Palacio imperial
Audioguía Ciudad Prohibida (Museo del Palacio)
El palacio de madera que Yongle levantó entre 1406 y 1420 y que habitaron 24 emperadores Ming y Qing hasta 1924: una ciudad de puertas, tejados y tronos que ardió y se rehízo una y otra vez antes de convertirse en el museo más visitado de China.
- 120 min de audio
- Dinastías Ming y Qing
Para levantar el palacio, el emperador Yongle trasladó la capital de Nankín a Pekín y movilizó a más de un millón de trabajadores; los troncos enteros de nanmu llegaban de las selvas del suroeste de China, y uno solo podía tardar de tres a cinco años en llegar desde Sichuan. El primer día del año lunar de 1421 se celebró en el palacio recién terminado la culminación del traslado. Desde entonces y hasta 1924, la jerarquía imperial quedó escrita en cada detalle: un vano de puerta reservado al emperador, un único tejado con diez bestias, un trono sobre una terraza de mármol de tres niveles. En 1925 abrió al público como Museo del Palacio.
El contraste está en el material. Esta ciudad de aspecto eterno es de madera y ardió una y otra vez: el gran salón del trono se quemó por un rayo en 1421, volvió a arder en 1557 y en 1679, y el que se ve hoy es la reconstrucción de 1695–1697, con 72 columnas de pino ensambladas en piezas donde antes hubo troncos de nanmu. Su trono, además, pasó décadas convertido en restos entre muebles viejos de un almacén, hasta que un experto del museo lo identificó y trece especialistas lo devolvieron a su estrado en 1964.
Qué ver
- Puerta del Meridiano — El vano central reservado al emperador y el calendario proclamado cada solsticio de invierno
- Salón de la Suprema Armonía — El único tejado del imperio con diez bestias, sobre una terraza que le queda grande
- Trono del Dragón — El trono Ming rescatado de un almacén y restaurado en 1964 bajo el espejo Xuanyuan
- Salón del Cultivo Mental — La cortina amarilla tras la que gobernaban las emperatrices viudas Cixi y Ci'an
- Torre de esquina — 72 aristas reflejadas en el foso y la leyenda de una jaula de grillos
En el centro de Pekín, tras un muro rojo y un foso, se extiende la Ciudad Prohibida (故宫博物院, Museo del Palacio), el palacio imperial que el emperador Yongle levantó entre 1406 y 1420 y en el que vivieron 24 emperadores de las dinastías Ming y Qing hasta 1924. Hoy es el museo más visitado de China, pero su gran eje, de sur a norte, se sigue leyendo como lo que fue: una ciudad de ceremonias y jerarquías escrita en puertas, tejados y tronos.
La historia de la Ciudad Prohibida es una sucesión de pérdidas y reconstrucciones. Rayos, descuidos y guerras quemaron sus salones una y otra vez; en 1644 un rebelde la incendió al retirarse y ese mismo año se instaló en ella el primer emperador Qing que gobernó China desde Pekín; en 1924 las tropas expulsaron a Puyi, y en 1925 el palacio abrió como museo. Hasta su autoría se discute: unas fuentes atribuyen el diseño al carpintero Kuai Xiang y otras a un monje anónimo del templo Tanzhe, con Kuai Xiang como uno más de los artesanos. Su arquitectura también se resiste a las cifras redondas. La tradición popular le atribuye 9.999 estancias y media, pero los recuentos no coinciden entre sí (8.704 jian en la medición de 1973, 8.886 en otro) y la unidad contada, el jian, es el espacio entre cuatro columnas, no una habitación. La muralla mide 10 metros según las fuentes chinas y 7,9 según la enciclopedia inglesa. Entre tanto tejado amarillo, la biblioteca Wenyuange, el Pabellón de la Profundidad Literaria, destaca con tejas negras: el negro se asociaba con el agua y con la protección contra el fuego.
Fuera del eje central quedan algunos de los relatos más oscuros del palacio. En el sector noreste, el Muro de los Nueve Dragones, de cerámica vidriada, marca la entrada del Palacio de la Longevidad Tranquila, el complejo de retiro de Qianlong. En su extremo norte, tras la puerta Zhenshun, hay un pozo con su propia historia: según la tradición, en 1900, mientras la Alianza de las Ocho Naciones entraba en Pekín y la corte preparaba la huida, la emperatriz viuda Cixi ordenó arrojar a él a la concubina Zhen, la favorita del emperador Guangxu, que murió ahogada; a su regreso, en 1901, Guangxu la elevó a título póstumo a consorte noble. El brocal que se ve hoy es más estrecho que el original. En el Palacio de la Tranquilidad Terrestre, los Qing mantuvieron según la tradición ritos chamánicos manchúes con sacrificio los 365 días del año, y en su cocina siguen los tres grandes calderos de la carne y los pasteles del rito. Y del incendio que la noche del 26 de junio de 1923 arrasó el Jardín del Palacio Jianfu circulan dos versiones: Puyi sostuvo que lo provocaron eunucos que robaban tesoros para borrar las pruebas, y expulsó después a la mayoría de ellos; otra versión apunta a la instalación eléctrica. La lista de pérdidas, que Puyi tuvo por inventada, sumaba 2.665 budas dorados y 1.157 pinturas y caligrafías, y se cuenta que una joyería de Pekín pagó 500.000 yuanes por el derecho a las cenizas y sacó de ellas más de 17.000 taels de oro fundido. El jardín no se reconstruyó hasta 2000–2006.
Para saber qué ver en la Ciudad Prohibida sin perderse entre puertas y patios, la audioguía la recorre en seis paradas y dos horas de narración: de la Puerta del Meridiano al patio de los cinco puentes, el Salón de la Suprema Armonía y su trono, el pequeño salón donde de verdad se gobernaba y, ya fuera, el foso con su torre de esquina. El hilo es uno solo: cada tejado en pie es una victoria contra el fuego y contra el tiempo.
Al sur, más allá de la Puerta del Meridiano, el eje continúa hasta la Puerta y la Plaza de Tiananmen; al norte, frente a la salida, el Parque Jingshan, levantado con la tierra del foso, ofrece la vista completa de sus tejados. Y los mismos emperadores salían del palacio para hablar con el Cielo en el Templo del Cielo.
El vano central que solo cruzaba el emperador
Meridian Gate (午门)
Resumen de esta parada
La entrada sur del museo es la Puerta del Meridiano (Wumen), un muro rojo en forma de U cuyas dos alas avanzadas, las yanchilou, rematan en pabellones: el conjunto se llama Wufenglou, la Torre de los Cinco Fénix. El vano central es más alto que los demás, y no por capricho: estaba reservado al emperador. Bajo los Qing había dos excepciones. Los tres primeros del examen imperial podían cruzarlo una sola vez, el día en que se publicaban los resultados, y la emperatriz lo atravesaba en palanquín el día de su boda.
La puerta fue además un escenario de Estado. Cada solsticio de invierno, el emperador Qing promulgaba desde aquí el calendario del año siguiente, y tras las victorias militares se celebraban ante ella los desfiles triunfales y el xianfu, la ceremonia de presentación de prisioneros. Desde el 2 de julio de 2011 su papel es más prosaico: es únicamente la entrada de visitantes del museo.
En sus hojas, los clavos dorados forman nueve filas de nueve, 81, igual que en la Puerta del Poder Divino y en la Xihuamen. La Puerta Donghua, la oriental, solo tiene ocho filas de nueve: 72. Por ella salían los féretros de los emperadores, emperatrices y emperatrices viudas Qing, y el pueblo la apodó «la puerta de los fantasmas». Se cuenta que el número par, número yin, guarda relación con ese uso funerario, aunque la razón de la fila que falta nunca se ha aclarado. Ante la puerta, la audioguía abre el recorrido con lo que cada vano decía de quien lo cruzaba.
Cinco puentes entre los Ming y los Qing
Gate of Supreme Harmony (太和门)
Resumen de esta parada
Tras la Puerta del Meridiano se abre el primer gran patio, cruzado por un canal artificial en curva, el Río de Aguas Doradas interior. Lo salvan cinco puentes de mármol con balaustradas talladas como nubes, alineados frente a la Puerta de la Suprema Armonía. La escala del conjunto recuerda lo que costó: el emperador Yongle (Zhu Di), que trasladó la capital de Nankín a Pekín, levantó el palacio entre 1406 y 1420 con más de un millón de trabajadores y troncos enteros de nanmu (Phoebe zhennan) traídos de las selvas del suroeste de China.
El mismo patio vio el otro extremo de la historia. En abril de 1644 el rebelde Li Zicheng tomó el palacio y se proclamó emperador de la dinastía Shun; al retirarse ante Wu Sangui y los manchúes, le prendió fuego. Las fuentes chinas describen un palacio arrasado en el que solo quedaron en pie unos pocos edificios, entre ellos el Wuying Dian y las torres de esquina; las inglesas hablan de partes incendiadas. En octubre de ese mismo año se proclamó aquí al emperador Shunzhi, el primer Qing que gobernó China desde Pekín. En el puente central, la narración sigue el viaje de un tronco de nanmu desde Sichuan y cuenta qué encontraron los manchúes al entrar.
Un salón que encogió por falta de árboles
Terraza de mármol de tres niveles
Resumen de esta parada
En la explanada, el Salón de la Suprema Armonía se alza sobre una terraza de mármol blanco de tres niveles que comparte con los otros dos grandes salones de la Corte Exterior. Algo no cuadra: el edificio parece pequeño para semejante basamento. Esa proporción extraña es una cicatriz. El primer día del año lunar de 1421, Yongle celebró aquí la culminación del traslado de la capital; en el quinto mes de ese mismo año, un rayo incendió el salón, entonces llamado Fengtian Dian, que no se reconstruyó hasta 1436–1441.
Otro rayo lo destruyó en 1557. Cuando se rehízo, en 1562, en tiempos del emperador Jiajing, ya no se encontraban troncos lo bastante grandes, y el salón pasó de unos 95 × 48 metros a los 65 × 37 actuales: unos dos tercios de su tamaño original. El último incendio llegó en la medianoche del día 3 del duodécimo mes de 1679, por un descuido de eunucos en la cocina imperial situada al oeste. El edificio que se ve hoy es la reconstrucción de 1695–1697, y sus 72 columnas, antes de nanmu, son de pino ensamblado en piezas. Ante los salones esperan las grandes cubas de agua, las menhai, de bronce o hierro, que se llenaban contra los incendios y que también se llaman «cubas de la buena suerte».
La piedra guarda sus propias proezas. La rampa ceremonial tallada con dragones y nubes tras el Salón de la Preservación de la Armonía es una sola pieza de 16,57 metros de largo, 3,07 de ancho y 1,7 de grosor, unas 200 toneladas. La rampa sur, ante el Salón de la Suprema Armonía, son en realidad dos losas, y su junta, oculta bajo el relieve, no se descubrió hasta el siglo XX, cuando la erosión la abrió. En la explanada, la audioguía reconstruye cómo era el salón antes de encoger.
El trono resucitado bajo la bola de bronce
Hall of Supreme Harmony (太和殿)
Resumen de esta parada
El rango del Salón de la Suprema Armonía se lee primero en el tejado. En cada arista del doble tejado amarillo avanza una fila de figuras de cerámica vidriada: un inmortal a lomos de un fénix seguido de diez bestias, cuando los edificios menores se quedan en tres o cinco. Era el único edificio del imperio autorizado a llevar diez, y la décima, el Hangshi («la que va en décimo lugar»), no aparece en ningún otro tejado de la Ciudad Prohibida. Dentro, el suelo está pavimentado con 4.718 «ladrillos de oro» (jinzhuan) de unos 0,67 metros de lado, cocidos en Suzhou y otras prefecturas en un proceso de más de medio año.
Desde la puerta se ve el Trono del Dragón, dorado, sobre su estrado, con un biombo de dragones detrás y seis columnas doradas con dragones alrededor. Su historia es la de una resurrección. De 1915 a 1958 ocupó su lugar el trono de respaldo alto y estilo occidental que Yuan Shikai encargó para proclamarse emperador. Al retirarlo, el experto del museo Zhu Jiajin identificó entre muebles viejos del almacén los restos del trono Ming de la era Jiajing, y trece especialistas lo restauraron hasta septiembre de 1964: es el trono dorado de trece dragones que preside hoy el salón.
Sobre él cuelga del artesonado una gran bola de bronce, el espejo Xuanyuan, que según la tradición caería y mataría a cualquier usurpador. Se cuenta que Yuan Shikai mandó retrasar el trono 2 metros hacia el norte para no quedar debajo y que el trono restaurado en 1964 conservó esa posición; lo cierto es que hoy la bola pende sobre el borde de los peldaños, no sobre el asiento. Junto al salón queda otra huella. En 1900, durante el saqueo de la Ciudad Prohibida por las tropas de la Alianza de las Ocho Naciones, se cuenta que soldados que no podían llevarse las pesadísimas cubas de bronce dorado rasparon con las bayonetas el oro de su superficie. Son las de mayor rango del palacio, 18 piezas con la inscripción «Hecho en la era Qianlong de la Gran Qing», y en las que flanquean este salón todavía se distinguen las marcas. Ante la puerta, la audioguía cuenta cómo un trono olvidado volvió a su estrado.
La cortina amarilla de un salón pequeño
Hall of Mental Cultivation (养心殿)
Resumen de esta parada
Al oeste del eje de la Corte Interior, lejos de las grandes explanadas, el Salón del Cultivo Mental (Yangxin Dian) sorprende por su escala: es un conjunto relativamente pequeño. Y sin embargo fue aquí, y no en los salones del trono, donde vivían y despachaban los emperadores. Desde Yongzheng, en 1723, los Qing se instalaron en este salón por respeto a la memoria de Kangxi.
En las últimas décadas de la dinastía, el poder se replegó todavía más. Las emperatrices viudas Cixi y Ci’an gobernaron desde la cámara cálida oriental, tras una cortina amarilla que aún se conserva en la estancia. Después del teatro del eje central, la audioguía se detiene en este patio para contar cómo el imperio acabó gobernándose desde detrás de una tela.
Una torre nacida de una jaula de grillos
Forbidden City Corner Tower (故宫角楼)
Resumen de esta parada
La salida norte es la Puerta del Poder Divino (Shenwumen), frente a la colina de Jingshan, levantada con la tierra excavada para el foso; por ella entraban las aspirantes a concubina. Desde fuera se cierra el ciclo imperial. Puyi abdicó en 1912, pero siguió viviendo en la Corte Interior hasta que las tropas de Feng Yuxiang lo expulsaron el 5 de noviembre de 1924, y el 10 de octubre de 1925 el palacio abrió al público como Museo del Palacio. Sus tesoros no se quedaron todos aquí: desde 1933 se evacuaron en cajas ante la invasión japonesa, y en 1948 una selección partió a Taiwán por orden de Chiang Kai-shek. De las 13.491 cajas evacuadas, 2.972 están hoy en el Museo Nacional del Palacio de Taipéi y 2.221 siguen almacenadas en Nankín.
Desde el borde del foso, de 52 metros de ancho según unas fuentes y 59 según otras, se ve reflejada la torre de esquina del noroeste, una de las cuatro que rematan la muralla, con tejados de 72 aristas. Cuenta la leyenda que Yongle exigió que cada torre tuviera «nueve vigas, dieciocho columnas y setenta y dos aristas», y que los carpinteros no daban con la forma hasta que uno de ellos se cruzó con un viejo que vendía jaulas para grillos: una de aquellas jaulas tenía exactamente esa estructura. Los artesanos dijeron que el viejo era Lu Ban, el maestro patrón de los carpinteros, bajado del cielo para ayudarles.
La torre real es todavía más compleja que la fórmula: 20 columnas y, en la cubierta, 6 tipos de vigas, 4 de correas, 13 de travesaños y 11 de ménsulas dougong, todo ensamblado a espiga y mortaja. Las torres de esquina, además, estuvieron entre lo poco que quedó en pie tras el incendio de 1644. Junto al foso, la última parada de la audioguía cuenta lo que esa silueta le debe a un juguete de mercadillo.