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Angkor Wat

Foto: CEphoto, Uwe Aranas, CC BY-SA 3.0

Patrimonio UNESCO

Audioguía Angkor Wat

Siem Reap · 6 paradas · 120 min

Un templo-montaña del siglo XII que reproduce en piedra el monte Meru, mira al oeste y nunca dejó de recibir peregrinos.

  • 120 min de audio
  • Templo-montaña jemer

Angkor Wat se levantó entre 1122 y hacia 1150, en tiempos del rey jemer Suryavarman II, como templo estatal de la capital Yaśodharapura. Un foso de 190 m de ancho representa el océano cósmico, y cinco torres en quincunce evocan las cinco cumbres del monte Meru, con la central a 65 m del suelo. Allí se encuentran los bajorrelieves, las devatas y el paso del santuario de Visnú al culto budista theravada.

Pese al mito del «descubrimiento» de Henri Mouhot en 1860, el templo nunca quedó del todo abandonado: lo visitó un fraile portugués en 1586, lo veneraron peregrinos japoneses en el siglo XVII y hoy su silueta figura en la bandera de Camboya. En sus muros conviven un desfile real, un océano batido por dioses y demonios, agujeros de bala y firmas de viajeros de otros siglos.

Qué ver

  • Calzada occidental de 350 m sobre un foso de 190 m de ancho
  • Friso del Batido del Mar de Leche — 49 m, con 92 asuras y 88 devas
  • Galería sur — único relieve histórico, con el desfile de Suryavarman II
  • Torre central de 65 m y quincunce de cinco torres
  • Galería de Preah Poan — inscripciones de peregrinos en jemer, birmano y japonés

Qué ver en Angkor Wat empieza por entender su escala y su idea. La historia de Angkor Wat arranca en 1122, cuando el rey Suryavarman II inició el templo estatal de Yaśodharapura, una obra que se dio por terminada hacia 1150. La arquitectura de Angkor Wat traduce el universo jemer en piedra: un foso que figura el océano, una montaña de terrazas y cinco torres que representan las cumbres del monte Meru. Entre cinco y diez millones de bloques de arenisca, de hasta 1,5 toneladas cada uno, llegaron desde el monte Kulen, a unos 40 km, por canales.

El conjunto reúne además una de las mayores colecciones de relieves del arte jemer, más de 1.796 devatas inventariadas y una historia posterior que lo llevó de santuario de Visnú a monasterio budista, sin interrupción de uso. La experiencia completa de este recorrido de unas dos horas se disfruta con la audioguía, que ordena el templo en seis paradas. Para completar el circuito, el Bayon es el otro gran templo de Angkor, Banteay Srei aporta la arenisca rosa y, desde la ciudad, Wat Thmei enlaza su memorial con la historia de los templos.

La calzada del oeste sobre un océano cósmico

Angkor Wat Causeway

Resumen de esta parada

La visita arranca en la calzada occidental, de arenisca y 350 m de longitud, con balaustradas en forma de naga. Bajo ella se extiende el foso, de 190 m de ancho y más de 5 km de perímetro: 1,5 km de este a oeste y 1,3 km de norte a sur. En la cosmología del templo, esa agua es el océano que rodea el monte Meru.

Angkor Wat mira al oeste, al contrario que los demás templos de la zona, que se orientan al este. El poniente se asocia con Visnú y con la tierra de los muertos, y esa orientación alimenta el debate sobre su función original: la lectura antihoraria de los relieves apoya la idea de un templo funerario de Suryavarman II, aunque no hay pruebas de un enterramiento real y otra interpretación lo considera un templo de culto a Visnú.

Hay también una cita con el calendario. Según una tradición documentada, en el equinoccio de primavera, en torno al 20 de marzo, el sol sale alineado con la torre central visto desde esta calzada, y asoma sobre la cumbre del quincunce. El detalle más sorprendente se reserva para la narración en el propio lugar.

Ta Reach, el Visnú que perdió su trono

Angkor Wat West Gate

Resumen de esta parada

Bajo la torre sur de la puerta occidental se encuentra Ta Reach, una estatua venerada hoy. Originalmente fue un Visnú de ocho brazos, y se cree que pudo ocupar el santuario central del templo. La cronología ayuda a entender su historia: tras el saqueo de Angkor por los chams en 1178, el templo se convirtió de forma gradual al budismo theravada.

Del cambio queda una huella en la torre principal: el santuario central, abierto por sus cuatro lados y ocupado por una estatua de Visnú, se tapió con muros que muestran Budas de pie. Así, el lugar pasó de templo hindú a lugar de culto budista sin dejar de estar en uso.

Aquí también cabe una leyenda humilde. Cuenta la leyenda que el rey, deseoso de levantar el templo en un lugar grato a los dioses, soltó un buey en la llanura y decidió construir donde el animal se echó a descansar, junto a la antigua Yaśodharapura. Es relato popular, no dato histórico, y contrasta con la grandeza cósmica del conjunto.

Un rey en desfile hacia los infiernos

Galería sur de los bajorrelieves

Resumen de esta parada

La galería sur contiene la única escena histórica de todos los relieves: un friso de 94 m con el desfile de Suryavarman II y sus tropas. Le sigue un friso de 64 m con el juicio de Yama, con los 37 cielos y los 32 infiernos hindúes, donde los cielos ocupan la franja alta y los infiernos la baja. En esta misma galería hay un artesonado reconstruido en hormigón.

La piedra conserva también heridas más recientes. Durante la época de los jemeres rojos se abandonaron los trabajos (la Conservation d’Angkor se disolvió en 1975), sus tropas quemaron como leña la madera que quedaba en el edificio y un tiroteo con fuerzas vietnamitas dejó agujeros de bala en los bajorrelieves.

Los trabajos de restauración posteriores tampoco están exentos de debate. La intervención india de 1986 a 1993 fue criticada por especialistas de Francia, Japón y Estados Unidos por el uso de productos químicos y de cemento, mientras el equipo indio defendió su labor.

Dioses y demonios tirando de la misma serpiente

Friso del Batido del Mar de Leche

Resumen de esta parada

En la galería este, un friso de 49 m muestra el Batido del Mar de Leche. Noventa y dos asuras y 88 devas tiran de la serpiente Vasuki para batir el océano bajo la dirección de Visnú, en busca del néctar de la inmortalidad.

La escena funciona como clave de lectura del templo entero: el foso como océano, la montaña como eje del mundo y la búsqueda de la inmortalidad condensados en una sola composición. Los asuras a un lado, los devas al otro y Visnú en el centro ofrecen uno de los relieves más reconocibles del conjunto.

Oro escondido bajo la cumbre del Meru

Bakan y torre central

Resumen de esta parada

Al pie del Bakan, la terraza superior cuadrada de 60 m con escaleras muy empinadas, se alza la torre del santuario central. Alcanza 65 m sobre el suelo y, a diferencia de templos-montaña anteriores, se eleva por encima de las cuatro torres de esquina; las cinco torres en quincunce representan las cinco cumbres del monte Meru.

En los muros, sobre todo a partir del segundo nivel, aparecen las devatas: figuras femeninas talladas de cuerpo entero, solas o en grupos de hasta cuatro, con peinados y joyas distintos. Los muros reúnen más de 1.796 figuras inventariadas, además de pequeñas apsaras de 30 a 40 cm usadas como motivo decorativo en pilares y paredes.

Bajo la torre central hay una historia de subsuelo. En 1934 el conservador George Trouvé excavó el pozo del santuario: estaba lleno de arena y agua y ya había sido saqueado, pero contenía un depósito sagrado de fundación con pan de oro a dos metros sobre el nivel del suelo.

Firmas de peregrinos japoneses en los pilares

Galería cruciforme de Preah Poan

Resumen de esta parada

La galería cruciforme de Preah Poan, un claustro en cruz entre la galería exterior y el segundo recinto, conserva en sus pilares inscripciones de peregrinos en jemer, birmano y japonés. Este segundo recinto se conoce como el de los Mil Budas. En enero de 1632, Morimoto Ukondayu Kazufusa celebró aquí el Año Nuevo jemer y dejó una de las 14 inscripciones japonesas fechadas entre 1612 y 1632; aquellos peregrinos tomaban el templo por el jardín de Jetavana del Buda.

Estas firmas desmontan la idea de un templo «redescubierto». El fraile capuchino portugués António da Madalena visitó Angkor Wat en 1586, casi tres siglos antes de que Henri Mouhot difundiera el templo en Occidente a partir de 1860, y los monjes budistas nunca dejaron de habitarlo.

Hoy una representación de Angkor Wat figura en la bandera nacional de Camboya desde la primera versión de 1863, y en 1992 el conjunto fue inscrito como Patrimonio de la Humanidad y a la vez en la lista de patrimonio en peligro, de la que salió en 2004. El cine añadió su propia ficción: la película In the Mood for Love (2000) termina con el periodista Chow susurrando un secreto en un hueco de un muro del templo y sellándolo con barro, un episodio que invita a mirar de otra manera estas piedras.

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