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Ta Prohm

Foto: Clay Gilliland, CC BY-SA 2.0

Patrimonio UNESCO

Audioguía Ta Prohm (Prasat Ta Prohm)

Siem Reap · 5 paradas · 60 min

Un monasterio budista del siglo XII dedicado a la madre de un rey, con ceibas e higueras que abrazan con sus raíces galerías, torres y portadas. Una ruina salvaje que, a la vez, se conserva a propósito.

  • 60 min de audio
  • Templo-monasterio entre raíces

Ta Prohm se fundó en 1186 con el nombre de Rajavihara, «monasterio del rey», como uno de los primeros templos del gran programa de obras de Jayavarman VII. Su estela fundacional, con esa fecha, detalla un monasterio dedicado a la madre del soberano y sostenido por 3.140 aldeas y 79.365 personas. El muro exterior, de unos 1.000 por 650 metros, encierra hoy un bosque donde en su día se extendía una ciudad.

Ta Prohm se levantó sin mortero, y tras el abandono posterior a la caída del Imperio jemer, en el siglo XV, los árboles arraigaron entre las piedras sueltas y la selva colonizó el templo durante siglos. A principios del siglo XX, la École française d'Extrême-Orient decidió dejarlo casi como lo había encontrado, de modo que la apariencia de ruina intacta es también el resultado de una conservación cuidadosa.

Qué ver

  • Gopura este — torre de rostros ante un muro de 1.000 × 650 m
  • Sala de las Bailarinas — reabierta en noviembre de 2022
  • Estela fundacional — 615 bailarinas entre el personal
  • Santuario central — torre desnuda de la imagen de Prajnaparamita
  • Tetrameles sobre la galería — el árbol que se asienta como un pulpo

Qué ver en Ta Prohm empieza por entender qué fue: un monasterio budista fundado en 1186 por Jayavarman VII y dedicado a su madre, que llegó a depender de 3.140 aldeas y de 79.365 personas según su propia estela fundacional. Más de 66.000 campesinos producían más de 2.500 toneladas de arroz al año para alimentar a sacerdotes, bailarinas y trabajadores, y el tesoro incluía vajilla de oro por más de 500 kg, unas 40.000 perlas y 876 velos llegados de China.

La historia de Ta Prohm tiene también un segundo capítulo, el de la selva. Abandonado tras la caída del Imperio jemer, el templo quedó en manos de los árboles, y la École française d’Extrême-Orient optó por mantenerlo así, como «concesión al gusto general por lo pintoresco». La arquitectura de Ta Prohm, sin mortero y abierta por raíces de tetrameles e higueras estranguladoras, es hoy una mezcla de templo, bosque y obra de conservación. La experiencia completa se disfruta recorriéndolo de este a oeste con la audioguía. Fundado por Jayavarman VII, igual que el Bayon, contrasta con Banteay Srei, otro templo situado fuera del circuito central.

Una puerta con rostros que custodia un bosque

Ta Prohm East Gate

Resumen de esta parada

El recorrido arranca ante el gopura este, una portada del muro exterior coronada por una torre con rostros al estilo del Bayon, añadida en el siglo XIII. Desde ese punto parte un largo sendero entre árboles dentro de un recinto de unos 1.000 por 650 metros, es decir, 650.000 m² que en su día ocuparon una ciudad considerable y que hoy son casi por completo bosque. Dentro, cinco recintos rectangulares rodean el santuario central.

El lugar se fundó en 1186 como Rajavihara, «monasterio del rey», y su estela fundacional lleva esa fecha. Esa misma estela cuenta que el templo dependía de 3.140 aldeas y de 79.365 personas, una cifra que cierra incluyendo a birmanos y chams entre quienes servían al monasterio. Las medidas del muro, por cierto, varían según la obra de referencia, y las cifras de la estela circulan a menudo redondeadas.

El nombre actual también guarda un enredo. Ta Prohm significa en jemer «abuelo Brahma» y no tiene relación con el nombre original. Según la tradición documentada, durante años se creyó que una estatua hallada en el templo representaba a un rey llamado Ta Prohm; en 1904 Étienne Aymonier sostuvo que aquel rostro era en realidad el de Jayavarman VII, y la École française d’Extrême-Orient le dio la razón en 1922. El detalle completo de esa confusión se reserva para la narración en el propio acceso.

Las 615 bailarinas de la estela

Sala de las Bailarinas

Resumen de esta parada

En la Sala de las Bailarinas, un edificio de pilares entre el tercer y el cuarto gopura oriental, los dinteles muestran figuras de apsaras. La sala reabrió al público en noviembre de 2022 tras una restauración en dos fases a cargo de expertos indios del Archaeological Survey of India junto con la autoridad APSARA, en una ceremonia con el vicepresidente de India, Jagdeep Dhankhar.

La piedra de este rincón se lee junto a la estela fundacional, que reapareció en 1882 en una de las salas del santuario durante la misión de Étienne Aymonier; George Cœdès publicó su texto y su traducción en 1906. La inscripción enumera el personal del monasterio: 18 oficiantes principales, 2.740 oficiantes y 2.232 asistentes, entre ellos 615 bailarinas, hasta sumar 12.640 personas con derecho a alojamiento dentro del recinto.

Esas cifras convierten un espacio de piedra en la plantilla de una pequeña ciudad. En las fuentes aparecen también variantes como 12.500 residentes o 2.202 asistentes, aunque el recuento detallado de la estela da 12.640 alojados.

La torre vacía donde estuvo la madre del rey

Santuario central

Resumen de esta parada

El santuario central es una torre muy desnuda por dentro, situada en el centro del quincunce que forma con las torres de esquina del primer recinto. Allí estuvo la imagen principal del monasterio: Prajnaparamita, personificación budista de la sabiduría, esculpida con los rasgos de la madre de Jayavarman VII. Era, en el fondo, un retrato filial con ropaje de sabiduría budista.

Ta Prohm formaba pareja con Preah Khan, consagrado en 1191 y cuya imagen principal se modeló sobre el padre del rey. Los dos templos satélite del tercer recinto estaban dedicados, el del norte, al gurú del rey, Jayamangalartha, y el del sur, a su hermano mayor. Entre estos muros se guardó un tesoro de vajilla de oro por más de 500 kg, unas 40.000 perlas (40.620 en el recuento detallado) y miles de piedras preciosas.

La piedra desnuda conserva además una costumbre popular. En una pequeña cámara cerrada, conocida como la «sala de los ecos», se cuenta que los guías invitan a ponerse de espaldas a la pared y golpearse el pecho, y que el golpe retumba en toda la cámara. Lo que ocurre exactamente en ese eco queda para la audioguía.

El árbol pulpo que se come la galería

Tetrameles sobre la galería

Resumen de esta parada

Nada más cruzar el gopura oeste del primer recinto, a la izquierda, un enorme Tetrameles nudiflora se asienta como un pulpo sobre el tejado de una galería, mientras sus raíces en forma de mano bajan en vertical hasta el suelo. Es uno de los rincones más fotografiados del templo. Las dos especies dominantes son este árbol y la higuera estranguladora Ficus gibbosa, aunque la identificación de los gigantes varía según las fuentes: el mayor se describe también como ceiba o algodonero (Ceiba pentandra) y el menor como Diospyros decandra.

En el segundo patio, torres aisladas y lienzos de muro aparecen sujetos o deformados por las raíces, y algunos tramos han cedido bajo el peso. Como Ta Prohm se levantó sin mortero, los árboles arraigaron entre piedras sueltas y han ido abriendo el templo durante siglos, una mezcla de fascinación y alarma.

Este decorado ganó además fama mundial. En «Lara Croft: Tomb Raider» (2001), Angelina Jolie arranca una flor de jazmín en Ta Prohm y cae a través del suelo al interior del templo, aunque las escenas siguientes se rodaron en los estudios Pinewood, en Inglaterra. Desde entonces el lugar se conoce popularmente como el templo de «Tomb Raider» o de «Angelina Jolie», y su mezcla de ruinas y selva se ha convertido en la imagen que muchos viajeros esperan encontrar en Angkor.

Un estegosaurio que nunca existió

Pilastra del estegosaurio

Resumen de esta parada

En la entrada oeste del tercer recinto, una pilastra con medallones de animales envueltos por una serpiente alberga una de las piezas más comentadas de Angkor. Uno de los medallones, con una hilera de formas puntiagudas en el lomo, circula por internet como el famoso «estegosaurio» y como supuesta prueba de que humanos y dinosaurios convivieron.

La lectura más prudente apunta a otra cosa: la cabeza enorme, la ausencia de púas caudales y sus seis o siete «placas» iguales sugieren un animal real, como un búfalo, un rinoceronte de Java o un jabalí, sobre un fondo vegetal, igual que en los medallones vecinos.

El mito del dinosaurio se parece al del abandono intacto. A principios del siglo XX se talaron muchos árboles del recinto y se apuntalaron las estructuras que amenazaban derrumbe para mantener la apariencia de abandono, y en 2004 el equipo del Archaeological Survey of India, dirigido por K. T. Narasimhan, contó unos 145 árboles de entre 150 y 200 años y planteó una restauración en cinco fases durante diez años, por 5,5 millones de dólares, sin talar ninguno. Montones de piedras numeradas, puntales y pasarelas de madera delatan hoy esa conservación bajo la apariencia de ruina intacta.

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