el extremo norte del eje central de Pekín, rodeadas por los tejados grises de los hutongs, se alzan frente a frente las Torres del Tambor y de la Campana (鼓楼和钟楼, Gulou y Zhonglou). Las separan unos 100 metros de plaza: al sur, la del Tambor, ancha, de muros rojos y pabellón de madera; al norte, la de la Campana, esbelta, gris, toda de ladrillo y piedra. Durante más de seis siglos fijaron la hora oficial de la capital con tambores y con una enorme campana de bronce, y de su toque dependía cuándo se cerraban las puertas de la ciudad y se vaciaban las calles.

La historia de las Torres del Tambor y de la Campana empieza en 1272, año 9 de la era Zhiyuan de la dinastía Yuan, cuando Pekín se llamaba Dadu y la Torre del Tambor se conocía como Qizheng Lou. En 1420, con el traslado de la capital a Pekín por el emperador Yongle, la del Tambor se rehízo más al este; la de la Campana ardió poco después y se reconstruyó desde 1745, por orden de Qianlong, enteramente en ladrillo y piedra. En 1924, tras la expulsión de Puyi de la Ciudad Prohibida, las torres dejaron de dar la hora; en 1925 la del Tambor acogió el Centro de Educación Popular de la capital y la de la Campana se convirtió en su sala de cine. Reabrieron a los visitantes en 1987 y 1989, y el 27 de julio de 2024 entraron en la lista del Patrimonio Mundial como extremo norte del Eje Central de Pekín, uno de sus 15 componentes.

Para saber qué ver en las Torres del Tambor y de la Campana hay que subir a las dos: 69 peldaños llevan a la planta alta del Tambor, donde a cada hora en punto vuelven a sonar los tambores, y en lo alto de la Campana cuelga la mayor campana antigua de bronce que se conserva en China. Alrededor, el barrio sigue criando palomas en los tejados; muchas llevan atado un silbato, el geshao, y el zumbido que dejan sobre las torres es para muchos pequineses el sonido del viejo Pekín. La audioguía recorre el conjunto en cuatro paradas y 45 minutos, del basamento del Tambor a la cámara de la gran campana, siguiendo el hilo de una ciudad cuyo tiempo no lo marcaba un reloj, sino un tambor y una campana.

Al suroeste, junto al lago Shichahai, la Mansión del Príncipe Gong es la mayor residencia principesca Qing que queda en Pekín; el eje que cierran estas torres atraviesa más al sur la Ciudad Prohibida, y unos dos kilómetros al este se alza el Templo de los Lamas.

Una torre que se mudó al este

Torre del Tambor de Pekín

Resumen de esta parada

La fachada sur de la Torre del Tambor resume su arquitectura: un basamento de ladrillo de 4 metros abierto en vanos abovedados, muros rojos y, encima, un pabellón de madera con aleros superpuestos de teja gris ribeteada de verde, hasta 46,7 metros de altura. Ante la puerta sur vigila una pareja de leones de piedra. Por una puerta pequeña en la esquina noreste del basamento arranca la escalera: 60 peldaños de piedra rectos y 9 más que giran al oeste hasta la plataforma.

Lo que no se adivina desde abajo es que esta mole es la segunda versión de sí misma. La primera se levantó en 1272, en la Dadu de los Yuan, con el nombre de Qizheng Lou. Cuando Yongle trasladó la capital a Pekín en 1420 y el nuevo palacio quedó desplazado al este respecto al de los Yuan, la torre se reconstruyó también más al este, sobre el solar del antiguo pabellón central de Dadu. Desde entonces cierra por el norte el eje que recorre la ciudad, inscrito en 2024 en el Patrimonio Mundial como Eje Central de Pekín.

En el bajo, siete vanos abovedados intercomunicados acogen hoy la exposición digital «La historia del tiempo» y el espectáculo de luz «Gongming», de unos 8 minutos, cada hora. Frente a la fachada, la audioguía cuenta por qué una torre entera tuvo que mudarse para seguir a un palacio.

Veinticinco tambores y uno rajado

Sala de los tambores de hora

Resumen de esta parada

En la planta alta se alinean 25 tambores sobre peanas de madera lacadas en rojo con nubes talladas: uno mayor, que simboliza el año, y 24 menores, uno por cada periodo solar del calendario chino. Son réplicas dispuestas según el modelo de época Jiaqing. Junto a ellos funcionan los relojes del antiguo sistema horario: el beilou, en el que cada bola tarda 24 segundos en rodar por un tubo de cobre y 3600 bolas completan las 24 horas, y una clepsidra de cobre que hace sonar un gong a cada ke.

De los 25 tambores originales solo sobrevive el mayor: 2,22 metros de alto, 1,40 de diámetro de parche, la piel desgarrada y cortes de arma blanca bien visibles. Quién los hizo no está claro: unas fuentes los atribuyen a la Alianza de las Ocho Naciones, en 1900; otras, a bayonetas del ejército japonés durante la invasión de China. En 1988 se hicieron dos copias de este tambor.

El silencio llegó en 1924, cuando las torres dejaron de dar la hora. Ese mismo año la del Tambor fue rebautizada Mingchi Lou, «Torre de Recordar la Vergüenza», con una exposición de fotos y maquetas de la invasión de Pekín por la Alianza de las Ocho Naciones; el cambio se atribuye al gobernador de la capital, Xue Dubi, aunque otras fuentes señalan al caudillo Feng Yuxiang. El 31 de diciembre de 2001 volvieron los «tambores del anochecer y campana del alba», y hoy, a cada hora en punto, tamborileros con traje tradicional tocan aquí una partitura del percusionista Zhu Xiaolin escrita según los 24 periodos solares. La narración de esta parada se detiene ante el tambor herido.

La plaza que vaciaba Pekín cada noche

Plaza entre las dos torres

Resumen de esta parada

Desde el centro de la plaza, unos 100 metros de explanada alineados sobre el eje central, las dos torres se comparan de un vistazo: al sur, la del Tambor, de madera sobre basamento de ladrillo; al norte, la de la Campana, gris y pétrea, porque tras arder poco después de 1420 se rehízo desde 1745 enteramente en ladrillo y piedra para que no volviera a quemarse, en una obra que duró dos años o doce, según la fuente. La novela «Zhonggulou» de Liu Xinwu, publicada en 1984 y galardonada en la segunda edición del premio Mao Dun, dejó la frase que retrata a la pareja: «el Tambor, gordo; la Campana, flaca». Cuenta un solo día de diciembre de 1982 en un patio de nueve familias al pie de las torres, con los capítulos nombrados por las horas dobles del reloj chino.

Hubo un tiempo en que esta plaza vaciaba la ciudad. Cada toque sumaba 108 golpes, con el ritmo popular «rápidos dieciocho, lentos dieciocho, ni rápidos ni lentos otros dieciocho»; 108 es la suma de los 12 meses, los 24 periodos solares y las 72 quintenas del año. El primer toque de la noche, el dinggeng, hacia las ocho, marcaba el cierre de las puertas y el corte del tránsito: era el jingjie, la «calle limpia», y desde ese momento solo circulaban los serenos con gong y matraca de madera.

La explanada, que parece eterna, se rehízo hace poco más de una década. En diciembre de 2012 el distrito de Dongcheng ordenó desalojar las casas de patio que la rodeaban para devolverle su aspecto original según mapas de época Qianlong: unos 4700 m² de viviendas, con hogares de unos 20 m² de media. Un responsable del distrito dijo que esas casas no tenían valor histórico y alegó el riesgo de incendio en callejones sin paso para los bomberos; He Shuzhong, del Centro de Protección del Patrimonio Cultural de Pekín, replicó que se destruía una rica acumulación de patrimonio. Entre los vecinos hubo quien llevaba treinta años queriendo irse y quien no quería marcharse. Un plan anterior, de 2009, que derribaba las casas para abrir un centro comercial subterráneo, se había parado tras la oposición de grupos cívicos y de parte del vecindario. En medio de la plaza, la audioguía deja abierta la pregunta de qué historia merece quedarse.

El rey de las campanas en su caja de piedra

Torre de la Campana de Pekín

Resumen de esta parada

La Torre de la Campana es la esbelta de la pareja: muros grises de piedra y ladrillo, cubierta de teja vidriada negra ribeteada de verde, ménsulas de piedra talladas imitando madera, balaustrada de mármol blanco y ventanas de piedra calada. Mide 47,95 metros de altura total según la cifra más citada; los 33 metros que dan algunas fuentes corresponden al cuerpo de la torre sobre el basamento. Al sur se levanta la estela imperial de Qianlong que recuerda su reconstrucción. En la cámara alta, bajo una bóveda semiesférica, cuelga de un bastidor octogonal de madera la campana de bronce con la inscripción «大明永乐年», flanqueada por dos troncos de unos 2 metros con los que se golpeaba.

Es la campana antigua de bronce más grande y pesada que se conserva en China, el «rey de las campanas». La cifra más difundida le da 7,02 metros de alto, 3,4 de diámetro máximo y unas 63 toneladas, aunque otras fuentes rebajan la altura o el peso. La primera campana colgada aquí, de hierro y de época Yongle, sonaba mal y fue sustituida por otra también de época Yongle; cuándo se hizo el cambio se discute, porque una versión lo sitúa en el propio reinado de Yongle y otra en 1983, cuando la campana de 1420 habría pasado al Museo de Campanas Antiguas de Dazhong Si. Los cuatro vanos abovedados de cada planta se cruzan en planta de cruz y se comunican en vertical como una caja de resonancia: según mediciones del Instituto de Acústica de la Academia China de Ciencias, el toque se oía a casi 4 kilómetros sin edificios altos de por medio. Cómo se subieron tantas toneladas sin grúas lo resuelve la creencia popular con rampas de tierra tan altas como la torre, regadas en invierno hasta helarse. Hoy el bronce ya no se golpea: en fiestas como el Año Nuevo chino su tañido se simula con proyección y sonido digitales.

La campana se fundió al oeste, en el callejón que hoy se llama Zhuzhong Hutong; de la fundición solo queda el nombre de una parada de autobús en Gulou Xidajie. De ahí sale la leyenda pequinesa de Hua Xian, la hija del maestro fundidor que, según se cuenta, se arrojó al bronce fundido para que la campana saliera perfecta y salvar a su padre de la ira de Yongle. En la versión que llegó a Occidente, traducida por Lafcadio Hearn en 1887, se llama Ge-ai y tras cada toque la campana deja un lamento que suena «xie», «zapato»; en otra, su fantasma recorre de noche la torre buscando el zapato bordado que perdió al saltar. La tradición del callejón, eso sí, ata el sacrificio a otra campana del mismo taller, la Huayan. Desde las galerías se ve al sur el pabellón Wanchun Ting de Jingshan sobre el eje y, alrededor, el tapiz de tejados grises de los patios; la audioguía cierra aquí, con la ciudad a los pies, la historia de la muchacha y de su zapato.

Más lugares en Pekín, China

Volver a Audioguía Pekín

Descarga la audioguía de Pekín gratis

La audioguía de Pekín está dentro de la app de EarGuide, gratuita y lista para usar sin conexión. Llévala en el bolsillo y recorre la ciudad a tu ritmo.

Próximamente

Descarga la app de EarGuide Escúchala en la app

Lleva tu guía personal en el bolsillo. Disponible gratis para iOS y Android. Descarga la app gratis: audio sin conexión y guiado por GPS.