Santuario imperial
Audioguía Templo del Cielo (Tiantan)
El recinto donde los emperadores Ming y Qing ofrecían sacrificios al Cielo está trazado como un mapa del cosmos, redondo al norte, cuadrado al sur y contado de nueve en nueve; desde 1918 es un parque donde cada mañana cientos de vecinos practican taichí.
- 90 min de audio
- Ritos imperiales
El Templo del Cielo se fundó en 1420, el decimoctavo año del emperador Yongle, como Altar del Cielo y la Tierra (Tiandi Tan). En 1530 el emperador Jiajing separó los cultos, llevó la Tierra a un altar propio en el norte de Pekín y el recinto quedó dedicado solo al Cielo; algunas fuentes retrasan el cambio de nombre a 1534. Su muralla encierra unos 2,73 km², cuadrada en el sur como la Tierra y semicircular en el norte como el Cielo, sobre un terreno que sube de sur a norte. A lo largo de ese eje se suceden el Salón de Oración por las Buenas Cosechas, la Bóveda Imperial del Cielo y el Altar Circular, que Qianlong amplió en 1749 (1750 según otra fuente) con piedra gris verdosa y balaustradas de mármol blanco.
El salón más fotografiado del recinto no es el original: un rayo lo redujo a cenizas en 1889 y el emperador Guangxu leyó el incendio como una advertencia del Cielo. En 1900 la Alianza de las Ocho Naciones instaló su cuartel general dentro del templo, y en 1914 (1913, según otras fuentes) un presidente de la República celebró aquí el último sacrificio al Cielo. En 1918, el santuario donde un solo hombre hablaba con el Cielo abrió sus puertas como parque público.
Qué ver
- Salón de Oración por las Buenas Cosechas — 38 m de madera sin clavos sobre 28 columnas que marcan estaciones, meses y periodos solares
- Puente Danbi — La calzada elevada del eje sagrado y, debajo, el túnel que el pueblo llamó Puerta de los Fantasmas
- Muro del Eco — 193,2 m de tapia circular que lleva la voz de un lado a otro del patio
- Altar Circular — Nueve anillos de losas, de 9 a 81, en torno a la Piedra del Corazón del Cielo
- Galería Larga — Taichí matinal de los vecinos en el parque abierto en 1918
Detrás de una muralla cuadrada por el sur y curva por el norte se extiende el Templo del Cielo (天坛, Tiantan), el gran santuario donde los emperadores de las dinastías Ming y Qing ofrecían sacrificios al Cielo. Sus unos 2,73 km² están trazados como un mapa del cosmos: la Tierra cuadrada al sur, el Cielo redondo al norte, un terreno que sube de un extremo al otro y unas medidas que vuelven una y otra vez al número nueve. Desde el 1 de enero de 1918 es un parque, y cada mañana lo ocupan cientos de vecinos, en su mayoría jubilados, que practican taichí entre bosques de cipreses viejos.
La historia del Templo del Cielo arranca en 1420, cuando el emperador Yongle fundó aquí el Altar del Cielo y la Tierra, donde ambos se veneraban juntos. En 1530 el emperador Jiajing levantó un Altar de la Tierra aparte en el norte de Pekín y el recinto, ya solo del Cielo, pasó a llamarse Tiantan (la fecha del cambio de nombre oscila entre 1530 y 1534 según la fuente). Ese mismo año nació el Altar Circular para el sacrificio del solsticio de invierno, y en 1545 se terminó el gran salón circular de triple alero, entonces llamado Daxiang Dian. El emperador Qianlong dejó después su sello: amplió el Altar Circular en 1749 y en 1751 rebautizó el salón como Qiniandian. Luego vinieron el rayo de 1889, el cuartel de la Alianza de las Ocho Naciones en 1900 y el último sacrificio al Cielo, que celebró el presidente Yuan Shikai en 1914 (en el solsticio de invierno de 1913, según otras fuentes).
Fuera del eje, el recinto guarda piezas que la tradición rodea de relatos. Ante el salón principal del Palacio de la Abstinencia, donde el emperador se purificaba y ayunaba antes del sacrificio, un pequeño pabellón de piedra guardaba un hombrecillo de bronce de un chi y medio de alto con una tablilla de marfil que pedía «abstinencia de tres días»; la costumbre se remonta, según se cuenta, a 1370 y al fundador de los Ming, Zhu Yuanzhang. A quién representa nadie lo ha aclarado: la tradición más extendida dice que a Wei Zheng, el consejero que se atrevía a reprender al emperador Taizong de los Tang, y otros ven en él al eunuco Gang Bing o al músico de la corte Leng Qian. Sobre el césped al este del Altar de Oración, las Siete Piedras de las Estrellas son en realidad ocho: se habla de estrellas caídas, de un consejo taoísta a Jiajing para proteger el sureste del gran salón y de una octava piedra que Qianlong habría añadido como mensaje de unidad entre manchúes y chinos. Y fuera de la tapia oeste de la Bóveda Imperial crece el Ciprés de los Nueve Dragones, cuyo tronco retorcido, según la leyenda, son nueve serpientes que el emperador Qianlong vio desaparecer por encima del muro.
Para saber qué ver en el Templo del Cielo y entender su arquitectura, la audioguía recorre de norte a sur el eje sagrado en cinco paradas y hora y media de narración: de la Galería Larga al Salón de Oración por las Buenas Cosechas, el Puente Danbi, el Muro del Eco y el Altar Circular, siguiendo el hilo de un recinto pensado para que un solo hombre hablara con el Cielo y ocupado hoy por las voces de cualquiera.
El otro polo del poder imperial queda unos tres kilómetros al norte: la Ciudad Prohibida, donde vivían los emperadores que venían aquí a hablar con el Cielo, tras la puerta de la Plaza de Tiananmen.
Taichí en el patio del Hijo del Cielo
Galería Larga (Changlang)
Resumen de esta parada
La Galería Larga es un corredor cubierto de vigas pintadas en el sector norte del recinto, y a primera hora funciona como punto de reunión del barrio. Cada mañana cientos de personas, en su mayoría jubilados de más de 60 años, practican taichí en el parque. Uno de los grupos, el «Cypress Grove» de Ye Guirong, reúne a unas 30 personas a las 7:40 para hora y media de estilo Yang.
La escena tiene algo de paradoja. Este recinto lo fundó el emperador Yongle en 1420 como Altar del Cielo y la Tierra, un espacio cerrado donde el soberano veneraba juntos al Cielo y a la Tierra. La apertura tuvo fecha y autor: en mayo de 1914 el ministro del Interior Zhu Qiqian propuso abrir al público los recintos imperiales de Pekín y puso el Templo del Cielo el primero de la lista. El 1 de enero de 1918 abrió como parque.
Junto a la galería, la audioguía cuenta cómo un santuario reservado a un solo hombre se convirtió en el patio matinal de los vecinos.
Un calendario de madera nacido del rayo
Hall of Prayer for Good Harvests (祈年殿)
Resumen de esta parada
Desde la puerta sur, el Salón de Oración por las Buenas Cosechas se alza sobre una terraza de mármol blanco de tres niveles con balaustradas: un edificio circular de unos 38 metros de alto, hecho de madera sin clavos, con triple tejado de tejas azules y remate dorado. Por la puerta asoman las columnas rojas con decoración dorada que lo sostienen, 28 en total, y cada grupo tiene un significado. Las cuatro centrales, llamadas «pozo del dragón», miden 19,2 metros de alto y 1,2 de diámetro y representan las cuatro estaciones; las 12 de la corona media, los meses; y las 24 de las dos coronas, los periodos solares del año. El diámetro del salón, en cambio, varía mucho según la fuente consultada.
Los tejados cuentan su propia historia. Cuando se terminó en 1545 con el nombre de Daxiang Dian, el salón tenía tejas azules arriba, amarillas en medio y verdes abajo; Qianlong lo rebautizó Qiniandian en 1751 y en 1752 los tres aleros pasaron al azul del Cielo.
Pero el salón que se ve hoy es otro. El 5 de septiembre de 1889 un rayo lo incendió y lo redujo a cenizas mientras soldados y bomberos de la ciudad luchaban contra las llamas. El emperador Guangxu publicó un decreto en el que tomaba el fuego como una «solemne advertencia» del Cielo; dos oficiales de la Corte de Sacrificios fueron acusados de descuido, y el ministro estadounidense en Pekín, Charles Denby, envió el decreto a Washington explicando que allí las desgracias se leían como señal de culpa del soberano. La reconstrucción empezó al año siguiente y suele presentarse como copia fiel, aunque el diario Beijing Wanbao señala materiales y técnica inferiores a los de época de Qianlong y proporciones algo distintas. Ante la puerta, la narración reconstruye aquella noche de fuego y lo que el emperador leyó en ella.
Arriba el emperador, abajo la Puerta de los Fantasmas
Danbi Bridge (丹陛桥)
Resumen de esta parada
El Puente Danbi es una larga calzada de piedra elevada, flanqueada por cipreses, que une el Salón de Oración al norte con la Bóveda Imperial y el Altar Circular al sur. Desde su mitad se entiende el plano entero: el recinto, de unos 2,73 km², tiene la muralla cuadrada en el lado sur, que representa la Tierra, y semicircular en el norte, que representa el Cielo, y el terreno sube de sur a norte sin que apenas se note.
Debajo de la avenida solemne pasa de este a oeste un túnel abovedado. Según la tradición popular, antes de las grandes ceremonias los animales destinados al sacrificio se conducían por ese paso hasta el Pabellón del Sacrificio de las Reses (Zaishengting), donde se les daba muerte. Como ninguno volvía a salir con vida, el pueblo apodó al túnel «Guimenguan», la Puerta de los Fantasmas, el nombre del umbral del inframundo en la tradición china.
El eje sagrado también conoció a ejércitos extranjeros. En 1900, durante la crisis de los Bóxers, tropas británicas y estadounidenses de la Alianza de las Ocho Naciones entraron en Pekín por la puerta de Yongdingmen y la alianza instaló su cuartel general dentro del Templo del Cielo. En 1994 el jefe del Estado Mayor del Ejército indio, el general Joshi, devolvió a China una campana de carillón Ming de bronce dorado, de 26 centímetros, que había llegado a la India como botín; hoy la custodia el propio templo. Sobre el puente, la audioguía cuenta lo que pasaba arriba y abajo de esta calzada.
Un muro que susurra y una losa-teléfono
Imperial Vault of Heaven (皇穹宇)
Resumen de esta parada
La Bóveda Imperial del Cielo es un pequeño edificio circular de un solo alero azul sobre base de mármol, sostenido por 16 columnas en dos coronas. Lo rodea el Muro del Eco, una tapia circular de ladrillo pulido de 3,72 metros de alto, 61,5 de diámetro y 193,2 de perímetro. Quien habla pegado al muro se oye en un punto lejano del otro lado del patio, y por eso el lugar funciona como un instrumento que cualquiera puede tocar.
El camino ante la Bóveda está empedrado con dieciocho losas. Las tres primeras, contadas de norte a sur, son las Piedras del Eco, llamadas piedra del Cielo, de la Tierra y del Hombre. La decimoctava, la del extremo sur, guardó su secreto hasta 1995: durante unas pruebas acústicas del parque con la Universidad de Heilongjiang, pensadas para comprobar las explicaciones de Tang Dingyuan, técnicos y profesores descubrieron que desde esa losa se oye con claridad a quien habla en la esquina noreste o noroeste, detrás de las salas laterales. Son unos 36 metros en línea recta y unos 50 siguiendo el muro, pero la voz llega como si sonara a unos 7. Desde entonces se la conoce como Piedra del Diálogo (Duihuashi).
En el patio, la narración explica qué hace el muro con la voz y dónde está exactamente esa losa que nadie sospechaba.
El altar de los nueve anillos
Circular Mound Altar (圜丘坛)
Resumen de esta parada
El Altar Circular es un altar al aire libre de tres terrazas de piedra con balaustradas de mármol blanco y escaleras de nueve peldaños en los cuatro lados. Nació en 1530, el año en que el emperador Jiajing separó los cultos y el recinto quedó solo para el Cielo, como escenario del sacrificio imperial del solsticio de invierno. Bajo los Ming era un altar de tres pisos revestido de cerámica vidriada azul; Qianlong lo amplió en 1749 (1750, según otra fuente) y cambió el vidriado por piedra gris verdosa «hoja de artemisa», el aspecto que tiene hoy.
En el centro de la terraza superior está la Piedra del Corazón del Cielo, de 80 centímetros, rodeada por nueve anillos de losas: 9 en el primero, 18 en el segundo y así hasta 81 en el noveno, 406 piezas en total. El nueve, repetido en los peldaños y en los anillos, ordena todo el altar.
Aquí también se cerró la historia ritual del templo. En 1914, dos años después de la abdicación del último emperador, el presidente de la República Yuan Shikai celebró aquí un sacrificio al Cielo de rito Ming en su camino por proclamarse emperador: fue la última ceremonia de este tipo en el templo, aunque alguna fuente la adelanta al solsticio de invierno de 1913. Poco después el recinto pasaría a ser de todos. Sobre la piedra central, la audioguía cierra el recorrido con ese último sacrificio.