Templo jemer del siglo X
Audioguía Banteay Srei (Prasat Banteay Srei)
Un templo shivaíta de arenisca roja y escala de maqueta, consagrado en 967 por un brahmán y no por un rey. Sus frontones inauguran la narración en piedra del arte jemer, y sus diosas tentaron a André Malraux.
- 60 min de audio
- Arenisca roja del siglo X
Qué ver en Banteay Srei empieza por una rareza: es el único gran templo de Angkor que no levantó un rey. Lo construyeron los cortesanos Vishnukumara y Yajnavaraha, consejeros de Rajendravarman II, y se consagró el 22 de abril de 967. Casi todo es arenisca roja dura, que se talla como la madera, y la decoración cubre casi cada superficie. Aquí aparecen por primera vez en la arquitectura jemer escenas mitológicas completas en los frontones.
La historia de Banteay Srei tiene también un lado de novela. Perdido en el bosque, no fue descubierto para la arqueología hasta 1914. En diciembre de 1923 André Malraux arrancó relieves de las torres y los embarcó en cajas rotuladas «productos químicos»; el escándalo terminó en juicio y en una reconstrucción piedra a piedra, entre 1931 y 1936, aplicada aquí por primera vez a gran escala en Angkor.
Qué ver
- Único gran templo de Angkor levantado por un brahmán y no por un rey
- Primeros frontones con escenas mitológicas completas del arte jemer
- Torre central de 9,80 m y puerta del santuario de solo 1,08 m
- Las devatas que Malraux arrancó en 1923 y el juicio posterior
- Reconstrucción piedra a piedra por anastilosis entre 1931 y 1936
La historia de Banteay Srei arranca el 22 de abril de 967, fecha de su consagración, y pocos templos de Angkor concentran tanto en tan poco espacio. Lo levantaron los cortesanos Vishnukumara y Yajnavaraha, consejeros de Rajendravarman II, y el segundo, brahmán y gurú del futuro rey Jayavarman V, erigió en el santuario central el linga de Shiva llamado Tribhuvanamaheshvara, «Gran Señor del Triple Mundo», que fue el nombre original del templo.
La arquitectura de Banteay Srei sorprende por la escala: la torre central mide 9,80 m y las laterales 8,34 m. A cambio, la arenisca roja está tallada hasta el último rincón y los frontones cuentan escenas completas de la mitología hindú. Alrededor de ese conjunto se acumulan un descubrimiento tardío en 1914, el robo frustrado de Malraux en 1923 y una restauración pionera. La experiencia completa se disfruta recorriéndolo con la audioguía. Frente a la monumentalidad de Angkor Wat, este templo pequeño queda aparte, y comparte con Ta Prohm su posición fuera del circuito central.
Una puerta sin ciudad, un templo sin rey
Gopura oriental exterior
Resumen de esta parada
La visita comienza ante el gopura oriental exterior, una puerta de laterita en cruz que es el único resto del muro de la antigua ciudad de Ishvarapura. Su frontón muestra a Indra sobre el elefante de tres cabezas Airavata, y todavía se aprecian los huecos de las vigas del tejado.
Este es el punto para entender quién hizo el templo. Banteay Srei es el único gran templo de Angkor que no levantó un rey, sino los cortesanos Vishnukumara y Yajnavaraha, consejeros de Rajendravarman II. Yajnavaraha, brahmán y gurú del futuro Jayavarman V, erigió con su hermano menor el linga de Shiva del santuario central.
La datación también se resolvió en esta entrada. Hasta 1936 la exuberancia de la decoración hizo fechar las tres torres hacia el año 1300, hasta que apareció la estela fundacional en el gopura este exterior. Inscrita en 968, fija la fundación en abril-mayo de 967 y prueba que todo el conjunto es del siglo X. El detalle más sorprendente de esta puerta se revela al escuchar la narración allí mismo.
El hueco del frontón que viajó a París
Calzada procesional
Resumen de esta parada
Perdido en el bosque y lejos de otros restos, Banteay Srei no fue descubierto para la arqueología hasta 1914, por el teniente Marec, oficial del servicio geográfico. El final de la calzada procesional conserva ese aire de lugar escondido por la vegetación.
Allí se aprecia sobre todo lo que falta. Los frontones del gopura este del tercer recinto ya no están en su sitio: el oriental, con el rapto de Sita, yace reconstruido en el suelo, y el occidental no volvió nunca.
Ese segundo frontón mostraba a los asuras Sunda y Upasunda disputándose a la apsara Tilottama. Se ofreció a Francia como testimonio de la restauración y está en el Museo Guimet de París desde 1936. El hueco que dejó es una de las ausencias más elocuentes del templo.
Ravana sacude la montaña de Shiva
Biblioteca sur
Resumen de esta parada
En la cara este de la biblioteca sur, la piedra narra una escena completa. Ravana, el rey demonio de diez cabezas, sacude el monte Kailasa mientras Shiva y Parvati permanecen sentados en la cima y los animales huyen por tres niveles de laderas. Los cuatro frontones de las bibliotecas inauguran este modelo narrativo: hasta entonces, los frontones jemeres solo mostraban figuras aisladas.
La talla explica el efecto. La arenisca roja dura se trabaja como la madera, y la decoración cubre casi cada superficie, de modo que el relieve parece más cercano a la ebanistería que a la cantería.
En la cara opuesta, la oeste, otra escena guarda una leyenda. Según la tradición, Kamadeva, dios del amor, disparó su flecha contra Shiva para que se interesara por Parvati; molestos por la intromisión, ambos lo miraron con su tercer ojo y lo redujeron a cenizas, aunque más tarde lo resucitaron. Lo que parece un gesto tierno, con Parvati recibiendo un rosario, es el instante previo a esa catástrofe.
Las diosas que Malraux arrancó
Torres del santuario central
Resumen de esta parada
El lado sur del santuario central permite medir la escala de maqueta con el propio cuerpo. La puerta oriental tiene solo 1,08 m de altura y se cruza agachado, y el interior está acordonado. En la cara sur, un jabalí visto de frente podría aludir al nombre del fundador, Yajnavaraha, «el jabalí del sacrificio».
En las esquinas de las torres norte y sur sonríen las devatas, con trenzas, joyas y flores. Son las mismas figuras que André Malraux, su esposa Clara y su amigo Louis Chevasson arrancaron con cinceles y martillos en diciembre de 1923. Cargaron los relieves en siete cajas rotuladas «productos químicos». El botín varía según las fuentes: cinco diosas, dos tablillas votivas y cuatro frisos en una versión, cuatro devatas en otra, siete bajorrelieves según el panel de la Autoridad APSARA.
George Groslier, director del museo de Phnom Penh, abrió las cajas a bordo del vapor en Kampong Chhnang, y la policía detuvo a Malraux y Chevasson en Phnom Penh la Nochebuena de 1923. El 21 de julio de 1924 el tribunal condenó a Malraux a tres años de cárcel y cinco de prohibición de residencia en Indochina, y a Chevasson a 18 meses. En octubre, la apelación de Saigón rebajó las penas a un año y seis meses, suspendidas.
El episodio no acabó con la carrera de Malraux. En 1924 intelectuales franceses como André Breton y Max Jacob firmaron una petición en su favor, y en 1930 publicó «La Voie royale», que ganó ese año el primer Premio Interallié. En la novela, dos aventureros se adentran en la selva camboyana para arrancar bajorrelieves de un templo. El resto de la historia queda para la narración en el lugar.
Guardianes de copia contra los ladrones
Guardianes de las escaleras
Resumen de esta parada
En la escalera norte del santuario esperan los guardianes arrodillados, de cuerpo humano y cabeza de mono, león o garuda. Flanquean las seis escaleras de la plataforma, y casi todos son réplicas, porque los originales fueron robados o llevados a museos.
Esa presencia de copias remite a la otra gran historia del templo: el que se ve hoy es una reconstrucción. El escándalo del robo llevó al desbroce de 1924 por Henri Parmentier y Victor Goloubew, y entre 1931 y 1936 Henri Marchal lo reconstruyó piedra a piedra por anastilosis, método aprendido del Borobudur de Java y aplicado aquí por primera vez a gran escala en Angkor. Las piezas robadas volvieron a su sitio.
El saqueo, sin embargo, continuó. Según lo documentado, cuando se retiraron estatuas originales y se colocaron réplicas de hormigón, los saqueadores empezaron a atacar también las réplicas. La estatua de Shiva y Uma, llevada al Museo Nacional de Phnom Penh para protegerla, sufrió allí mismo un intento de robo; los ladrones fueron atrapados y las estatuas recuperadas.