Templo real
Audioguía Wat Suthat y Columpio Gigante (Sao Ching Cha)
Un pórtico rojo de veintiún metros sin columpio, el santuario de los brahmanes al otro lado de la calle y, tras la tapia, un Buda de bronce de ocho metros traído de Sukhotai. En esta plaza de Bangkok, budismo y brahmanismo nunca terminaron de separarse.
- 40 min de audio
- Budismo y brahmanismo
Wat Suthat es un templo real de primera clase que el rey Rama I empezó en 1807 y que no se terminó hasta el reinado de Rama III, en 1847 o 1848. Durante esas cuatro décadas de obra el barrio lo llamó Wat Phra To, Wat Phra Yai o, sencillamente, Wat Sao Ching Cha, «el templo del columpio», por el pórtico que se alza delante: el Columpio Gigante, levantado en 1784 ante el santuario brahmánico de Devasathan, apenas dos años después de que Bangkok se convirtiera en capital.
Desde 1784 hasta los años treinta, en el Año Nuevo brahmán, hombres con tocados de serpiente volaban entre esos postes para arrancar con los dientes una bolsa de monedas colgada en lo alto. Nadie ha vuelto a columpiarse desde entonces y los maderos originales descansan en el Museo Nacional, pero el rito no ha desaparecido: cada fin de año, a pocos pasos, los brahmanes de la corte siguen balanceando a sus dioses.
Qué ver
- Columpio Gigante — Pórtico de teca roja de 21,15 m sobre una base circular, levantado por Rama I en 1784
- Phra Si Sakyamuni — Buda de bronce de unos 8 m, fundido en los siglos XIV-XV y traído de Sukhotai
- Puertas del wihan — Hojas de teca de 5,5 m labradas en relieve profundo, atribuidas a Rama II
- Santuario de Devasathan — Capillas a Shiva, Brahma, Ganesha y Vishnu donde sigue vivo el rito del columpio
- Estatuas chinas de piedra — Llegaron a Bangkok como lastre en los barcos que volvían de China
En pleno casco antiguo de Bangkok hay una plaza donde conviven dos religiones sin necesidad de pared que las separe. De un lado, el Columpio Gigante (Sao Ching Cha), un pórtico de teca pintada de rojo de 21,15 metros que el rey Rama I mandó levantar en 1784 ante el santuario brahmánico de Devasathan. Del otro, Wat Suthat, templo real de primera clase empezado en 1807 y concluido bajo Rama III hacia 1847 o 1848 para acoger un Buda de bronce de unos ocho metros traído desde Sukhotai.
La historia de Wat Suthat y Columpio Gigante es la de una capital recién fundada que quiso reunir en un mismo punto el rito brahmánico de la corte y el budismo del reino. Las cifras del conjunto dan la medida: 28 pequeñas pagodas de estilo chino en la terraza que rodea el wihan, 156 budas dorados sentados en fila en el claustro y un ubosot de tiempos de Rama III, terminado hacia 1843, que se considera la sala de ordenación más larga de Tailandia. Al lado pasa Bamrung Mueang, la segunda calle pavimentada de Bangkok, abierta en 1863 y conocida de forma oficiosa como «la calle del Columpio Gigante», donde hoy se alinean las tiendas de artículos para monjes. Y una tarde al año, casi siempre a primeros de marzo, el sol poniente queda encajado justo entre los dos postes; en 2025 ocurrió el 6 de marzo, y la escena se ha convertido en una cita para los fotógrafos de la ciudad.
Saber qué ver en Wat Suthat y Columpio Gigante y cómo se lee la arquitectura de Wat Suthat y Columpio Gigante exige cruzar la plaza, entrar en el patio del templo y llegar hasta el gran Buda. La audioguía de EarGuide recorre ese itinerario en cuatro paradas y unos 40 minutos.
A pocas calles esperan Wat Saket y el Monte Dorado y el Monumento a la Democracia, y hacia el oeste, el Santuario del Pilar de la Ciudad, donde se clavó el pilar fundacional de Bangkok.
Dos montañas rojas para un rito brahmánico
Giant Swing
Resumen de esta parada
La primera parada se sitúa sobre la base circular del columpio, una plataforma de unos 10,5 metros de diámetro. Lo que desde lejos parece un arco monumental resulta ser el escenario de la ceremonia Triyampawai, que marcaba el Año Nuevo brahmán del calendario lunar tailandés. El rito exigía tres tablas de columpio y doce oficiantes, los naliwan, que se lanzaban por el aire para atrapar una bolsa de monedas colocada en lo alto de uno de los pilares, mientras un alto dignatario, el Phraya Yuen Chingcha, encarnaba al dios Shiva y presidía la fiesta.
Detrás de la acrobacia había un mito que la tradición documenta con detalle. Cuando Brahma terminó de crear el mundo, Shiva bajó a comprobar si era firme: apoyó un pie en la tierra y ordenó a los nagas, las serpientes míticas, que sacudieran las montañas a ambos lados del océano. Shiva no cayó, y así quedó probado que la tierra era estable. Según ese simbolismo, los dos postes son las montañas y la base redonda, la tierra y los mares; los naliwan llevaban tocados de naga, intentaban arrancar la bolsa con los dientes y, al terminar, bailaban esparciendo agua bendita con cuernos de animal.
El origen de todo ello es, sin embargo, un enigma. Las crónicas sostienen que los brahmanes llegados de la India trajeron la costumbre, pero en la India no se conoce una fiesta parecida, y los historiadores siguen discutiendo si se trata de una tradición local injertada en el rito hindú. La otra versión del mito, la del rey naga que se columpia entre dos árboles sobre un río, se reserva para la narración en este mismo punto.
Un columpio vacío y un rito que sigue
Puertas del santuario de Devasathan
Resumen de esta parada
En el borde de la plaza, frente a las puertas de Devasathan, lo que más pesa es la ausencia: el pórtico no tiene tabla ni cuerdas. La ceremonia se celebró por última vez hacia 1934 o 1935, bajo Rama VII, y desde entonces nadie ha vuelto a columpiarse. Las fuentes no coinciden en el motivo: unas hablan de accidentes mortales; otras, del coste del rito y de los cambios que siguieron a la revolución de 1932.
Los postes tampoco son los originales. En 1947 ardieron cuando las brasas del incienso de los devotos cayeron en las grietas de la madera y prendieron. Los actuales, de teca traída de la provincia de Phrae, se consagraron entre el 11 y el 13 de septiembre de 2007, tras retirarse los viejos en 2006, lo que explica que unas fuentes den una fecha y otras la otra. Los maderos del columpio original se conservan en el Museo Nacional de Bangkok.
Al otro lado de la calle, entre capillas dedicadas a Shiva, Brahma, Ganesha y Vishnu, el rito sigue vivo. Cada año, entre finales de diciembre y principios de enero, los brahmanes de la corte celebran durante quince días la Triyampawai-Tripawai: recitan himnos tamiles y, para despedir a los dioses, los montan sobre un hamsa dorado, un cisne mítico, y lo balancean mientras cantan. Cómo una ceremonia que parece inmutable ha sumado en las últimas décadas una despedida nueva, y a quién está dedicada, es lo que la audioguía cuenta frente a esas puertas.
Puertas talladas por un rey, estatuas de lastre
Puertas talladas del wihan
Resumen de esta parada
Tras cruzar la tapia, el patio se abre ante el wihan, la gran sala principal de Wat Suthat. La obra del templo ocupó tres reinados: Rama I la empezó en 1807 y no se dio por terminada hasta 1847 o 1848, bajo Rama III. Durante todo ese tiempo el pórtico rojo de la plaza fue la referencia del barrio, y por eso la gente llamaba al templo Wat Sao Ching Cha, «el templo del columpio», además de Wat Phra To o Wat Phra Yai.
La fachada guarda una pieza poco común: las puertas de teca del wihan, de 5,5 metros de alto, 1,5 de ancho y 15 centímetros de grosor, labradas en relieve profundo y atribuidas a la mano del propio rey Rama II. Una de las hojas originales está hoy en el Museo Nacional.
Repartidas por el patio aparecen figuras de piedra de estilo chino que cuentan otra historia: llegaron como lastre en los barcos que regresaban de China tras llevar allí las exportaciones de Siam. La madera labrada por un monarca y la piedra que equilibraba las bodegas resumen en pocos metros los dos motores del Bangkok de entonces, la corte y el comercio, un contraste que la narración desarrolla en este patio.
Un Buda de Sukhotai y un fantasma pintado
Phra Si Sakyamuni
Resumen de esta parada
Dentro del wihan, la mirada sube por Phra Si Sakyamuni, un Buda sedente de bronce dorado de unos ocho metros fundido entre los siglos XIV y XV en Sukhotai, la antigua capital, y trasladado a Bangkok por Rama I. Tras la imagen se conserva un relieve de caliza dorada de estilo Dvaravati.
En la base, un paño decorativo guarda desde 1950 las cenizas del rey Ananda Mahidol, Rama VIII. Cada 9 de junio se celebra allí una ceremonia en su memoria, lo que convierte la sala no solo en espacio de culto, sino también en lugar de memoria de la monarquía.
El templo tiene además su fantasma. De boca en boca circulan relatos de un preta, uno de esos espíritus altísimos y famélicos del budismo tailandés que nunca sacian el hambre, visto de noche delante del templo. La leyenda remite a una pintura de tiempos de Rama III en un pilar del wihan, junto al gran Buda, donde un preta yace tumbado mientras diez monjes en fila le vierten agua de sus cuencos en la boca. Qué pudo verse en realidad en la penumbra del amanecer es la última sorpresa del recorrido, y la audioguía la guarda para este punto.