Santuario del siglo IX
Audioguía Goa Gajah
Bajo la carretera, al fondo de una hondonada, una cara gigante de ojos saltones abre la boca para que se entre por ella. En la Cueva del Elefante nunca hubo un elefante, y en el mismo barranco el Bali hindú y el budista llevan mil años compartiendo la piedra.
- 45 min de audio
- Hinduismo y budismo
Goa Gajah, la Cueva del Elefante, está en la aldea de Bedulu, en el distrito de Blahbatuh de la regencia de Gianyar, a unos 27 km de Denpasar y cerca del río Petanu. La cueva se fecha en el siglo IX, aunque el santuario en su conjunto se atribuye al reino balinés del siglo XI. En 1365 ya aparecía con el nombre de Lwa Gajah en el Desawarnana, el poema cortesano javanés también conocido como Nagarakretagama.
Lo más asombroso tardó en salir a la luz. Los arqueólogos holandeses redescubrieron la cueva en 1923, pero el estanque de baño y sus fuentes siguieron enterrados hasta 1954. Las excavaciones sistemáticas de J. L. Krijgsman, entre 1954 y 1979, revelaron figuras femeninas que vierten agua de sus jarras, y al otro lado del barranco esperaban relieves budistas que se tienen por más antiguos que la propia cueva hindú.
Qué ver
- Boca del gigante — Un rostro de ojos saltones tallado en la roca, rodeado de hojas, animales y figuras, que hace de entrada a la cueva
- Ganesha y la trilingga — El dios con cabeza de elefante en la hornacina oeste y tres lingams de Shiva sobre una misma base en la este
- Estanque de baño — Enterrado hasta 1954, con figuras femeninas que vierten agua de sus jarras
- Hariti — La protectora budista de los niños, rodeada de pequeñas figuras, en un pabellón junto a la cueva
- Restos budistas — Fragmentos de estupas con remate en forma de sombrilla al fondo del barranco del Tukad Pangkung
Goa Gajah, la Cueva del Elefante, es un santuario escondido por debajo de la carretera en Bedulu, en la regencia de Gianyar, a unos 27 km de Denpasar y cerca del río Petanu. La historia de Goa Gajah empieza en el siglo IX, la fecha que se atribuye a la cueva, aunque el conjunto del santuario se asocia al reino balinés del siglo XI. Su nombre ya circulaba en 1365: el Desawarnana, el poema cortesano javanés que también se conoce como Nagarakretagama, lo menciona como Lwa Gajah.
Después llegó el olvido. Los arqueólogos holandeses redescubrieron la cueva en 1923, pero el estanque de baño y sus fuentes no aparecieron hasta 1954, y las excavaciones sistemáticas dirigidas por J. L. Krijgsman se prolongaron hasta 1979. El 19 de octubre de 1995, Goa Gajah entró en la lista indicativa del Patrimonio Mundial de la Unesco, de la que se retiró en 2015.
Qué ver en Goa Gajah se ordena en tres paradas: la bajada a la hondonada, la boca tallada del gigante con Ganesha y los lingams en su interior, y el estanque de baño con los restos budistas del barranco. La arquitectura de Goa Gajah cuenta, piedra a piedra, cómo dos religiones compartieron un mismo hueco durante mil años, y ese relato cobra todo su sentido recorriendo el lugar con la audioguía.
Entre los santuarios antiguos de los valles de los ríos sagrados figura también el Templo Tirta Empul, y a unos 3,1 km queda el Santuario del Bosque Sagrado de los Monos.
El descenso a la hondonada
Lo alto de la escalera
Resumen de esta parada
En lo alto de la escalera, antes de bajar, el santuario todavía no se deja ver: queda por debajo de la carretera, en una hondonada cercana al río Petanu. Lo que espera abajo es un lugar con una edad difícil de abarcar. La cueva se fecha en el siglo IX y el conjunto se vincula al reino balinés del siglo XI; en 1365 un poema de la corte javanesa, el Desawarnana, ya lo nombraba como Lwa Gajah.
Ese nombre está en el origen de un pequeño enigma, porque nadie se pone de acuerdo sobre por qué se llama la Cueva del Elefante. Cuenta la creencia popular que viene de Lwa Gajah, el río del elefante, como se habría llamado el Petanu en el viejo poema; otros lo atribuyen al Ganesha con cabeza de elefante que se guarda dentro, y otros, sin más, al tamaño del rostro tallado en la entrada. Aquí nunca hubo un elefante y, sin embargo, es la Cueva del Elefante.
El santuario pasó siglos fuera de la vista hasta que los arqueólogos holandeses lo redescubrieron en 1923. Y aun entonces, una parte esencial siguió oculta durante tres décadas más. Qué se encontró después, y dónde, lo desvela la narración al pie de la escalera.
La boca del gigante
Entrada de la cueva
Resumen de esta parada
En el patio, frente a la entrada, la cueva se anuncia con una cara gigante de ojos saltones y boca abierta, rodeada de un remolino de hojas, animales y figuras talladas. La boca es la propia entrada: para pasar al interior hay que atravesarla. Del gigante se conserva incluso un fragmento de su espada de piedra.
Dentro, la cueva dibuja una T. En la hornacina oeste se sienta Ganesha, el dios con cabeza de elefante; en la este se alzan tres lingams sobre una misma base, una trilingga, los emblemas de Shiva. Es la huella de un retiro shivaíta excavado en la roca.
Muy cerca, en un pabellón junto a la cueva, una estatua desgastada de Hariti, la protectora budista de los niños, aparece rodeada de siete pequeñas figuras. Su presencia junto a un santuario de Shiva es la primera pista de que Goa Gajah guarda más de una fe.
El estanque y la otra fe
Estanque de baño
Resumen de esta parada
Junto al camino que baja hacia el barranco se abre el estanque de baño, una alberca rectangular hundida en el suelo. En su muro, figuras femeninas vierten agua de las jarras que sostienen; las descripciones más difundidas cuentan siete, una de ellas destruida por un terremoto, y las identifican con los ríos sagrados de la India. Este conjunto permaneció enterrado incluso después del redescubrimiento de la cueva en 1923: no salió a la luz hasta 1954.
Ese año empezaron las excavaciones sistemáticas de J. L. Krijgsman, que se prolongaron hasta 1979 y revelaron el complejo de baños con sus figuras portadoras de surtidores. Lo que parecía un santuario hindú resultó ser solo una parte del lugar.
Al otro lado del barranco del Tukad Pangkung, junto al arroyo, yacen fragmentos de estupas budistas con remates en forma de sombrilla. Los relieves budistas del lado sur se fechan hacia comienzos del siglo X y se tienen por más antiguos que la cueva hindú, y la estatua de Hariti con sus pequeñas figuras completa el cuadro. Cómo encajan esas dos religiones en un mismo hueco es la historia que la audioguía reserva para el final del recorrido.